Son los dos objetivos este semestre. Dos sitios que quiero conocer y explorar. Dos puntos de ignición.
Mi lado explorador está renaciendo (y también la raíz bajo el hermoso tinte que me había puesto Rodrigo, demonios).

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
Son los dos objetivos este semestre. Dos sitios que quiero conocer y explorar. Dos puntos de ignición.
Mi lado explorador está renaciendo (y también la raíz bajo el hermoso tinte que me había puesto Rodrigo, demonios).
Pues hoy en mis nuevas travesías matutinas-vespertinas por mi recién adquirida ciudad, caí en un barrio que es una mezcla entre tijuana-nogales y el mercado más acá del df. Fui a darle una vuelta a la Matas, un supermercado mexa (como lo llama silvana) que tiene absolutamente todo para los nostálgicos de la gastronomía mexicana.
Y sí, lo tiene absolutamente todo.
(paréntesis para decir que las tortillas de harina de acá son tan tan tan distintas que no puedo describirlas, tema para otro post).
Bueno el caso es que de ahí me fui caminando y me topé con una especie de flea market. Cosillas de segunda sumamente interesantes. Lamenté tanto no tener mi cámara pero planeo regresar y entonces les ofreceré imágenes de esto. Anywayssss (notaron ya mi nueva pochez?) curioseaba de aquí por allá cuando me topé con una cosa que siempre había soñado tener: una mesita para comer en la cama. Perfecta, nueva, en la caja (una caja mojada doblada debo decir) a sólo 5 dólares.
La vi, me vio, nos enamoramos pero estábamos tan compenetradas que estuvimos en silencio y el señor del puesto me dijo: “ande, se la dejo en 4 (el silencio es el nuevo regateo) para que la consientan en casa y le lleven su desayuno a la cama”. Me reí, le dije: “no, el desayuno me lo llevo yo”. El hombre me miró y me dijo: “pero cómo, no tiene quién la cuide, no tiene novio, marido o algo así?” (tuve ganas de pedirle que me explicara el “algo así”). Le dije que no, casi me mata: “pero cómo que no? CÓMO QUE NO?”. Para tranquilizarlo le dije: “bueno, si hay alguien pero no vive aquí, vive lejos-lejos”.
Entonces, el hombre hace pausa, mira a su mujer que atiende el otro lado del puesto y me dice: “búsquese a alguien más, alguien de por mientras. Búsquese alguien que la cuide, no esté sola, pero no le diga a nadie, no le diga a su novio o a su marido. Búsquese a alguien, yo sé lo que le digo”. Traté de reírme pero el hombre me miraba como si no fuera a volver a tomar aire en sus pulmones hasta que yo no le dijera que sí. Agregó: “me lo promete” y entretanto sostenía en sus manos con ánimos de no entregarme mi mesita si yo no decía que sí.
Pagué, me despedí.
No sé ni qué pensar de lo que le respondí al hombre y el tipo de relación que tengo se presta para que yo busque aquí quién me cuide pero creo que yo no necesito quién me cuide. Me cuido sola. Y cuando no puedo, siempre están los amigos, los vecinos o esos desconocidos que tan familiarmente me adoptan.
Es una casa vieja, pequeña, blanca con tejas rojas. Por las mañanas y por las noches se escucha el tren. Es un sonido hermoso, un sonido de otro tiempo en este tiempo.
Veo y escucho poco a los otros que viven aquí, somos como almas invisibles que entramos y salimos sin ser sentidos. Mi habitación da a la calle, una ventana que ofrece un pequeño paisaje de bugambilias y polvo. No tengo televisión, tengo libros y mi computadora. Puedo caminar a la escuela, a la tienda, al parque.
Esta es una vida de las cosas básicas y me gusta.
1. La Atascosa
Recorrer la carretera que mejor se conoce es distinto cuando se sabe que pasará mucho tiempo hasta la próxima vez. una especie de ejercicio de reconocimiento y memoria observé cada detalle. Los escenarios de un terreno que acaba de recibir mucha lluvia y que ahora es verde y es vivo. Descubrí un puente que nunca había notado y cuyo nombre despertó grandes carcajadas. La Atascosa es un puente, es una mujer, es una personalidad. Es el sinónimo de quien toma decisiones de años en un día y se muda en dos semanas.
2. Patagonia
El lago que nunca había visto, el lago del que siempre me habían hablado se cruzó en mi camino. Yo no soy de tomar decisiones así, de mover el volante intempestivamente pero leí: Patagonia Lake y viré, sí viré… moví mi plan original y mi tiempo original de vuelo y junto con mi copiloto recorrimos un camino hermoso y desembocamos al lago. Me senté en el pasto, me quité los zapatos e hice lo que pocas veces hago: sentarme, observar y no pensar.
Eso es lo que se hace cuando uno viaja así: a otra vida.
3. Truth or Consequences
Hacer que un viaje en auto sea agradable requiere de dos elementos: un buen playlist y una buena charla. Mi viaje tuvo ambos. El fondo musical era para reír, cantar, añorar, recordar, planear, bailar al menos de hombros para arriba. La charla, la charla tomó lugares indescifrables, también lugares comunes. Hubo un momento de tensión, decisión, acción. Después de las lágrimas debidas de una buena charla nos topamos con un anuncio largo, grande, verde, gringo y gigante que decía: Alamo Gordo, Truth or consequences. Y entendí todo. Entendí mis decisiones del último año, entendí por qué y cómo llegué a esto que vivo hoy y a esto que soy.
4. SOCIAL SECURITY NUMBER
Llegando a El Paso todo se nos fue en buscarme nuevo hogar, hacer trámites, recorrer calles, aprenderse las calles, adaptarse al nuevo paisaje, hacerse a la idea de que habrá más silencio pero también habrá más tiempo para hacer lo que una siempre quiso hacer: leer y escribir.
Hoy hice mi trámite para mi social security number. El guardia en la entrada de las oficinas me preguntó si traía yo mis documentos: “birth certificate? utep letter? i-20?” yup, yup y yup. Le dije. “Not only you are beautiful but also smart” me dijo el tipo. Agregó: “your husband must be very lucky… because you have a husband, right?” sí, señores, un hombre intentó ligarme en unas oficinas del gobierno de estados unidos. Y yo, se lo permití. Le dije: “I dont have a husband, not anymore, but there is always a lucky in one’s life” y le sonreí. Terminé mi trámite en menos de 20 minutos.
Hay mucho más que puedo escribirles sobre este viaje del infinito a más allá, pero por el momento me guardo lo mejor, no tiene uno que decir o escribir todo. Hay cosas que mejor se guardan para las charlas que habrán de venir (porque… me van a visitar, verdad? me van a llamar por skype, verdad?)
De papel delgadito, de ese que parece que no quiere ser, estaba una carta. En la carta, que tantos años estuvo olvidada entre la ropa, se leen las cosas que uno no imagina que tengan aún valor. En la carta, dentro y fuera de las líneas, hay un corazón, un corazón con miedo.
Pero no lisiado.
Un corazón dulce que, adelantado, escribe lo que habrá de decir cinco años después.
En un sobre amarillo se guardaba mi futuro y yo no lo sabía.
Le llaman a las 5, una resuelve lo que puede INMEDIATAMENTE y luego una no vuelve a la cama, se pone a planear la vida de Otra entre dormida y despierta.
En la vida de Otra (diseñada en el entresueño de Una) hay dos proyectos: uno relacionado con una revista, algo normal. El otro es un dúo de indie.
Seremos un día como la Julieta Venegas y la Mala Rodríguez.
Lo juro.
El de once lo apodó “El día D”.
No era para menos, éste día definía muchas cosas y aunque todos decían que claroqueporsupuestoqueverásquesítelavanadar mi paranoia no me dejaba en paz. Hoy podían darme o no darme el pase a mi futuro próximo. Hoy podían mandarme o no mandarme al destino que yo quería para mí hace 13 años y que olvidé en el bolsillo de algún saco.
Estuve temprano, fui obediente. No celular, no bolsa, nada de armas. Esperar en el otro lado de la acera (no en la calle porque uno corre peligro en la calle). Lucir paciente, fresca, sin miedo, segura, limpia y amable. Llevar todos los documentos que pidieron y más: casi llevo la boleta del kinder y el pago del hospital en que nací. Comprobar que mi vida pretende continuará aquí una vez terminados mis estudios allá. Demostrar que no soy ni terrorista ni narco y mucho menos traficante de esclavos. Hacerles saber que mis intereses son puramente académicos. Que no intento llevarme a toda mi familia a vivir allá.
Es raro. Ir al consulado es como sentarse en las rodillas de Santo Clós a los 4 años y pedirle aquello que uno desea del mejor modo para que el sueño sea cumplido. Es como sonreírle a la tía que no se quiere tanto para que nos sirva la galletita con leche que tanto nos gusta.
Es todavía más raro ser tratada amablemente, toparse con una entrevista que despierta interés y preguntas que nada tienen que ver con la migración. Es aún más extraño no tener que pasar por el trámite del envío de la visa porque la mía estará sin problema alguno mañana mismo a las 2 de la tarde en el mismo consulado. No tendré que esperar ni 7 ni 10 ni 15 días.
Es como si todo se acomodara, como si el día D que tanto temía estuviera ahí esperando que yo llegara a tomarlo y quedármelo para siempre de los siempres.
El día D es el día en que sé por COMPLETO que me voy de esta ciudad.
Hice todo eso y más.
Los cortes de cabello, también.
Especialmente si una quiere dejar de lucir como una maestra de literatura y quiere que por fuera se vea la escritora juguetona rojizacobriza que hay dentro.
Había prometido dejarme crecer el cabello, pero el cabello: pesa.
(pero por si las dudas dejé un lado corto y un lado largo).
Toi qui seule m’auras manqué
Jamais je ne fus ton enfant
…je t’appelle maintenant
O ma mère où es-tu
La vida a veces no cabe en cajas. Al menos no la mía. Llevo semana y media tratando de vaciar mi casa, de decidir qué se va, qué se queda, qué se vende y no acabo. Simplemente no-a-ca-bo.
Ayer hice tres pilas de ropa, la que se va, la que me llevaré en un segundo viaje y la que me llevaré en invierno (eso hasta enterarme que el invierno comienza súbitamente).
Entro y salgo de los cuartos sin saber por dónde continuar.
¿Qué se hace con los platos con los sartenes heredados, con lo vasos? ¿Dónde se acomoda lo que recién se había acomodado aquí?
No me malinterpreten, no estoy triste, nada triste es simplemente que me siento abrumada, corren los días y yo no termino de vaciar la casa y de ordenar la vida en cajas
En mi casa hay cajas. Cajas y más cajas.
Se acepta ayuda.