TARDE DE SEGUNDA, DE PRIMERA
Pocas tardes estoy sola, completamente sola. Pocas tardes estoy sin algo qué hacer. Me despedí de mi amiga, me subí al carro. Escuchaba a Amy Winehouse. Me dirigí al único flea market que conozco. Tarde nublada, gotas pequeñísimas de lluvia de tanto en tanto. Compré un gabinete lindo para mi baño. Tiene espejo, es de madera, tiene mimbre. Tiene años. Me gusta este lugar. En cualquier lugar uno encuentra una historia. Esa silla, esa mesa. Esa caja verde que dice en plumón negro “wedding items”. ¿De quién era esa caja? ¿Por qué la vendió? Veo carriolas. Sillas que tienen más años que yo. Camino. Vereda de tierra, vereda de objetos. Desfile de objetos. Los restos de una casa. Los restos de muchas casas.
Los restos.
A NIGHT THAT TURNS INTO SUNRISE
El seven. El clamato. Los cuatro fantásticos. Joan Baez con Bob Dylan en una tele, el beis en otra. Vámonos a otro lado. La barra. La rocola. Ocho, diez monedas de cinco pesos para poner lo que queremos oír. Llegan más. Háganse para acá. El del sombrero, el Momo. La botana sin botana. La del cumpleaños, la amiga de la del cumpleaños. El mesero. Los tarros. La blusa verde. Los vaqueros. La blusa verde. Las casidos a eme. Ahora a dónde. Por la sanluispotosí, cerca del gimnasio Lucas ¿tenemos cara de ir al gimnasio? El pollo desaparecido. Cuatrocientos pesos para cerveza.Y nada de cerveza. Las ipods. La camiseta de Kabah. El pop. El ambigú con doraditas y anchoas o algo parecido. La luna. La palmera. La cerveza. Hablar, hablar, hablar. Reír mucho. Mucho mucho. Los cariños. Las ganas de ir a Kino. La flojera de ir a Kino. La gallina pinta. Yo entrando a mi casa con un sol redondo tras de mí.
RECORDER
Lo he descubierto. Mi mejor momento para escribir es en el auto. Voy manejando al trabajo o del trabajo y me vienen a la mente historias buenísimas, líneas maravillosas, personajes redonditos. A veces me voy diciendo todo como leyendo el párrafo que esconde mi mente. Es increíble. Todo con un ritmo y una coherencia bárbaros ( o bueno, el ritmo y la coherencia a la que yo soy capaz de llegar) (lo cual…). Bueno el punto es que debo llegar y escribirlo, a veces lo hago, pero a veces llego y ocurre esto y lo otro y dejo pasar minutos o dejo pasar horas y entonces hago mis anotaciones. Siempre he creído que algo se pierde (quizás no se pierde nada pero soy paranoica).
Ahora estoy escribiendo un cuento que comencé en la carretera Hermosillo-Nogales. Me está gustando mucho, tiene una velocidad de 100 km/h. Estacioné mi carro, corrí a la oficina, prendí la compu y escribí y escribí y escribí. Pero como ya lo he dicho, soy paranoica, ¿qué va a pasar cuando se me ocurra otra cosa y no pueda escribirlo inmediatamente? Así que he decidido que voy a comprar una especie de recorder, algún aparatejo que pueda prender sencillamente, poner en mi regazo y a quien le voy a dictar lo que se me va ocurriendo. No me va a dar pena que me vean hablando sola por las calles porque no me da pena que me vean cantando como loca por las calles.
Así que si alguien conoce algún aparatejo como este recorder que necesito, venga porque necesito asesoría.
LA HIJA DE ANTONIA
Antonia dice que su hija ya quiere trabajar.
Quiere hacer lo mismo que yo, “lo de las casas”. Yo le digo que no, ¿sabe?, le digo que está chica, que sólo tiene catorce pero insiste, es muy necia la niña… Y pues si ella quiere, está bien, que se enseñe ¿qué no?. Es muy aseadita mi hija, la tengo bien entrenada. A ver cómo le va. Está emocionada, ¿sabe? Sus pesitos. Me preguntó si en su casita hay radio, le dije que sí, se puso muy contenta. Si vas a trabajar, niña, no a oír música, le dije. Pero ella dice que se limpia mejor con música. A ver si no le da lata con eso la chamaca.
Este es el lugar en el que leo, en el que veo la tele, en el que a veces duermo. Este es el lugar desde el que observo la ventana y lo que hay más allá de ella. Aquí escucho lo que ocurre en la habitación del pequeño, aquí escucho las risas del otro lado de la puerta. ¿Cómo es que un mueble puede ser tanto?
US
GONE
Mi sobrino piensa que es muy suave que yo sepa tanto sobre Harry Potter. Le emocionó sobremanera que yo estuviera leyendo el libro seis. Me hizo muchas preguntas. El sábado vimos juntos mi harrypotter favorita “El prisionero de Azkaban” y aclaré muchas de sus dudas. Me sentí soñada. También a el “ya voy a tercer grado” le gusta que le ofrezca información valiosa sobre la saga de la J.K. Rowling. Yo, la verdad, me he entretenido leyendo despacito. Esta es la única mujer inglesa que logra evadirme de la realidad.
Sin embargo ayer pasó algo trágico. Ayer en la página 599 mataron a mi segundo personaje favorito. Es muy curioso, me tomó completamente por sorpresa, releí, me adelanté unas páginas esperando claro que algún otro hechizo lo levantara. Nada. Anoche estuve presente en el funeral. Fue tan triste.
No hay ningún acercamiento remoto, pero creo que la única vez que sentí algo parecido fue cuando murió el principito.
OH BOY, MY BOY
Ayer revisaba esta página, mi hijo estaba cerca, ¿qué es? preguntó. Le expliqué y le mostré que yo también estaba ahí. Vio la foto, se descubrió en ella. Me dijo: elegiste esa foto porque yo estoy ahí, ¿verdad? Asentí. Me abrazó.
Se fue a su habitación. Volvió y yo ya estaba en mi blog, apunto de darle click a uno de mis links. ¿Y esa página de qué es me preguntó? Es mi página, le dije (y entre mí pensando que sabía que un día llegaría este momento). ¿Tu página? ¿de qué es tu página? Le expliqué, le mostré. Le leí en voz alta el post de Jumbo. Se rió, se apretó de mi cuello, me dio un beso. Me dijo: así fue, ¿verdad? ¡qué chistosa eres mamá!
No se fue a su habitación. Arrastró una silla, se sentó a mi lado y me pidió que le enseñara más. Elige una fecha, le dije. Quiso que leyéramos algo de marzo de dosmilseis. Busqué y me topé con un post que me gusta mucho, “No nos gusta lastimar”. Mientras leía, miraba de reojo al de ocho. Sus ojos más abiertos que nunca, su sonrisa más hermosa. Otro abrazo, otro beso. Le leí uno o dos posts más.
Inhaló, exhaló y dijo: ¿puedes escribir de tantas cosas… y lo haces sobre mí? Asentí, (no le dije: ¿cómo no hacerlo si tú eres oh boy, my boy?).
Apagué la computadora y me senté con él en nuestro sillón azul.
NOMBRAR
“Si hay valor en las palabras, no es éste el de nombrar el mundo…”
Noé Morales.
