UN ALMA CERCANA

esto es lo que he leído de mayo a julio

Posted on | July 8, 2017 | No Comments

  • Temporada de Huracanes*, Fernanda Melchor
  • Lobo, Bibiana Camacho
  • Space Invaders*, Nona (te amo) Fernández
  • Mamá Morfina, Eros Alessi
  • Los Malditos, Leila Guerrero (comp.)
  • The Natural Way of Things*, Charlotte Wood
  • Las Primas, Aurora Venturini
  • American Innovations, Rivka Galchen
  • La Cuadra*, Gilmer Mesa
  • Acá Todavía*, Romina Paula
  • The Patience Stone, Atiq Rahimi
  • Nadie Les Pidió Perdón*, Daniela Rea
  • S: A novel about the balkans*, Slavenka Draculic
  • You don’t have to say you love me: a memoir, Sherman Alexie
  • Morderse las uñas, Itzel Guevara del Ángel
  • La guerra no tiene cara de mujer, Svetlana Alexievich

la guerra

Posted on | July 5, 2017 | No Comments

escribo sobre la guerra, la de dos mujeres, la de una ciudad, un estado, un país. escribo sobre la guerra y, por lo tanto, leo sobre la guerra, un libro tras otro, un cuento tras otro, un poema tras, escribo sobre la guerra y sueño la guerra, la que yo no he visto más que en páginas y pantallas y me da pena escribir de la guerra porque yo no la he visto más que en páginas y pantallas y qué curioso que hace rato en vez de decir garras dije guerras y ahora mismo en vez de páginas iba a poner guerras, guerras, escribo sobre las guerras las internas las con el otro, las de siempre, las que ganan los que no y pierden los que sí

los que sí

she is only a woman

Posted on | June 26, 2017 | No Comments

download-1She sees one of them step into the courtyard and pull the gold chain from the neck of the woman standing there. Maybe that is what they really are, ordinary robbers pretending to be some sort of army. She tries to remember where she put her jewelry; they may leave her alone if she gives it to them right away. She is only a woman, after all.

 

S. A Novel About the Balkans, Slavenka Drakulić

peso

Posted on | June 23, 2017 | No Comments

ayer, después de cuatro años de nada, tomé una clase de una hora de yoga. una hora. de. yoga. bastó una hora para darme cuenta de que tengo mi cuerpo hecho pedazos o, más bien, mi cuerpo hecho bolas. bola. mi cuerpo es una bola. soy redonda y yo no era redonda. yo podía estirar, flexionar. mi cuerpo no solo es una bola, mi cuerpo está rígido. mi cuerpo está enojado. lo abandoné, lo abandoné por mi mente, por mi ansiedad, por mi duelo, por mi apatía. abandoné a mi cuerpo y lo dejé redondearse, lo alimenté y lo alimenté. no. lo sobrealimenté. sí, así fue, lo sobrealimenté para compensar.

¿compensar qué?

no sabría ni por dónde comenzar. ha sido tanta la necesidad de compensar. comer y hacer nada se volvió un refugio. casi tanto como escribir o negarse a hacerlo. casi tanto como leer y entregarse a hacerlo.

comer.

le di a mi cuerpo de comer pero olvidé que necesitaba darle algo más. ejercicio, por ejemplo.

no, nunca he tenido un cuerpo atlético, nunca he sido modelo de delgadez. es, simplemente, que antes mi cuerpo podía estirarse, flexionarse, ser, sutilmente ser. no hay nada de sutil en mi panza.

mi cuerpo alcanzó un peso que… no, debo decir: yo alcancé un peso y una lentitud y una parsimonia que no parecen mías. pero son mías. este peso es mío, esta panza es mía. dicen que una gana peso para formar una barrera, para esconderse, para protegerse. si eso es cierto, ¿cómo le voy a hacer? ya sea para dejar el peso y enfrentar lo que no he querido enfrentar o para asumir que necesito este, este peso.

Yo peso.

“Eres como gordibuena,” me dijo una amiga. “Es que eres muy antojadiza,” me dijo otra. “No es para tanto,” dice mi pareja. Supongo que no lo es excepto cuando estoy en una clase de yoga y, aunque alcanzo bien mis pies, sé que ni el camello,ni el cuervo, ni la vela, ni el pichón, van a salir bien, como antes.

Y es que peso.

hogar es donde están tus gatos

Posted on | June 19, 2017 | No Comments

el viernes regresé a casa después de casi 17 días fuera. el depa era una capa de polvo, no un depa. los gatos entre enojados y cariñosos por nuestra ausencia. los trastes hasta el techo. la ropa sucia amontonada. el cuarto del hijo, eso sí, modelo único de higiene y organización. dediqué dos días enteros a convertir al depa en depa, a acomodar los libros que aterrizaron conmigo. dediqué dos días enteros a comer pizza, ver netflix, leer por las noches, reír con mis hombres.

inicio hoy mi claustro de escritura mío de mí. aquí, en el hogar. y hogar, ya lo sabemos, es donde están tus gatos. en este instante, por ejemplo, Winston se acuesta en el escritorio y pone una pata en mi cuaderno. creo que me dice que ya hay que pasar las notas a la computadora.

My Mother

Posted on | June 16, 2017 | No Comments

My mother was a dictionary.

She knew words that had been spoken for thousands of years.

She knew words that will never be spoken again.

She knew songs that will never be sung again.

She knew stories that will never be told again.

My mother was a dictionary.

My mother was a thesaurus,

My mother was an encyclopedia.

My mother never taught her children the tribal language.

Oh, she taught us how to count to ten.

Oh, she taught us how to say “I love you.”

Oh, she taught us how to say “Listen to me.”

And, of course, she taught us how to curse.

My mother was a dictionary.

 

Eulogy by Sherman Alexie

casaoctavia

Posted on | June 15, 2017 | No Comments

CasaOctavia  ya tiene su propia casa y la pueden checar aquí, pero hoy se ha colado a este viejo y empolvado sitio para decir con alegría que ya ha recibido tres solicitudes para el próximo ciclo. Qué bonito ver la forma en que se ha escurrido la voz sobre esta residencia de escritoras. Un granito de arena entre tanto lodazal.

oaxaca

Posted on | June 12, 2017 | No Comments

Josefina Ramírez García nació el seis de marzo de 1914 en Oaxaca. Murió en la Ciudad de México en 1973, el año en que yo nací. Eso es todo lo que sé con seguridad de mi abuela. Sé otras cosas, pero ¿qué tan confiables son mis fuentes? Mi papá solía contar que a la abuela le gustaba cantar y bailar, que era el alma de las fiestas familiares. Y ya.

Esta semana caminando por las calles de Oaxaca me pregunto dónde habrá nacido, dónde habrá crecido, en qué puesto del mercado se tomaba su café con pan de yema. Me pregunto, también, qué la sacó de Oaxaca y la colocó en el DF como para ya no volver.

Oaxaca está llena de madres solteras con pequeños en los brazos o de la mano, mujeres que caminan por el centro vendiendo algo: blusas, collares, dulces. Mi abuela era madre soltera, pero ella no vendía nada, ella trabajaba en unos baños públicos, Baños el Chopo, se llamaban. Miento, mi abuela no era madre soltera, mi abuela se casó, tuvo dos hijos, el abuelo se fue y nunca volvió, tampoco nunca se divorció. Pero a sus hijos la abuela los crío sola.

Caminamos por Oaxaca y veo a muchas mujeres solas, veo a muchas niñas solas, vendiendo algo, tocando algún instrumento, sonriendo para ver si así te animas a darle “un pesito aunque sea.”  Caminamos por Oaxaca y me pregunto qué hubiera sido de mi familia si la abuela nunca hubiera dejado Oaxaca, si se hubiera quedado aquí y aquí hubiera críado a sus hijos. ¿Qué hubiera, Oaxaca?

 

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