gestionar

compré un mueble para el baño. desde que me mudé aquí me dije que necesitaba uno, y sin embargo, no hacía nada por buscarlo. y lo necesitaba, sí. pero no estaba en el tope de mis prioridades. es posible que la alexa, el hornito eléctrico o la tetera tampoco fueran prioridades y sin embargo las compré. también compré una wafflera pequeña. y eso que el baño es uno de mis sitios favoritos porque tengo una tina en la que despejo lo despejable.

hoy, tras mi fallida visita al laboratorio me fui a target: la meta era encontrar un mueble de baño. ocurrió como siempre ocurre, vi todo menos el mueble. me entró ansiedad, no podía estar demasiado tiempo en la tienda porque covid. no quería preguntar porque, por absurdo que parezca, me choca preguntar.

cuando quise llorar, lo sabía bien, no era por el mueble. sino por mi incapacidad de gestionar otras cosas.

ayuda, un mueble de baño, la vida.

señales absolutas del amor

estuve en la gran ciudad, la ciudad ruido. fui a vivir un rato en el barrio de mi madre, dije. pero en realidad fui a habitarla a ella, con ella. porque ella.

caminatas, silencios, muchas charlas. un caldo tlalpeño como madalena de proust, sonrisas y lágrimas. un pollo rostizado dando vueltas. o no.

de pronto, cuando menos lo esperaba, llegué al final de un libro y al inicio de una nueva manera de habitar mi duelo. porque los duelos, como las heridas dice Vero, no cicatrizan del todo. están ahí. supongo que se sostienen y por tanto te sostienen. o al revés.

señales absolutas del amor.

siempre que viajo, he dicho, aterrizo otra. esta vez, aterrizo yo, tan yo. por ella.

hace quince años hace diez años hace ocho años hace un año

hace quince años me enamoré y luego digamos que la cosa no fluyó. seguí con mi vida, mi hijo, mi trabajo, mi escritura. encontré a alguien más, tuve una relación de cinco años y luego ya no.

hace diez años me volví a enamorar y la cosa aunque fluyó se quedó trunca, sí como una licenciatura. me vine a vivir a la Texanía, me dediqué a estudiar, a escribir, a construir una vida en inglés para mí y para el hijo. escribí más que nunca.

hace ocho años comencé a vivir con alguien, un año después me casé y en ese inter hubo risas, viajes, hospitales, preocupaciones, duelos, más risas, más viajes, más hospitales y de pronto los que dolíamos éramos nosotros.

hace un año, por tanto, comencé a dormir sola. luego vino una separación y después eso que nada ni nadie remedia.

a veces siento que cada cierto ciclo de mi vida se sigue constituyendo como capítulos de una serie de tv. hace un mes comenzó una nueva temporada y creo que el guión, aún con la pandemia de fondo, es mejor. porque yo soy mejor. no, no mejor que nadie, mejor que yo. mejor que la yo de hace quince años.

seis días

escribí seis días a diario casi diez cuartillas diarias y luego me lastimé el hombro que ya estaba lastimado. o, más bien, me lastimé el storytelling.

whatever.

30 días

voy a escribir entre seis y ocho cuartillas por día los próximos treinta días. voy a escribir entre dos y cuatro horas los próximos treinta días. voy a escribir para restaurar, para soltar, para dejar el pasado en su lugar porque quiero dejar el pasado, o una parte del pasado en su lugar. porque no puede una vivir una cuarentena y un pasado al mismo tiempo, ¿se imaginan?

voy a escribir a diario los próximos treinta días. la última vez que hice eso era 2014 y mi madre estaba en el hospital y me pagaban para eso, para escribir a diario por treinta días. ahora, ahora nadie me paga. pero la ganancia será mía. y con ello cubriré mi deuda con el presente y sí, claro, la del futuro.

voy a escribir entre seis y ocho cuartillas o más o menos. no importa, lo que importa es escribir. y si no escribo, y si un día no me sale nada o no quiero que salga nada, también voy a escribir, porque una incluso cuando no escribe, escribe.

el cielo ha estado raro

camino un día sí  y un día no por el barrio.  ayer fue  día sí. y caminando llegué a la conclusión de que el cielo ha estado raro.  o sea,  hermoso como siempre porque eso es algo que distingue a  mi texanía, pero raro. eclipses. nubes raras. colores nuevos. o al menos así me lo  pareció.

por la noche tuve mi primer social-distance gathering con tres de mis amigas escritoras. fue lindo verlas, pero fue extrañísimo hablar solo de cosas serias, de realidades profundas, de temores varios. está bien, también de eso  hay que hablar, pero estoy tan acostumbrada  a que no ellas todo siempre es risas. en algún  momento se habló de la muerte y de cómo dos de ellas han  comenzado a tocar el tema con sus hijes porque: covid. “¿cómo  le hiciste tú?” le pregunta  una a la otra, “digo, porque  ustedes tampoco son religiosos, o sí?”

“no somos”. mi amiga contestó por todas.

se habló del cielo de arcoiris para los animales que mueren. se habló de un lugar donde animales y seres  queridos la pasan  de lo  lindo.

el cielo.

yo ya no sé si soy más atea que nunca o una atea que puede descreer de todo menos del cielo (cuando digo cielo no quiero decir paraíso). me gusta pensar que las personas que amé, están ahí. flotan. son sustancia o algo. no sé si  creo que me  ven y me cuidan y  tal (aunque se lo  diga a mi hermana y a la madre de carlos todo el tiempo). es más, mejor lo digo: no creo eso.

pero me gusta pensar que están en el cielo.

y el cielo, ya dije,  ha estado raro.

entre el inventario, los cursos, la escritura y la pandemia

se  me va el tiempo como agua entre los dedos. me levanto, medito, tomo café y cuando menos pienso ya es hora de bañarme, meditar y tirarme en  la cama a leer antes de apagar la luz.

preparo clases, atiendo  juntas, edito libros, doy talleres personalizados a mi amiga Mana la  residente de casaoctavia que la pandemia nos robó. contesto correos, semi-manejo las  redes de mis dos proyectos (casaoctavia e inventario) y aunque todo suena super encantador y productivo me doy cuenta más y más que sí tengo una adicción al trabajo.

lo digo en serio.

no es una falsa humildad,  no es este un post para decirles lo magnífica y eficaz que soy, esta es mi admisión:  cuando en mi cabeza o  en mi alma las  cosas están como madeja de estambre en las manos de un  gato, enfoco mi atención  en  el trabajo. pongo toda mi atención  en ello y  me olvido de mí o me olvido de saber qué siento y por tanto evito resolver y enfrentar lo que siento.

el problema de esto, además, es que el trabajo se vuelve una forma de evasión. me evado de mí. y  ¿cómo me voy a evadir de mí si  solo vivo conmigo y para mí? porque tampoco es que mi mucha productividad me lleve a resultados, porque no. estoy en todo y no concreto mucho.

el multitasking  no es tan sano en realidad.

seguro en algún libro algún día  será  catalogado como enfermedad mental, si  no es que ya lo es.

así que,  hoy 21 de junio me prometo que mi meta los próximos 21 días será hacer  del trabajo-trabajo y dejar de lado  mi adicción a ello. dicen que los  buenos hábitos se forman  en 21 días. yo  cumplo años un día 21. nada puede ser casualidad, todo esto  deben de ser símbolos para que yo  simple  y llanamente ponga mi atención en mí y no  en  la evasión de mí.

porque entre el inventario,  los cursos, la escritura y la pandemia, yo y mi salud mental tienen  que  ser la prioridad.

Inventémonos una nueva vida, una de verdad, ¿qué te gustaría hacer en ella?

estaba buscando un email viejito porque ahí estaba un poema. una cosa llevó a otra y me topé con un email de una mujer que fue un eje en mi vida. otra cosa llevó  a otra cosa y me puse a leer nuestra correspondencia de aquella época. cuánta dulzura había. mi ingenuidad  y la suya eran tiernísimas.

en uno de esos correos, uno después de una catarsis de ambas por cuestiones laborales,  juramos renunciar un día a todo. ella dijo: “Inventémonos una nueva vida, una de verdad, ¿qué te gustaría hacer en ella?”

pero no, no nos inventamos una nueva vida, al menos no juntas.  nos inventamos en todo caso una vida con cachos de aquí y de allá. lo  hicimos de verdad, eso sí. pero eso implicó,  también, darse golpes de verdad. caerse, levantarse, caerse, hacerse como  que  no duele. seguir.

sin embargo.

sé que en aquella época a su “¿qué te gustaría hacer?” respondí que quería escribir y dar clases de escritura. hago ambas cosas. disfruto y  me pagan por ambas.

más de diez años después entiendo que no me inventé  una  nueva vida, pero mi vida se volvió de verdad (a ratos telenovelesca, pero de verdad) y lo que  quería hacer con  esa vida, lo hice, lo hago, lo estoy haciendo, lo  haré por largo tiempo.

a solas, sí. pero estoy haciendo con mi  vida lo que me gustaría hacer con mi vida.

una verdad y una mentira

Yo  no sé por qué  me hago esto. Mayo-Junio serían mis meses de nohacernada después de, no lo olvidemos, hacer  todo y más. Pero a mí me dicen, ¿quieres dar un curso de? ¿te interesa organizar un  taller de? ¿no  quieres tomar una clase con? y antes de que acabe la oración yo ya dije  sí, firmé y comencé a teclear.

Así pues, la semana pasada comencé dos cursos y  para uno de ellos, en la sesión de ayer, decidí iniciar con el viejo y gringo truco de: dinos una verdad y una mentira. Todes compartieron cosas graciosas, interesantes, otres inverosímiles y al mismo tiempo tan creíbles. Para crear  un diálogo horizontal me metí al ruedo y dije mi verdad y mi mentira:  estuve casada con un soldado  y fui a una  guerra.

Hay cosas que cuando se dicen en voz alta parecen salidas de la boca de alguien más. Me pasa todo el pinche tiempo. ¿Por qué no dije que estudié administración de empresas  y que tejo  cobijas? ¿Por qué no compartí que de niña me decían Tomasita y que odiaba la comida picante? ¿Por qué dije soldado, guerra?

Fácil: porque es pintura  fresca.

Estuve casada con un soldado  y fui a la guerra. ¿Cuál es la verdad, cuál la mentira? ¿Cuál es la más verdad  de las  verdades?

Ocurre entonces que cuando quiero mentir no  puedo, ocurre que cuando  sí toca narrar y elaborar,  just for  laughs and gigs, lo que sale de mí es una verdad incuestionable.

Así que en adelante, o aprendo a decir mentiras o a buscar mejores verdades  o me dejo  de  cosas y no vuelvo a  utilizar este ejercicio que  no  rompe hielo, rompe pelotas. Las mías, por ejemplo.

dos buenas noticias

que todavía no puedo compartir.

dos hermosas noticias.

dos regalos dentro de  todo este  caos que han sido los últimos seis meses

no, regalos no. no son regalos: son el resultado de trabajar muchísimo. y hablando de trabajar, en CasaOctavia tendremos nuevos  proyectos.