cuando no escribo (o lo que pasa cuando leo a anne boyer)

cuando no escribo, no escribo un libro sobre mi madre. cuando no escribo, no escribo un libro que  no es una novela sobre una chica que ha regresado a estudiar a la universidad, después de criar a su hija sola desde la adolescencia (y cuando digo sola, digo sin pareja porque a mi personaje la rodean otras mujeres que le ayudan), y trabaja en una panadería en el paso texas. cuando no escribo, no escribo un libro sobre mi madre que contiene una novela y al mismo tiempo no escribo ensayos sobre el duelo, sobre la maternidad, sobre la hijicidad, ensayos que no acompañan la novela que no estoy escribirendo, ensayos que no explican o más bien que no buscan resolver cómo no escribir una novela en el que una (o sea yo) se esconde en el personaje de la chica madre soltera panadera estudiante universitaria que quiere ser profe en una prepa. cuando no escribo, no escribo poemas que abrirán una y otra sección, porque aunque yo no escribo poemas yo no puedo no escribir poemas cuando se trata de mi no pérdida. cuando no escribo, no escribo un libro en el que trato de depositar no solo el duelo (porque aquí nadie vive un duelo, que quede claro) sino lo que he leído incansablemente sobre el ser o no ser madre, digo el no ser y el no ser madre. cuando no escribo, no escribo sobre lo que he leído de lina meruane, nell leyshon, ana maría ashua, maría teresa andruetto, paula boomer, tracy k. smith, rivka galchen, sheila heti y otras más. cuando no escribo no paso días enteros anotando lo que no sueño y lo que no recuerdo de mi vida con mi madre. cuando no escribo, pues, no escribo sobre mi madre, mi-ma-dre.

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