ESTA Y ESTA OTRA

Hay días en que amanezco y tengo ganas de cerrar los ojos otras cuarenta horas más. Hay tardes en que el sol me da en la cara y tengo ganas de que el carro se maneje solo. Hay noches en que leo y a la vuelta de cada línea me doy cuenta de que nunca nunca voy a escribir así o asá, como este o como aquel. Hay minutos hay horas en que me siento bien loser en todo sentido. No importa la casa bonita, el carro lavado, la tarjeta de crédito de walmart pal mandado, ni el hijo de ojos preciosos. Me siento loser. Arrastro la cobija de mis días.

Pero hay otros días.
Otras tardes.
Otras noches y otros minutos en que recibo noticias que me levantan el ánimo, que cosquillean mi ego y me hacen sonreír. Días que se suman a la casa bonita, al carro lavado, a la tarjeta de crédito de walmart pal mandado y el hijo precioso de los ojos preciosos.

¿Qué noticias?
Esta y esta otra.

Gracias a José Luis Martínez y
Gracias a Guillermo Vega por esta y por la otra.

FOTO, FOTO, FOTO

En el lobby del Howard Johnson de MTY: Josué, Arturo, Oscar David, Yo Mera, Minerva y JP.

THE BOOK OF JANE

Dear
I understand many people write for therapy—one’s own.
So this epistle, addressed to no one,
is therapy for me. What have I got to say—
oh a lot of crazy impressions about nothing
I imagine

(excerpt from Jane’s diary, in: Jane: A Murder by Maggie Nelson)

NARRACIONES EXTRAORDINARIAS

Ese es el título de uno de los libros más leídos. Su autor, Edgar Allan Poe creó un terror que ha asustado a muchas generaciones. Yo suelo recomendarlo a los alumnos que comienzan a sentir un interés por la lectura.

Sin embargo, Narraciones Extraordinarias es el nuevo título de mis reuniones familiares. Anoche no fue la excepción. Yo no sé si es la carneasada, la cerveza victoria, o la lluvia que atolondra, pero el caso es que anoche ocurrió como ha ocurrido en otras ocasiones. Nosotros en vez de hablar de las tormentas en Asia, de las recientes elecciones en Baja California o las futuras olimpiadas, damos paso atrás y comenzamos a relatar todas esas anécdotas en que intervienen los integrantes de mi familia.

Sí, hacemos repaso de los momentos vergonzosos, de los choques, de las aventuras, de las mejores anécdotas familiares. Y léase: mejores significa aquellas que más nos han hecho reír por el bochorno incluído.

Yo no sé si todas las familias tengan sus noches de narraciones extraordinarias, pero me sorprende que las parejas de los hijos de mis papás sigan teniendo cariño por estos entes raros que somos.

Porque sí, somos raros. No extraordinarios.

MADE for PROVINCIA

NOTAS DE UN PERSONAJE EN BUSCA DE UN AUTOR
somos muy provincianos, no internacionales.
Y justamente porque somos provincianos,
de pronto nos volvimos internacionales.
Lo peor es intentar ser internacional.
Ingmar Bergman

Soy un personaje. Soy un simple personaje. Peor, soy un personaje de provincia. Soy básico, convencional. Melodramático. Vivo en páginas que me hacen sentir reiterativo. Vivo en la frontera pero apelo al costumbrismo. Repito el norte. Soy la provincia. Existo cuando no debiera. Mi autor se olvida que la literatura es artificio, mi autor insiste en el retrato fiel a la realidad, como si la realidad pudiera ser fiel a sí misma, mi autor sigue creyendo que la literatura tiene que decir algo, mostrar algo, cambiar algo. Yo, en silencio, deseo la muerte de mi autor.

A veces creo que nací de espaldas. Sin suerte. Impotente a la palabra. Completamente useless. Me siento ausente en tiempo, espacio. Fuera de la acción, incluso cuando estoy en acción. Soy descrito con un entusiasmo primitivo. Autóctono. Soy una postal que dice “Welcome to Meksico”. Soy una literatura que insiste en la presencia, necia como ninguna. Soy una literatura que registra, minuciosamente, el todo. Aburro. Canso. Soy unívoco. Sintomático. No soy cima, no soy incendio, no soy tormenta. No devasto. No consumo. A veces ni emociono. Soy recreo. Soy el habla coloquial: el lector se ríe de mi acento, de mi forma de pronunciar ‘mashaca, shamaca’, le gusta que hable golpeado, que diga fuistes, hicistes, que platique rapidito, de corridito. El lector, mi lector, se ve retratado en mí y míralo, es tan feliz. Soy su reflejo, dice y luego sonríe y me recomienda a otros lectores que también sonríen para repetir todos a coro: “así somos acá”.

Soy la sintaxis de la provincia. Un estigma.
Yo, soy un personaje en crisis.

Soy tópico. Soy creado con indolencia. Soy un escombro de la narrativa. Mi autor sigue buscando una estridencia que no requiero, sigue tirando balas al aire. Y las balas son de salva. Su violencia es plástica. Su orgullo regionalista. Su cosmpolitismo inefectivo. Su escritura inmóvil. Escribe de lo mismo, con lo mismo. Es un adolescente que busca suerte en el otro lado o en el DF. Se olvida de la luz de lo narrado: la novela, el cuento, el relato. Borra la experiencia en sí. Cuida las formas, eso sí, se hace de simetría, de estilo. De estructuras apantalllantes. Como si la vida fuera forma, simetría y estilo. Estructura.

Mi autor tiene atisbos de conciencia social, le da por denunciar. Por enrabiarse. Explora causas y apunta las consecuencias con su dedo índice. Me hace esto porque al final ha planeado que seré aquello. Me pone aquí porque antes estuve allá. En mí: “no hay actos rotundos, independientes, absurdos”. No soy instinto. No soy desmesura. Soy el rumor de las calles.

Soy registro. Caricatura.
Estoy sometido.

Dicen que hay otros personajes, hechos por autores que desafían el estado de las cosas, que recrean con plenitud y vacío la existencia, porque la existencia es eso, plenitud y vacío, conquista y pérdida. Dicen que hay personajes que no representan la realidad, la encarnan, se vuelven ella sin ser su remedo. Dicen que hay relatos que dan reveses, que son justo eso que uno no espera. Son aquello que uno teme. Aquello que uno insiste en negar. Dicen que hay una narrativa que apuesta, que esculpe los fantasmas que nos rodean.

Yo soy un remedo. Mi historia, previsible. Yo no formo parte de “una prosa brutal” (Lemus, 2005). Yo no vivo en “una estructura delirante, tan tajada como la existencia”. Yo vivo en el cuarto contiguo al lector. Mi lector es fácil. Mi lector, asiente. Me da por hecho. Me admite. Me hace suyo. Soy un gesto petrificado y él no lo sabe. Soy palabra cauta y él se conforma. I’m made for provincia.

Y no puedo ser así. No quiero ser así.

Yo, como personaje, deseo ser incómodo, ser la cicatriz que no puede ocultarse, el insulto con eco. El abandono. La devastación del tiempo, del espacio, del lenguaje. Una errata. Necesito un autor. Necesito un autor arrojado, mordaz, tosco incluso. Un autor dueño no de uno, sino de muchos mecanismos, los necesarios, los no previstos, los que sean capaces de hacer una narrativa que no esté hecha ni para provincia ni para centro. Una narrativa-narrativa.

(¿ponencia? leída en el III Encuentro de Jóvenes Escritores de Monterrey)

MONTERREY, HOY

Hoy me voy con maletita verde y compu prestada a Monterrey al III Encuentro de Escritores. Regresaré con un tatuaje como este, lo juro.

: )

tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro…

es todo lo que voy a decirles por el momento.

tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro, tierra adentro…

LAS TRES PREGUNTAS

Ayer fue mi inicio de semestre. Y al igual que los últimos tres semestres comencé mi clase con tres de mis grupos diciéndoles a mis alumnos que tenían derecho a hacerme tres preguntas personalísimas, con la condición de que nunca más me preguntaran durante el semestre sobre mi vida. Esta vez las preguntas fueron ciertamente curiosas:

1) ¿Cómo ha sido su vida?

2) ¿Cómo le gustan los hombres?

3) ¿Cuántas veces se ha enamorado?

4) ¿Cuántos años tiene?

5) ¿Qué piensa del amor?

6) ¿Tiene hijos?

7) ¿Qué ha sido lo más atrevido que ha hecho?

8) ¿Cómo fue su primera gran borrachera?

9) ¿Le gustan sus fotos del Hi5?

Mis respuestas ustedes que tanto me conocen seguramente ya las saben. Incluso, los que más me conozcan seguramente se reirán un poco de lo que yo puedo decir en las tres primeras preguntas. Veremos qué sucede hoy, con mis otros nuevos grupos.

1001 LIBROS

Esta mañana al llegar a mi oficina recibí un regalo gigantesco y caro. Una edición preciosa en español del libro 1001 Books you must read before you die de Peter Boxall. Una joyita que incluye comentarios sobre el autor y una obra en específico además de una magnífica estela de portadas, ilustraciones de primeras ediciones y fotografías de autores. Mi nuevo libro posee los encantos literarios desde el siglo XVIII hasta el XXI que uno, en definitiva, debería leer.

Una cosa es tener un libro así, otra muy distinta es que alguien te regale un libro así.