HAY DÍAS…

Tan, tan pesados. Días tan de arrastrar lo pies. Tan de inhalar-exhalar para no perderse en monólogos absurdos.

Hay días en que lo mejor que una puede hacer es leer las últimas noticias (cualesquiera que estas sean) sobre Britney Spears para darse cuenta de que una está en el puto paraíso.

DOS RECETAS PARA LORENA LA QUE SABE BUCEAR

1) Verduras orientales con Tofu

Ingredientes:
-una barra de tofu (puedes comprarlo en el costco o bien en walmart en el pasillo donde tienen los asuntillos chinos-japoneses hay unas cajitas como de puré de tomate que dicen tofu) (yo prefiero el tofu firme)
– mezcla de verduras: brócoli, coliflor, zanahoria (rebanadas delgadillas), cebolla (si encuentras bambú también, pues mejor)
– salsa soya
-mantequilla con sal
– salsa de anguila, salsa de ostión (o cualquier otro tipo de salsa china-japonesa espesa y agridulce

Preparación:
a) Coces las verduras como normalmente lo haces, luego en un sartén sofríes sobre la mantequilla la cebolla (rebanadillas delgadas y peques) y luego las zanahorias y un poco después el resto de las verdurillas. Agrega gotititas de soya y baja la lumbre.
b) aparte derrite poquitín de mantequilla y agregas la salsa (ostión, anguila, teriyaki) y vas incorporando chorritos de soya.
c) al tofu le quitas el líquido y lo cortas en rebanadas delgadas y luego en cuadritos, y lo agregas a las verduras para que se fría con ellas (otra opción si lo quieres más doradito es freír el tofu aparte en cuadritos y luego agregarlo a las verduras.
d) Incorpora la salsa que preparaste a las verduras con el tofu, dale unos cinco minutos más de cocimiento y voilá.

Yo lo sirvo con arroz blanco cocido. Puedes también agregar al final cacahuatitos o algún otro tipo de nuez finamente picado. ¡Mmhh!

2) Arroz cantonés con tofu

Ingredientes:
-verduras como zanahoria, apio, cebolla, colitas de cebollín, muy muy muy picaditas
– arroz (el típico, tres tazas de agua por una taza de arroz)
– tofu firme, cortado en cuadritos peques y bien frito.

Preparación:
a) Primero pones a cocer el arroz sin sal (hay quienes al final del cocimiento le ponen medio limón al arroz para que quede más esponjadito, pero tiene que ser muy poco tiempo para que no se amargue el asunto).
b) si ya están bien picaditas las verduras, las fríes con soya (yo primero las paso por un poquitín de mantequilla para que no se peguen y se pongan necias) puedes agregar una pizca de sal de ajo.
c) cuando estén ya bien cocinadas las verduras agregas el tofu previamente frito y agregas más salsa de soya.
d) una vez que tu arroz está perfectamente cocido, lo mezclas sobre la estufa con la mezcla de verduras, sofríe todo agregando más salsa de soya al gusto.

Voilá (bueno, no sé cómo se dice voilá en cantonés).

El tofu está prácticamente sustituyendo la dichosa carnita roja de puerco.

El tofu tiene muchísimas proteínas y te ayuda a la digestión. Prácticamente todo lo que cocinas con cachitos de pollo puede ser sustituido por tofu, como el pollo con arroz y curry.

SUNDAY SUNNY SUNDAY

Domingo de tintes, mascarillas, cortes, más tintes, algodones, cremas, ruffles con queso, coca-cola, películas, niños que ríen, juegan o se persiguen. Tarde de coctel de elote, de parque, de charla, de compartir los rincones que se temen o se atesoran.

Quienquiera que haya inventado a las amigas, sabía lo que estaba haciendo.

JUNOT WITH SALT

Lunch with a fiction writer, newyorkian (or however those are called). Asks a lot, hears a lot. Hands Junot Diaz to me. Receives Serna from me.
Good lunch.

It was indeed weird to discuss the so called writing process in the middle of pass me the salt please.

AY, MAMÁ

Desde esta semana en la caminata de los veinte treinta minutos llevo acompañante. Niño de ocho trepado en su bici va atrás o va adelante o va a un ladito. Me pongo sólo un audífono para estar al pendiente del pequeño a quien no le para el pico. Estamos en eso, en los veinte treinta y entonces suena Lollipop de Hidden Cameras, ¿cómo no comenzar a caminar más rápido? ¿cómo no comenzar a cantar “when the rhythm stops, when the rhythm stops, oh when the rhythm stops…”? Y entonces el de ocho me suelta una frase que quedará grabada en los anales de la memoria:

– Ay mamá, de veras me inquietas.

EL EPISODIO DEL TOFU Y LA CARTA

Enseñanza no. 1: Una no debe ir triste al mandado. No sólo porque regresa a casa con más de lo que necesitaba o justo sin aquello que necesitaba. Tampoco porque todo mundo se le queda mirando mientras empuja su carrito con el desgano de quien carga el mundo como el Pípila la roca. Una no debe ir triste al mandado porque no.

Aprendí esto ayer. Llegó a mí una carta. Una carta-carta. Una carta escrita a puño y letra. Una carta linda que sin embargo no hace feliz a muchos. Una carta a la que no se le puede acusar de nada adjudicando sus fallas y vacíos a la inmediatez del correo electrónico. Después de leer la carta, agarré llaves y niño y fui al Walmart. En el camino, para entretener la posibilidad de lágrimas, hice un repaso de sinónimos para el examen que el lunes tendrá el de ocho. No, no crean que pregunté: ¿sinónimo de tristeza? ¿sinónimo de soledad? ¿sinónimo de…? (pero pude haberlo hecho).

Enseñanza no. 2. Una no debe tomar un paquete de tofu, sostenerlo en sus manos largamente y verlo como si de él fuera a brotar la esperanza. Una Puede haber varias consecuencias para ello: a) que una señora esté de prisas y quiera la salsa de soya que usted no la deja agarrar por estar frente al estante de los tofus sosteniendo su tofu ignorando el mundo y que la señora le diga el con permiso más drástico del mundo; b) que una señora le susurre a otra ¿y a esta qué le pasa? sin considerar que una estará muy en el tofu pero puede oírlo todo; c) que una señora la mire y mire el tofu del estante, la mire y luego vuelva a mirar el tofu del estante y le pregunte: ¿qué es eso? ¿cómo se cóme? ¿cómo se prepara? ¿sabe bien? ¿para qué sirve?, cuando menos se lo imagina, una puede estar dictando una conferencia magistral a varias señoras sobre los usos y virtudes del tofu.

Aprendí esto ayer cuando primero sentí gusto de encontrar tofu y luego no tanto al recordar que la autora de la carta fue la primer persona que me preparó un tofu. Mi absurda nostalgia cartística se vio interrumpida por señoras que me tuvieron dictando recetas para preparar tofu y que sorprendidas repetían que no era posible que tuviera las mismas proteínas que el pollo.

LA REINA DEL PACÍFICO

Ahí sale ella. La misma imagen repetida en todos los noticieros cada vez que se retoma o se extiende la nota. Ella con su suéter en v, el cabello largo bien acomodado, caminandito como si de conquista. Toma del brazo al comandante, como si de paseo. Sonrisa coqueta. Ojos despiertos. No hay temor, no hay miedo. En ella, sólo la tranquilidad de quien sabe.

De pronto, ella es la figura célebre que quizás siempre fue sin que nos diéramos cuenta. De pronto, su vida es pública y nuestra. Contactos, tratos, posesiones y ex-amantes son el eco en la radio y en la televisión, el párrafo continuo en los periódicos. Los medios nos repiten que esa, que esa que va ahí es la Reina del Pacífico.

Ella, lo sabe. Por eso camina así. Es la reina, pues.

ARCA DE NOÉ

Ayer entre las cuatro y las cuatro cuarentaycinco de la tarde, llegué a la conclusión de que como escritora yo soy un pony. Doy la finta, sí, me dije. “Tengo las cuatro patas, la cola, el hocico. Todo en mí grita que soy de la familia de los caballos. Pero no soy un caballo. Yo, soy un pony. Puedo correr, pero nunca lo haré tan rápido y siempre lo haré sigilosa, desde aquí abajito. Mis patas son cortas, mi agilidad es…”. Me había convencido ya de ser un pony y entonces, justo antes de llegar a casa, vi una ardilla. Ayer, entre las cinco y las cincocuarentaycinco de la tarde, llegué a la conclusión de que como escritora, soy una ardilla. Claro, me dije, “Me muevo por el texto como…”

DETESTO QUE

  1. el carro delante de mí dé vuelta sin haber puesto antes la direccional.
  2. cuando más prisa tengo todos los semáforos están en rojo o en amarillo.
  3. justo cuando voy a pagar la cajera decida hacer corte de caja.
  4. se me olvide ponerme aretes
  5. se echen a perder los pepinos y los tomates de mi refri
  6. a veces no sé qué cocinar para el lunch del día siguiente
  7. tú, pieldeaceituna, no estés aquí.

NO HAY QUE DESPEDIRSE

Eran las siete de la mañana, cuando un teléfono suena a esas horas las noticias generalmente no son buenas. Tardé en contestar. No sé, no sé. Finalmente dije “¿bueno?” y al otro lado de la línea, al otro lado del mundo escuché mi nombre. Mi nombre en diminutivo y su voz diciéndome “Soy yo, soy yo. Soy tu hermana”. Quizá para cualquiera de ustedes oír su nombre en diminutivo y una voz diciendo “Soy tu hermana” sea muy natural. Para mí no. Eran tantos los años como tanto el silencio. Como tanta la nostalgia.

Te pregunta: “¿cómo has estado?” y tú no sabes qué decir, en unos segundos pasa por tu mente decirle “bien pero…” y en el pero están los últimos años de vida, de tropezones, de lágrimas, de muertes cercanas, de medicamentos, de cambios, de ser la depositaria de los sinsabores de papá y mamá; en el pero está la escritura que no alivia pero que está, en el pero está lo difícil de ser papá y mamá al mismo tiempo, de ser una al mismo tiempo. Detienes esa ola de ideas y le dices: “Bien, bien”. Ella, por su parte, sin que tú se lo preguntes, te repite una y cuatro, cinco veces: “yo estoy bien, estamos bien, no te preocupes”. En su insistencia está tu certeza. Lo que está detrás del “bien, bien”

Le dije a mi hermana “te sueño mucho” y ella dijo: “¿que me extrañas mucho?, yo también te extraño mucho”. No, no le dije eso, pero no importa porque soñarla es eso: extrañarla. Luego de un resumen bárbaro sobre los últimos años, mi hermana me dice: “no sabes cómo te sueño”. Sonrío.

La llamada se cortó. Su tarjeta de ocho minutos se terminó.
Tal como ocurrió hace cinco años, mi hermana y yo no pudimos despedirnos.
Pero eso está bien.
No hay que despedirse.
No.