HERE, THERE, OVERTHERE
Back home. There is no place like home. Open suitcases. Empty suitcases. Fill suitcases, back again. TJ this time. Tonight. Four days of all and nothing. Four days of, sorry, not being a mom, not being a sister, not being a writer, not being a teacher. Just me. A being with visa and acquainted to that city, to those streets.
Much, much has happened. She called, have I told you? Yes. She the one. The lost. The blood of my blood. My rib. She called. She is fine, still in that story, country, life. But still.
How I feel. Fullfill, y así.
Be back soon. Theres much to tell. Much happened.
ÉL TIENE LA CULPA DE QUE YO AGARRARA EL VINO
Eso es lo que canta con una pequeña guitarra una señora. Está sentada en la banqueta, cerca del Palacio de Cortés. Esto también es Cuernavaca. Fuera del verde verde verde de la ciudad, del clima, de la lluvia en las noches. Más allá de la gente que te sonríe, de las calles empedradas, de los puentes y calles que cruzó la revolución mexicana. Esto es Cuernavaca. Una señora que en una tonada desconocida, repite una y otra vez “él tiene la culpa de que yo agarrara el vino”. Una señora que llora y canta. Una señora que no sabe dónde está. Que no tiene a nadie. Que es un dejo de alguien más. Pongo unas monedas en su canastita, ¿cómo no hacerlo? y luego me digo ¿para qué hacerlo? Sigo mi camino, ¿cómo no seguirlo? vivo la tranquilidad y la felicidad (whatever that means) que este día me tocó vivir, ¿cómo no vivirla? Mañana quién sabe. Hoy estoy aquí en la ciudad donde un día voy a vivir. En la ciudad donde he leído más de tres libros en menos de cinco días, donde he tomado notas para lo que un día serán historias o recuerdos.
No sé.
Esta ciudad tiene la culpa.
FONDUES, VODKAS, QUECAS, CECINA, CLIMA DE VEINTE GRADOS, LLUVIA Y LIBROS
Need I say more?
NOT HERE
Queridos y queridas, la que aquí suscribe se nos va. Así es, mañana inicio EXTRAoficialmente MIS vacaciones. Me voy, me voy, me voy. Vuelo con su personaje favorito al DF y de ahí a Cuernavaca. Estaremos los dos, solitos en casa con ventanales, estudio y alberca. Comeremos como los cerditos que somos, pasearemos como los húngaros que fuimos y nos divertiremos como los enanos que ya no parecemos.
RARO
Estamos en una iglesia con interiores de madera. Pocos ventiladores. Mucha gente. Muchas mujeres. Muchas gafas oscuras que cubren ojos llorosos. La mamá de mi amiga ahí. Las hermanas de mi amiga a su alrededor, todas lágrimas. Mi amiga, el brazo fuerte, el pilar. La sensatez. No entiendo cómo hace para mantenerse así. Su mamá murió ayer. Su papá no está aquí, no sale de casa, lo cuida una enfermera. No entiendo como hará para mantenerse ahí. Tres padres ofician la misa. Una paloma revolotea. Aquí. Allá. Atrás de mí una niña dice: mamá ¿por qué todo es tan raro? Yo quisiera voltear y escuchar su respuesta. ¿Por qué todo es tan raro?
LA MESA
Aquí es donde escribo. Aquí es donde sale todo esto, todo aquello. Aquí es donde se escribió ese libro, aquella tesis. Aquí es donde, también, desayuno y ceno con mi hijo. Aquí es donde jugamos scrabble. Aquí es donde he charlado con mis amigas. Aquí es donde ha habido viandas a montón o una ensalada sencilla. Aquí es donde tomo mi té helado. Aquí es donde me siento cuando necesito recargar mis codos y sostener el mundo de mi cabeza.
DON’T NEED TO BE FREUD…
to clearly understand that doing changes in your house is the result of the desire of making changes in your life. Yes, you want to be in a nicer place, you want your guests to feel comfortable with a better looking place. And, yes, you want to be a better person and want your guests to feel comfortable with a better looking person. Nevertheless, according to Freud, what would exactly a bathroom cabinet represent? Soul?, face?, character?, sex? behaviour? attitude? (and the list may go on).
(or maybe, this is just an excuse to mention again that im changing my house and that i just bought a beautiful bathroom cabinet)
EN CHICHEN ITZÁ
Quizá me odien por decir esto pero, ¡qué papito chulo se veía hoy Loret de Mola con su camisa blanca haciendo su programa en Chichen-Itzá! Demando que una de las siete maravillas sea él y no el sitio arquitectónico (además el turismo acabaría con las pirámides)
TOTAL (relato en proceso)
Tengo ocho años. Hoy, como todos los sábados, en casa hay fiesta. Misma gente. Misma comida. Mismo disco de Vicky Carr. Es la cantante favorita de Papá y por supuesto la enemiga de Mamá. Papá dice que no hay otra mujer como ella. Mamá dice lo mismo. Yo avanzo entre mesas con quesos y bebidas. Tomo un poco de vino sin que nadie se dé cuenta. Me siento en un rincón de la sala con un plato de carnes frías. Lo observo todo. Mamá trata, como cada sábado, de socializar con los amigos de papá y, como cada sábado, las cosas no resultan. Intenta opinar y papá le pide las aceitunas o se traiga la botella de. Pasarán los años y a Mamá de todos modos no le quedará claro que en esta ciudad la diversión separa: hombres acá, mujeres allá. Mamá seguirá otros muchos sábados diciendo a sus amigas que en Guadalajara las fiestas no son así. Algunas de ellas continuarán preguntándole, ¿y cómo eran, Alicia?, otras, se levantarán del sillón e irán a cualquier otro rincón donde no escuchen más sobre las fiestas en Guadalajara. Mamá bebe, total, se emborrachará igual que Papá aunque sin Papá, para molestar a Papá. Lo hará hasta que tengan que quitarle la vesícula y el doctor le diga que no puede ingerir alcohol y mi Mamá si yo en realidad no bebo, y nosotros, alrededor de la cama de hospital, es cierto, en realidad no bebe. Papá pide el dominó, mamá se lo trae. Esa es su dinámica, uno pide algo, el otro lo trae. No. Él pide algo, ella lo trae. Cuando no es eso, son los monosílabos, ¿quieres?, sí, ¿vienes? No. Somos familia de monosílabos. Pero aún no nos hemos dado cuenta de eso. Hablaremos de ello cuando no estemos juntos, cuando tengamos años de ni siquiera dirigirnos monosílabos o cuando estemos frente a un terapeuta preguntándole ¿por qué tengo un problema de comunicación con la gente? El médico dirá que son cosas que generalmente tienen que ver con la familia, preguntará “¿qué me puedes decir de tu familia” y no sabré ni por dónde comenzar. Allá está Massiel, la mejor amiga de Mamá. No se llama Massiel sino Marisela pero le gusta tanto la cantante Massiel que nos obliga a llamarla así. Massiel hace como que no bebe pero deja vasos en todas partes y de todos toma, dice que quiere mantenerse sobria para poder volver a casa sanos y salvos. Dos choques son suficiente, dice. Tendrá muchos más. Massiel abandona un vaso más de vino y yo lo heredo. Cuando regresa, se sirve más, me da unas palmaditas en la cabeza y me pregunta a qué año voy a pasar. Y como siempre, cuando estoy a punto de contestarle, Massiel le dirá a mi mamá que tiene suerte de tener dos hijas tan responsables. Mamá dirá que sí que somos magníficas estudiantes, que somos creativas y amables, aunque ella realmente no nos conoce y así me lo dirá a los diecisiete años cuando le diga que no me importan ni ella ni papá ni mi hermana ni nadie, que por mí todos se pueden ir a la chingada que yo ya no quiero esta vida de mierda, que me voy a ir lejos y nunca los volveré a ver. Pero me voy a quedar en casa, siete, ocho años más viviendo esa vida de mierda. No te conozco, me dirá mamá, no te conozco. Yo quisiera no conocerte, le diré yo. Mi Hermana está en la cocina. Mamá y Papá piensan que corta queso o el rollo de carne que trajo alguien. Pero no hace ni lo uno ni lo otro. Mi hermana está ahí para que Carlos, el viudo del grupo, roce sus brazos con sus dedos. Le diga secretos al oído. Le hable de un futuro prometedor. Mi Hermana tiene dieciocho años y quiere que un hombre como Carlos le diga y le toque y le prometa. Papá y Mamá nunca sabrán hasta dónde llegará Carlos con mi hermana, ignorarán por completo el embarazo seguido de un aborto. Yo me enteraré años después, demasiado tarde para decir algo, para hacer algo. Papá y Mamá creerán que si mi Hermana se casó los 21 con su primer novio fue porque estaba muy muy enamorada. Cuando se divorcie, Papá y Mamá dirán que era de imaginarse, que se casó muy muy joven. Y nadie entenderá porque mi hermana llora y llora en el funeral de Carlos que morirá de cirrosis. Tengo ocho años, puedo moverme con tranquilidad entre los dos grupos de la fiesta. Voy del lado de las mujeres, como y bebo sin que nadie se dé cuenta. Voy del lado de los hombres y me siento en las piernas de uno y otro. Alguno rozará mi muslo, alguno tratará de cruzar el calzón, pero no pasará nada, no me pasará nada. Me levanto, voy, vengo. Yo puedo hacer lo que sea porque soy menor y porque básicamente no existo. A las once de la noche Papá vuelve a poner “Total” y Claudina, una de las amigas de mamá, comenzará a cantarla en voz alta: “Total, si no tengo tus besos no me muero por eso yo ya estoy cansada de tanto besar…” mientras mira a Papá que hace como si nada. A nadie le gusta como canta Claudina, pero nadie dice nada. Claudina y Papá un día se van a ir juntos, Papá regresará una semana después. Mamá nunca le dirá a nadie. Pero esta noche todo es perfecto. Todo es perfecto. Claudina termina de cantar y todos aplauden con entusiasmo. Con el mismo entusiasmo con el que Papá y Mamá y los pocos de sus amigos que aún sigan vivos recapitulen las grandes fiestas de los sábados.

