ESCRIBO BASURA

En serio, no me estoy dando de azotes. Yo-escribo-Basura.

Y aquí es cuando les explico que Basura es un nuevo libro de cuentos que estoy armando. Recorro pasillos oscuros, visito calles desoladas, habito personajes que no son basua pero que creen serlo o personajes que no pueden admitir que lo son.

Escribo Basura y me entretengo como cuando Nenitas sólo que sin el viento fresco acariciando mi mejilla; ahora, en todo caso, me suben los colores a la cara de cuando en cuando y mi sarta de manías sale a flote.

la cosa

la cosa comienza a ponerse intrigante. uno de los trabajos de mis sueños ya me dijo gracias no gracias. eso de solicitar a los casi cuarenta lo pasma a uno. lloré, pa qué lo niego. tenía ganas de. ahora nos quedan algo así como dos opciones más. y si no, y si no sale nada pues…

hice cuentas, descubro que he ahorrado como loca, miro proyectos y me digo que un semestre dedicada solamente a mí, al hogar, a leer y a escribir no suena TAAAAN mal. tengo dos libros bajo el brazo. una novela y un libro de cuentos, ambos necesitan ser impresos y leídos-releídos con lápizenmano para volverse algo más o menos digno.

siempre siempre siempre he trabajado, desde los 18. el mayor lujo que me he dado es tomarme un año cuando nació mi hijo para estar solo con él, de ahí en fuera: de la casa a la escuela de la escuela a la casa. la cosa es: ¿cómo me sentiré fuera del aula? la cosa es: ¿cómo será no tener más que mis propios proyectos? la cosa es: ¿me irá a dar miedo?

habrá que vivirlo para saberlo. ahhh, la cosa.

DOROTHY Y KAYE

Me pregunto qué habría pasado si Dorothy Allison y Kaye Gibbons hubieran nacido en fechas cercanas y hubieran crecido en la misma ciudad. Me pregunto si hubieran sido amigas, si hubieran encontrado la una en la otra esa cosa única que se construye entre dos que ven el mundo de otra manera y que escriben del mundo de otra manera.

Ellen Foster de Kaye Gibbons y Bastard out Carolina de Dorothy Allison son dos punzantes, hermosas y tristes, tristísimas novelas que nos muestran que la infancia y los lazos familiares no son siempre color de rosa. Una niña con una madre de quince años con un novio abusivo. Una niña sin madre con un padre alcohólico.  ¿De qué color es esa vida?

 

LA CASA DE LOS PERROS MILLONARIOS

Vivimos en Sunset Heights un barrio raro y bonito en El Paso. Hay casas con placas que explican que fueron construidas a principios del siglo XX, hay casas que uno siente que ha visto en películas o en sueños. Nosotros vivimos en un edificio de departamentos, a la derecha del edificio hay dos mansiones enormes. Una pertenece a la sociedad de historia y la otra pertenece a tres perros. Sí, lo juro, a tres perros.

Es una casa gigante, un jardín esplendoroso, árboles, ventanas enormes, techos de madera. Recién arreglaron la fachada y las escaleras de la entrada. Pero, nunca hemos visto a nadie. Lo juro: a NADIE. Sólo a los tres perros que están siempre en el patio de enfrente echados tomando el sol. El único ser humano que he visto ahí es un tipo que tiene un negocio que ofrece baño y corte de pelo a mascotas en su propia casa. ¿Será que los perros lo contratan? Será que estos perros son millonarios y se las han ingeniado para sobrevivir por sí mismos.

No lo sé pero me gusta pensar que en esa casa los perros llevan, realmente, una vida de perros.

seis meses seis

Y de pronto vamos a cumplir seis meses de casados, se oye tan poquito y se siente tan mucho porque juntos hemos vivido ya de todo: duelos, enfermedades, hospitales, viajes, hijos, mudanzas, preocupaciones, risas, más viajes, proyectos, familia, amigos, más duelos y, sobre todo: amor.

Estamos juntos desde un buen día de verano del 2012 y este domingo vamos a cumplir seis meses de haber dicho “I Do” frente a un Juez. Lo festejaremos en el mismo pueblillo texano que nos conectó: Marfa, Texas, allá vamos.

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SUEÑOS NEFASTOS

He tenido sueños nefastos. Pesadillas de mierda.

Anoche, por ejemplo, estábamos Alejandro, Marcela, Gerónimo, Juan y yo como únicos sobrevivientes de un maremoto horroroso y una lluvia de espanto que borró calles y casas y tiendas y bancos y escuelas. Sentados los tres adultos y los dos niños -en el sueño eran apenas unos niños y no los adolescentes que ahora son- llorábamos a los padres, al hermano, a los vecinos, a todos los que vimos ahogarse. Nos preguntábamos cómo salir de esto y qué hacían las autoridades para ayudar. Básicamente lo mismo que nos preguntamos ahora con un México que también se hunde y donde sus ciudadanos tratan de no ahogarse ni dejarse llevar por las mareas de muertos que abundan en todos los estados.

Lo dicho: sueños nefastos.

Me gustaba más cuando soñaba zapatos o que se me caían los dientes.

¿Qué pasó con María Teresita?

Cuando estaba en la primaria había una niña que se llamaba María Teresita. María Teresita tuvo polio y estaba en silla de ruedas, estuvimos en los mismos grupos casi toda la primaria pero creo que nunca platicamos. Recuerdo que era buenísima para matemáticas, recuerdo que sus hermanas la empujaban desde casa hasta la escuela y cuando sus hermanas dejaron la primaria, era su mamá la que la traía. La mochila colgaba siempre detrás de la silla. María Teresita se peinaba con dos colitas de cada lado y era calladita, tímida. En el recreo las maestras empujaban su silla afuera del salón para que tomara el sol. Siempre había alguien que se le acercaba, que le sacaba plática, que la hacía reír. Le costaba reír a María Teresita, era de esas niñas que se tapan la boca para reír, como para no admitirse el gozo de una risa loca.

Cuando nos tocaba la cooperativa nos repartían cosas para vender a todos los del salón. Andábamos por la escuela con cajitas de Brinquitos o de Chamoys o cartoncitos de donde colgaban fritos azteca. A María Teresita le daban también algo para vender y alguien empujaba su silla hasta la cancha. María Teresita era la que más vendía. Sería por eso tal vez que una niña del salón -una rubia de nariz chatita que era muy dulce hasta que en tercer grado comenzó a juntarse con la bully más bully de la Plutarco Elías Calles- se le acercó a María Teresita y le dejó sus dulces para que ella los vendiera. Lunes, Martes, Miércoles, María Teresita estuvo vendiendo sus dulces y los de la rubia que corría por toda la escuela con sus amigas.

Recuerdo perfectamente cuando la maestra, en cuanto entramos al salón del recreo, paró a la rubia y le dijo que era una vergüenza lo que hacía, abusar de esa manera de María Teresita. Cada quien debía ser responsable de la venta de sus dulces. La maestra frente a la rubia hacía gestos, hacía movimientos que a cualquiera espantarían, recuerdo que dijo algo cómo qué tristeza yo esperaba más de ti. La rubia no dijo nada, estuvo callada todo el tiempo.

María Teresita, en cambio, lloraba y lloraba. Lloraba como reía, así, en silencio.

Hoy he pensado en ella. Me pregunto si alguna vez la operaron y pudo dejar la silla, me pregunto si alguna vez pudo dejar de cubrirse la boca para reír con toda la gana del mundo. Me pregunto qué pasó con María Teresita.

Un sylvimiércoles

Los miércoles voy al voluntariado, ya lo he platicado aquí doy un taller para que víctimas de violencia doméstica escriban su historia. Me gusta y no me gusta. Me gusta porque me siento coherente, me gusta porque ayudo, me gusta porque puedo compartir lo que he aprendido a través de los años. No me gusta porque no debería existir un centro así y un taller así y relaciones domésticas así, punto. Pero existen y lo que resta es ayudar como se pueda.

El caso es que los miércoles salgo del centro arrastrando la cobija. He escuchado las historias más tristes del mundo en este lugar.

Pero ayer decidí que tenía que hacer algo por mí, para que el peso no esté en los hombros, para distraerme, para romper con la rutina. A partir de hoy, saliendo del centro, me voy a ir a la librería que tanto me gusta, voy a tomar un libro o una revista, voy a ordenar un té y me sentaré a leer por horas. Luego me iré a comer algo ligero, leeré un rato más hasta que sea hora de irme al gimnasio. Manejaré por calles distintas a las habituales, me voy a detener a ver el atardecer.

Voy a darme un sylvimiércoles de vez en cuando a cambio de los sylvimiércoles que yo he dado en el centro.

 

Seguiremos informando.

UNA NO HABLA DE ESTO GOES TO NY (o algo así)

Y bueno, esta semana ha sido de altibajos. Mi computadora se volvió loca, el cursor toma decisiones por sí mismo cual si estuviera poseído por el diablo. Bendito sea que el Barbudo acaba de comprar una gigantesca iMac que me ha salvado la vida pero créanme que estoy en duelo por mi MacBook.

portada_unaEl caso es que ahí estaba yo mirando con nostalgia y odio al puto cursor cuando me llegó el contrato de Editorial Trance, una editorial independiente cuya misión es promover a escritores latinos que viven en Estados Unidos (mucho gusto, Sylvia Aguilar). Así es como mi novela del 2006 (o es del 2007?) se volverá un lindo ebook que estará a la venta prontísimo. Una no habla de esto estará disponible para su kindle, para su nook, para su iPad y para su iPhone (si usted es de esos que lee en su iPhone, claro).

Así que se pierde una compu pero se gana una reedición.