FEAR OF BREAKDOWN

In one of his last psychoanalytic papers, D.W. Winnicot wrote: Fear of breakdown is the fear of a breakdown that has already been experienced. This statement has always been a source of great comfort to me. For years I took it to mean that the other shoe has already dropped, that you’ve already been to the place you fear the most, that you’ve already come back from it.

It´s only lately that I’ve ralized that Winnicott is not suggesting that breakdowns do not recur. Now I see that he may be suggesting just the opposite: that fear of breakdow in our past may be precisely what causes it to repeat in our future.

Maggie Nelson, The Red Parts

CAMPAÑA EN DOS FASES CONTRA EL DOS POR CIENTO

Inicié una campaña de lectura. Mi campaña roza tintes de humor y tintes bélicos. El objetivo no importa, bien podría ser que estoy en contra del maldito dos por ciento ese que tanto me caló o porque simplemente creo que leer beneficia la salud.

FASE 1:
Pegué en la ventana y puerta de mi oficina y en la de mi jefa, una hoja con letras gigantes que decía: LOS DIEZ LIBROS QUE TIENES QUE LEER ANTES DE CUMPLIR LOS VEINTE. Luego, venía la lista (que yo bien lista, estructuré y que yo más lista aún, no compartiré aquí). Al final en letras pequeñitas, como esas que vienen en los contratos y que uno no debe obviar, escribí: Si no sabes con cuál de estos libros empezar, visítame y de acuerdo a tu personalidad y signo zodiacal yo te diré cuál es el libro ideal para comenzar.

Mi campaña ha tenido un efecto divertidísimo. En primer lugar recibí visitas de alumnos que me dijeron, “ah sí yo ya leí tal o tal, y siempre he querido leer este que pone aquí”, es decir, primero llegaron los ya lectores que no venían por recomendación y que incluso se quedaron a platicar de algún otro libro que no estaba en la lista y que ellos disfrutaron. En segundo lugar llegaron alumnos admitiendo que no habían leído ninguno de la lista y querían que yo les dijera cuál debían leer y que, además, no podían creer que aparte de poner acentos y escribir bien yo pudiera recomendar basándome en su signo (¿y puedes hacerlo? quizá me quieran preguntar ustedes pero ya dije que soy bien lista y no les voy a contestar, a menos de que me manden su signo). En tercer lugar, llegaron los profesores, hubo aquellos que ya habían leído uno que otro y coincidieron con que eran de rigor antes de los veinte, hubo aquellos que con cara de preocupación me dijeron “¿y si no los he leído?” y hubo otros que me ayudaron a que la lista creciera. El caso es que bajita la mano, de seguro tengo a un par de personas leyendo. Probablemente no tantos como quisiera pero, hey, es la primera fase.

FASE 2: Uno de los temas en mi clase de Sociedad y Desarrollo en México con mis chicos de profesional de sexto y séptimo semestre era literatura mexicana. Decidi que en vez de todos ponernos a leer un mismo libro los haría leer a todos un libro distinto basándome en lo que hasta ahora más o menos sé de ellos. ¿Resultado? todos leyeron (no sólo porque serían evaluados sino por el bendito morbo de “¿por qué quería mi maestra que YO precisamente YO leyera esto?”). Un buen número de alumnos me dijeron que le atiné, que el libro no sólo les había gustado sino que en efecto había algo en él un noséqué que les hacía sentir que estaba escrito para ellos. Hubo un otro número de alumnos que si bien no disfrutaron tanto ese libro en especial, sí fueron capaces de dialogar con el texto y fundamentar por qué no había logrado convencerlos y por puritito orgullo me dijeron: “ahora voy a leer el que leyó fulanito porque me lo platicó y se me antojó… qué gacha, ¿por qué no me puso a mí a leer ese?” Así que mi desatino no fue tan desatino.

La chinga, pardon my french, fue calificar la lectura. No, no iba a pedirles un reporte de lectura, ya ven que el copy-paste anda muy de moda en esta temporada. El día del examen escribí dos opciones de pregunta para cada libro leído por cada alumno, ellos tenían que elegir y contestar. Y sólo podría contestar, verdaderamente contestar, aquel que hubiera leído, verdaderamente leído el libro (le gustase o no).

Ya tengo planes para mi FASE 3.

Suelo ser demasiado optimista y quiero creer que algunos de mis alumnos buscarán más libros de ese autor y eso quizá los lleve a otros autores. Pero también soy consciente de que lo más probable es que algunos de estos nuevos lectores no vuelvan a tocar un libro jamás o, siendo menos dramática, quizá pase mucho tiempo antes de que vuelvan a tocar otro. Pero de seguro porlarazónquesea nunca lo olvidarán.

UNA SEMANA

Eso le queda al semestre.

Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una semana. Una sem…

LA PAQUITA DEL BARRIO DE LA ORTOGRAFÍA

Ayer tuve con mis alumnos de profesional una sesión especial de revisión de ensayos.

Estaba yo en mi escritorio y conforme todos trabajaban en algo iba llamándolos uno por uno para que siguieran mi lectura y comentarios sobre su ensayo. Yo, como alumna, sufría enormemente de recibir tal o cual calificación sin más ni más. Así que aunque sé que me meto en camisa de once varas, leo los trabajos de mis alumnos con lentes y dedicación, armada de mi plumita roja escribo comentarios al margen. Utilizo además una rúbrica especial que otorga de 1 a 4 puntos en categorías como redacción, manejo de fuentes, formato, contenido (dentro de cada una de estas categorías hay más detalles que les ahorro (pero si hay algún lector aquí que sea profesor y le interese, con gusto los comparto). La finalidad es que cuando vean que sacaron tal o cual calificación sepan con claridad por qué y sepan también de qué manera se puede mejorar el ensayo en cuestión o su redacción, investigación o manejo de fuentes en general (ya saben que no nos rige Dios sino el MLA por sobre todas las cosas).

Bueno, en eso estaba y de pronto lo que tenía alrededor de mí no era el autor de cada ensayo sino un buen grupo de alumnos (los ingenieros) que en especial hacen de mi labor docente una vida encantadora y llena de humor. Oía comentarios entre ellos o hacia mí como “Wey, no le pusiste comillas”, “¿Cómo no citaste bien al autor?”, “Chale se me fue ese acento”, etc, etc. Ninguno se veía enojado, tampoco realmente avergonzado. Ese era un momento tan de risas. Luego uno de ellos me confesó: “Maestra cuando comienza a leer y veo que ya toma su pluma roja, siento re feo… aunque ya sé que en sus comentarios me pone te faltó esto o aquello, yo la veo escribir y siento que el rojo sólo me dice aaah como eres buuuuurro”, nos reímos mucho y luego, alguien dijo: “Maestra usted es con nosotros como Paquita la del Barrio, acá bien dura, cuando en los comentarios de la rúbrica dice:’falta pulir el formato, recuerda utilizar sangría cuando las citas son de más de etc etc.’ con su pluma roja, es como si nos cantara ‘eres una rata de dos patas’… que no escribe bien.”

Hacía mucho que no me reía tanto, de mis ojitos salían lágrimas. Todos estábamos doblados, agarrándonos la panza de lo mucho que nos hizo carcajear Fulanito. Nadie se lo tomó a mal, mucho menos yo.

Es suave eso de poder enseñar y reír al mismo tiempo. Muy suave.
(Sólo espero nunca tener el corte y el cuerpo de Paquita).

CRÓNICA DE UN BUEN DÍA

Ayer fue uno de esos llamados días buenos.

  1. Estaba medio afónica pero igual me las ingenié para dar clase. Tocaba el turno para hablar de la Generación del 27: leímos a Machado, a Hernández y, por supuesto, a Lorca. Mis alumnos que se resisten a la poesía, lograron amarlos. Aproveché el raite y hablé (¿de más?) de la Guerra Civil Española, incluso comenté sobre la Ley de la Ciudadanía Española, tema en boga esta semana. Cerramos con la lectura del artículo “Un secreto esencial” de Javier Cercas en la voz de Ariadna Gil y con las imágenes de esa España. Salí, claro, más afónica pero satisfecha.
  2. Después, con mis alumnos de profesional, retomamos el tema de la comunicación oral y el discurso. Y como yo sabía que no tendría voz, planee presentarles dos videos: un discurso de Hitler y un discurso de Obama. Impresionante cómo ellos solospudieron discernir y hacer agudísimos análisis de lo que llamamos las vvv de la comunicación oral: lo vocal, visual y verbal. Al final de la clase un alumno, admite con honestidad, que soy tan “gacha” radical con el asunto de la gramática que cuando escribe se la pasa revisando si puso o no puso acentos, incluso en sus trabajos para otras materias. Me di una palmadita invisible en el hombro.
  3. Llego a mi escritorio y Xitlalitl a quien llamo mi editora estrella me platica que mi novela que publicará Tierra Adentro está ya casi en el horno y que la portada es, y cito, “¡Hermosa!” pues se trata de una fotografía de nadamás y nadamenos que una de mis artistas favoritas: Daniela Edburg. Mi sonrisa borra la necia tos.
  4. Suena mi celular y mi querido señor EME, recién desempacado del DF se reporta para decirme que ha traído, como cada vez que viene, regalos para mí y para el de casinueve. Una deliciosa selección de libros se asoma de una bolsa negra.
  5. Depositaron la quincena (¡no es eso ya un buen día?!), hice mandado, compré, en este orden: disfraz talla 8, una calabaza, un espejo, dos litros de jugo de soya y naranja, un tinte, un bote de basura, catorce clavos de concreto y más pintura para mi casa.
  6. Le marco a cierta persona que hace un bello intento de subir su rating en mi vida. Lo logra, lo logra (cuelgo y no le digoque su sola voz sube todo rating).
  7. Llego a casa, es tarde ya, me pongo a trabajar en la traducción de un relato de mi tejano y fiance favorito. Leo, disfruto. Traduzco y disfruto. Qué placer, qué placer es leer con ojos de lectora y traducir con ojos de escritora (¿o era al revés?)
  8. Se dan las diez de la noche y llega a mí, como todo lo raro y mágico que llega a mí, la voz de Bulgákov quien dice “Las personas inteligentes han observado desde hace tiempo que la felicidad es como la salud: cuando la tienes, no la percibes”.
  9. Cierro la página y me digo: Yo enferma y todo, la percibo, esa, la felicidad, pues.
  10. Apago la luz y la voz de mi bipolaridad imaginaria pregunta: ¿Y qué pasará cuando la salud vuelva o cuando la felicidad se haya ido? Le contesto: no sé, no importa, en verdad no-im-por-ta. Ya me preocuparé por eso cuando sea tiempo de eso.

STILL SICK, BUT

Sigo enferma, pero no con ese ánimo del enfermo que carga el mundo, sino del enfermo que está bien consciente que su cuerpo está sacando viejos bichos, viejos vicios, viejos viejos. Mi cuerpo, todo chaparrito él busca la forma de sacar lo que en el alma estorba. Y lo hace en forma curiosa. Hoy me puso a pintar, hoy me puso a armar y desarmar esos marcos, a sacar esas fotos de su rincón, hoy me puso a escuchar música que hace mucho no.

En mis paredes, finalmente, ya están tres fotos de Omar, dos fotos de Donovan, una de Venegas, y varios deslices de colores que me alegran. Como esta tos, que cada que aparece, deja salir el bicho del hábito, el viejo hábito.

SICK

Fiebre.
Tos.
Dolor de oído y garganta.
Tos.
Fiebre.

Pero bendito sea el maratón de Dr. House. La única manera de sobrevivir un domingo de fiebre, tos, dolor de oído y garganta… más fiebre y más tos.

WORDS

I told him last evening. I wasn’t going to put it off. Why? Because words make things happen. Once they are out, you cannot put them back. Everyone knows that. So, I used them. The words.

I was trembling, you know, trembling all afternoon, all day. Speechless.

Some hours before that, the day seemed innocent, complete. Coffee, newspaper, the search for the remote control, what time is it?, what’s for dinner?. It was the last time of a complete family. My last night with the man i know since always, the man i know everything about and want no more of.

There, I’ve said it.

We have now become strangers.
And all because of words.

Words are fearful.
(No wonder they are endanger species.)