yo, goodreads

Yo soy chica Goodreads, mi hijo lo llama el Facebook de nerds. Tal vez lo sea, ahí uno sube lo que está leyendo, lo que ha leído y se entera de lo que los otros han leído, no sin mencionar que uno pone la cantidad de estrellitas que quiere para evaluar una lectura. Uno puede, además, hacer pequeñas reseñas de los libros. Yo siempre trato de poner al menos un parrafito justo cuando acabo de leer algo. Más aún: en Goodreads uno puede ponerse retos anuales. Mi reto del año pasado fueron 35 libros -o algo así- meta que obviamente rebasé porque no nos olvidemos que el año pasado fue el año de la tesis. Este año me puse 50 libros como meta, apenas van tres meses del 2014 y ya llevo quince libros leiditos. Esto es lo que hago últimamente: leo como desaforada. Leo lo que quiero. Leo lo que me interesa. Leo lo que me recomiendan. Leo lo que sospecho que me va a servir para cualesquiera de los proyectos creativos o académicos que mi cabeza planea.

Yo, pues, soy bien goodreads. Mi madre estaría orgullosa de mí.

el agotamiento nos alcanza

doy tres clases en la universidad. una clase en el college. hago una columna semanal o quincenal (y eso porque me da la gana porque paga no hay). fantasmoescribo un libro para una mujer maravillosa. reviso el guión de alguien más. hago voluntariado cada dos semanas. escribo un libro. trapeo. barro. voy al gimnasio. hablo con mi madre y con mi hermana tres-cuatro veces por semana. ando en bici. hago el mandado. discuto con el adolescente. bromeo con el barbudo. colaboro cuanto puedo en el aprendizaje de las pinches divisiones con el hijistro.

y el agotamiento de fin de semestre nos alcanza así que lo mejor es: seguir huyendo.

alumno con biblia

Tengo un alumno en mi nueva escuela que anda para todos lados con su biblia, la carga y la cuida como si fuera un iPhone última generación. A la menor distracción, frum, te comienza hablar de que la biblia es la salvación y de que tienes que hablarle al señor porque el señor te habla a ti. Lo dice con una seriedad y una convicción que desarma a cualquiera.

Un alumno con biblia, en serio, lo he visto todo ya.

UN SYLVIRISMO DE CARTÓN

Recibimos 20 propuestas provenientes de México, Perú y Colombia. El comité interno de Kodama Cartonera (Aurelio Meza y Jhonnatan Curiel) realizó una lectura cuidadosa de los manuscritos, a partir de la cual se seleccionaron 6 finalistas. Dichos finalistas fueron remitidos al jurado externo, conformado por:

Gidi Loza – escritora, editora y traductora, fundadora de Editorial Piedra Cuervo y del Observatorio Editorial de Baja California.

Joaquín Guillén Márquez – escritor y editor, miembro del comité editorial de las revistas Cuadrivium y Tierra Adentro.

Davo Valdés de la Campa – escritor y periodista, fundador del Colectivo La Piedra y columnista en La Jornada Morelos.

R E S U L T A D O S

La ganadora por unanimidad en esta convocatoria es Sylvia Aguilar Zéleny con su manuscrito Señorita ansiedad y otras manías. De acuerdo con el jurado, esta colección de cuentos “apuesta a una forma atrevida de narrar, un tanto experimental con formas narrativas distintas y que […] son necesarias, importantes e interesantes en esta época” (Loza). “Es, dentro de su inocencia y simpleza de forma, una propuesta ingeniosa, divertida y, si se me permite, coqueta” (Márquez). “Señorita ansiedad es un libro de cuentos arriesgado y hasta cierto punto rodeado de teorías filosóficas o del arte. Esta teoría no interfiere con la narración sino que de manera sutil la enriquece” (Valdés).

(inserte usted una carita feliz)

deja vu académico

Entonces: hoy oficialmente me dieron una clase en El Paso Community College, campus Valle Verde. Estoy contenta, me sentí una novata yendo de oficina en oficina para llenar papeles, recoger papeles, tomar libros, solicitar permiso de estacionamiento, etc etc etc. Manejé a casa bien contenta y me puse a revisar el programa del curso, los temas, las actividades y de pronto tuve un deja vu. Este mismo curso que se llama Expository English Composition no es otro que mi Taller de Expresión Verbal en el Ámbito Académico que por ochomil años di en el Tec (con la excepción claro de que es en inglés y de que aquí utilizaremos MLA no APA).

Deja vu deja vu deja vu. Deja vu bilingüe.

Se avizora, por lo tanto, un abril-mayo ciertamente expositorio-composicional y académico.

la culpa es del autor, episodio 2.

Lo que es la obsesión. Me puse a revisar textos aquí y allá sobre la labor del autor, especialmente cuando experimenta con la forma. Y bueno he aquí a lo que llegué.

“Es labor del escritor crear un mundo que te invite y te muestre qué es lo que está en juego ahí” plantea Nancy Huddleston Packer. John L´Heureux, por su lado, plantea que el primer párrafo  debe ser diseñado para ayudar a los lectores a sumirse en el sueño de la historia, debe establecer el tono, el mundo, el nivel de realidad, la perspectiva… Las reglas del juego, vamos.

Sírvame esto para decir que no estoy tan tan tan errada, en definitiva es el autor el que acomoda las cosas para que el lector se sumerja y descubra entonces qué se esconde tras los corales de su narrativa. Ahora bien, ¿cómo se enseña eso? Ah, claaaaro, con ejemplos. Cuéntoles entonces que utilizaré un texto de Jonathan Safran Foer (que pueden leer aquí) que muestra cómo se puede ultraexperimentar sin alienar. Es probable que podamos lograr que ese cuento del que hablaba ayer que tiene ecuaciones, fórmulas, fotos y textos de células  madre logre fusionarse y alcance sutiles transiciones que dejarán pasar a cualquier buen lector.

fin del episodio narrativo de la semana.

la culpa es del autor

un alumno, que es mitad del departamento de filosofía y mitad del nuestro, llevó a mi clase un cuento complicadísimo. imaginen: tenía una fórmula matemática, una ecuación, una foto, un fragmento de lo que parecía un texto académico sobre células madre, un texto en español sobre el big bang y una narración sobre una bailarina. un rompecabezas bárbaro. ¿cómo abordarlo? ¿cómo discutirlo? ¿cómo tan sin herramientas?

pero la clase fluyó, no que hayamos logrado deshilvanar el texto pero sí logramos entender qué era lo que nos alienaba, qué era lo que estaba ocurriendo dentro de él  que nos sacaba de él. mis alumnos, debo decirlo, se lucieron con los comentarios. el autor, no sé, entre que se ponía rojo y a veces sonreía y argumentaba que siempre le ocurría lo mismo en todas las clases. un par de alumnas asintieron: sí, siempre le pasa en las otras clases.

de pronto, al fondo del salón: ¿de quién es el problema cuando ocurre algo así? preguntó un alumno que estimo un montón, ¿del autor o de nosotros? ¿tenemos una deficiencia como lectores? tuve que decirlo así, a quemarropa: la culpa es del autor, siempre del autor. es su responsabilidad. el autor nos invita, nos introduce a cualesquier mundo o forma o espacio o letra que haya decidido utilizar o bien nos cierra la puerta de golpe y no nos deja pasar. (será que se quiere ufanar de que hizo algo tremendamente incomprensible e inteligentísimo que nadie puede comprender, me dije a mí misma).

a lo mejor este autor no nos quiere dejar entrar, agregué. se lo pregunté al alumno-autor ¿quieres que te leamos? sonrió y dijo, sí pero no sé cómo.

menuda tarea nos espera en la siguiente clase.

 

 

CUATRO EN CARRO

Es la primera vez que viajamos los cuatro por tantos días. Es la primera vez que nos quedamos los cuatro en un hotel, que caminamos por una ciudad que no es la nuestra, que buscamos maneras de entretenernos, que nos reímos de las bobadas de la televisión por cable -ah, por si no lo saben, en casa no vemos televisión- -el netflix es otra cosa, por cierto. Es la primera vez que el más pequeño, el hijistro dice: are we having another family trip all the family again? Le decimos que sí, le decimos que luego seguirá el Gran Cañón y después Austin y después…

Cuatro en carro es familia. Mi familia.

cuando

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Cuando se te muere alguien con quien has convivido mucho tiempo, no sólo te quedas tú tocado de manera indeleble sino que también el mundo entero queda teñido, manchado, marcado por un mapa de lugares y costumbres que sirven de disparadero para la evocación, a menudo con resultados tan devastadores como el estallido de una bomba.

 

Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte