(yo, también) Creo en la memoria viva

imagesNací el año 1971, tenía dos años cuando llegó el Golpe Militar. Crecí en ese tiempo oscuro y extraño que fue la dictadura chilena, y salí al mundo entre marchas, velorios, helicópteros y funerales. Soy parte de una generación medio perdida, que no fue protagonista de nada, pero que observó con ojos adolescentes, e intentó a sus pocos años movilizarse. Creo que estamos un poco condenados al recuerdo. Quizá por eso, sin plan, sin propósito, como un acto orgánico, cada libro que he escrito lo he hecho pensando en esos niños que fuimos. Resucito historias que viví, que se cruzaron en mi camino, que escuché, que me contaron, e intento darles un espacio en el ahora porque creo firmemente en la posta de la memoria. Me interesa construir esa memoria colectiva. No la oficial, no la anquilosada en museos o manuales. No la de los buenos y los malos. No la que tranquiliza y apacigua. Creo en la memoria viva, la que hacemos entre todos, la hecha a retazos con los recuerdos de unos y otros. Creo en ese monstruo temible e inclasificable, que reclama y que exige. Porque así son los recuerdos. Ingobernables, rebeldes, antojadizos. Se salen del libreto, asaltan desde el pasado y nos hacen entender que el pasado no existe, que es tan sólo una inquietante dimensión del presente.

Nona Fernández

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