LA LEY DEL CINE (las palomitas sólo con coca-cola)

Es domingo.

En esta ciudad hay pocas opciones para el domingo, o bueno, pocas y frescas para un domingo de verano.

Y este es un domingo de verano. JuanSinMiedo y yo, después de un rato de análisis, optamos por la más fresca de las opciones: ir al cine. Y la salida requiere toda una programación materna.

Primero hubo que informarle que no vamos a ver caricaturas sino una película de programa (como él llama a las películas con actores de carne y hueso y no actores trazados con lápiz o mouse). Y créanme a los tipos de 4 años les parece que los actores-personas esos no tienen la solidez histriónica de los otros. Así que escucharle un bueno pues fue toda una victoria.

Segundo hubo que explicarle de la puntualidad para pagar una cuota menor y para ver la película desde el principio. ¿No le regresan, no ponen pausa? No niño no.

Tercero y más crítico, hacerle entender que es imposible que yo, su mamita chula que tanto lo quiere, acepte comprar una manzanita sol para acompañar las palomitas. Pero yo quiero manzanita. No, nene, no. Es mi favorita. Que no, no van. ¿Cómo no van? Así, no-van. Sé que es momento de decírselo. Decirle que es del conocimiento general, del dominio público vamos, que las palomitas solamente se acompañan con coca-cola. Está escrito. Es una ley sagrada. Es la ley del cine. El niño de los ojos grandes me mira, incrédulo. ¿La ley?

La manzanita sol es su favorita, pero una parte de su ser, le dice, le grita que debe ceder, y obedecer. Y finalmente acepta: Bueno coca-cola pues, pero… ¿me vas a comprar panditas, verdad?

Dios.

Panditas en el cine…

¿Cómo le digo que los panditas y el cine…?

Tantara (memoria y separación)

Tantara es en la India la historia del pasado. Su filosofía explica que la memoria lejos de ser lanzada hacia atrás (para que el presente llegue a ser autónomo y libre de él), se convierte en un tesoro que se coloca en medio de la sociedad para que le sirva de memorial. El pasado se convierte entonces en un alimento, en un privilegio. Encontrarse con esto ha sido, para mí maravilloso. Lo entiendo, sin duda, es preciso recordar para no olvidarse uno de sí mismo. Es sólo el análisis y la interpretación del pasado, de la memoria, lo que nos permite lograr o alcanzar un mejor presente, un mejor Otro yo.

Novalis dice que “…se aprende a componer la historia a partir de la esperanza y el recuerdo.”, ajustándolo un poco me ha gustado creer que se aprende a construir (o simplemente se construye) el presente a partir del recuerdo. No debe uno olvidar. Nada. La memoria -amarga o dulce- nos ofrece un horizonte de experiencias. ¿Horizonte? Sí, el horizonte, esa línea detrás de la cual se abre en el futuro un nuevo espacio, una nueva experiencia, que aunque aún no podemos contemplar, está ahí.

Con frecuencia nos encontramos con personas que desean separarse de su memoria, de sus recuerdos en el afán de construirse un mejor futuro. A la larga esta tarea no llevará a ningún lado. Separar la memoria es tanto como no vivir, no ser. Tantara es un tesoro que nos permite ser, estar, lograr un equilibrio. Lo que es peor: si el pasado (aquel momento decisivo de crisis) es rechazado, él regresa de manera sorpresiva al presente de donde fue excluído. Y ni siquiera tengo que platicarles de qué manera y qué consecuencias acarrea su regreso, ¿o sí? ¿no les ha pasado nunca?

Yo, por mi parte, no quiero olvidar, no quiero separar mi memoria de mi presente, quiero que esté, que Tantara me permita crear una nueva historia.