UNA NO HABLA DE ESTO (notas sobre la susodicha novela)

“Soliloquios, diálogos, epístolas, son el vehículo del lenguaje de Una no habla de esto. La narrativa de Sylvia Aguilar Zéleny da testimonio del ejercicio diario de medir el tiempo a través de las incidencias de sustancias químicas en el cuerpo, la compulsión de contar los años que se envejece, la tendencia neurótica de la sociedad contemporánea al cambio. Una novela que se construye en una ciudad transitada por millones pero sólo habitada por el individuo.

Una no habla de esto explora los estratos poéticos de los textos urbanos –boletos de avión, por ejemplo- y los acomoda en el rompecabezas de una tradición literaria que tiene lo lozano de Óscar Wilde, Pablo Neruda y Banana Yoshimoto; mientras se tira a la cama a escuchar a David Bowie, Pixies o Radiohead. Estas correspondencias, conversan con el existencialismo precoz de Sylvia, el personaje de este divertido relato que transgrede la monocromía de un género literario establecido, y que mezcla poema y relato; el acto de hablar, con la práctica cotidiana del silencio”.

Xitlálitl Rodríguez

UNA PRESENTARÁ ESTO

Hela aquí.
La despeinada y suertuda novela ya tiene padrinos y madrinas. Se avizoran dos presentaciones ya. Una organizada por el IMCA donde contaré con los comentarios de la que ya dijo que sí y no se puede rajar: Josefa Isabel Rojas. La otra será en mi segundo hogar: la biblioteca del ITESM, donde estará -también inrajable-

Leticia Espriella. Abran agendas entre febrero y marzo.

RAT(ATOUILLE) OF MY OWN

No sé ustedes, pero yo tengo mi propia Ratatouille. Una personita dulce (pero no peluda) que cuida de mí. Se me trepa cuando es necesario corregir el camino, me jala del cabello suavemente y me dice por aquí, por acá, esto sí, esto no.

No, no me enseña a cocinar pero sí me dice qué condimentos, qué ingredientes y qué formas son necesarias para que las cosas salgan bien. También me dice qué condimentos, qué ingredientes y qué formas son necesarias cuando las cosas se joden. Digo, porque hay veces que las cosas así, se joden. Pero hay forma de que se sientan cada vez menos hasta que al final sólo quede un rumor.

Mi Ratatouille me hace reír, me hace conversar y se hace escuchar: ya sea en una ventanita de la compu, en el teléfono o en mensajes de celular. Se hace presente. Mi Ratatouille me corta el cabello, me ayuda con mi tinte y me dice qué sombras quedan más a mis ojos. Mi Ratatouille tiene una casa de colores y un jardín bello, un hijo de casi tres años y mucha, mucha habilidad para hacerme reír.

Yo, quisiera ser su Campanita, pero no tengo las piernas ni los muslos necesarios para el trajecito; a lo mucho, creo que soy su Pepe Grillo, pero un buen Pepe Grillo, ¡eso sí!

JUNTITIS (artículo inédito para Revista Médica)

¿Qué es la juntitis?La juntitis es una inflamación del dispositivo júntico, que es la parte gris de toda organización.

¿Cuáles son las causas más frecuentes de la juntitis?Las causas más frecuentes son los inicios y fines de ciclo aunque otra causa muy frecuente es la obsesión. Se dice que también puede surgir como resultado de alguna irritación dentro de la organización misma.

¿Cuáles son los hallazgos más frecuentes de la conjuntivitis?
El hallazgo más frecuente es que la juntitis causa agotamiento, dolor de espalda y de muñecas (derecha o izquierda), enrojecimiento en los bordes de los ojos. Se acompaña de sueño y en algunos casos de babeo durante el mismo.

¿Cómo puede curarse la juntitis? Para la juntitis, no hay una cura única debido a su imprevisibilidad; sin embargo, se sugiere que el paciente ingiera grandes dosis de café o de chicles, haga listas mentales sobre pendientes personales y pula sus uñas mientras el padecimiento se presenta.

EL MORRO

Es un bull, un bull blanco. Es grande, fuerte. Apenas un cachorro. Impregnaba la casa del ajusco de gusto, de cariño, de calidez. Sus grandes patas sobre las piernas de su dueño. Su caminar lento y pesado. Gracioso.

Se lo llevaron, entraron, rompieron la malla ciclónica y se lo llevaron. El dueño me ha llamado y me lo ha dicho. Para él, el morro no era un perro nada más. Era su pequeño, su más pequeño. Sabe que yo lo entiendo y por eso me lo dice. Sin embargo, no encuentro palabras, mis palabras son un remedo.

Cuelgo, le digo a mi hijo: se robaron al morro. Y su cara me dice que él, que él también entiende qué es lo que se robaron junto con el perro.

SENCILLEZ Y REGULARIDAD

En las mañanas una se levanta quitándose la maraña de sueños y pesadillas, deja la cama, camina por la casa, manda un mensaje, vuelve a la cama, toma un libro y lee: “Our life was ordered with great simplicity and regularity…” y entiende. Todo lo que creía entender y que en realidad no entendía de la vida que estaba ordenada con gran simpleza y regularidad se vuelve valioso y entrañable, extrañable.

Creo que pocos en este mundo ven a la sencillez y a la regularidad como algo exquisito. Yo, recién aprendo eso. Esta mañana, lo aprendí, creo. Y bueno, no lo aprendí en los dos años que están por cumplirse, pero lo aprendí. (El conocimiento tardío y sus consecuencias, sería una buena tesis, anótalo para el posgrado).Yo me quedo con eso, lo guardo en la mano como esa moneda que te encuentras en la calle y a quien llamas moneda de la suerte. La tomas, a la moneda, y la aprietas en tu puño como si así. Como si la suerte y la fortuna pudieran.

En mi puño no hay moneda de la suerte, sólo la memoria de una vida con sencillez y regularidad. Y de eso, de eso también se hace la vida.

La línea, por cierto, viene de un libro de Virginia Woolf que se llama Moments of being y el texto en particular se llama Reminiscencias, la autora encuentra una voz y desde o a ella ella narra su vida familiar; sí, ya lo sé, todos los caminos me llevan a Woolf.

HOY

Hoy somos fruto de temblor
toque de queda
submarino silencio.

Guadalupe Villaseñor, Ramal de viento

PRESENTE PERFECTO

He amado a una mujer, he vivido – por días enteros – en el espacio claro de su vientre, he naufragado en su cuello. He recorrido la distancia que hay entre su frente y sus tobillos. He cruzado la línea oscura que esconden sus muslos. He creído – más de una vez – que no hay nada comparable con el placer de horadarla.

He besado a una mujer como instinto de supervivencia, como quien sale del mar buscando la bocanada que le devolverá la vida. He besado como si nunca antes lo hubiera hecho.

Pero, también, he golpeado a una mujer.

He golpeado a una mujer porque no he sabido qué más hacer para detener su paso, su prisa, su risa. He fracturado el cuerpo que busco – necio – al final y al principio del día. He limpiado – con mi lengua – la sangre de sus comisuras. He curado las marcas de mis puños sobre su piel.

Yo, he caído – vencido – ante una mujer que duerme con el miedo de amanecer en mis brazos.

SADNESS FOR THE PAPER BAG

Driving in the rain, I see a crumpled brown thing ahead in the middle of the road. I think it is an animal. I feel sadness for it and for all the animals I have been seen in the road and by the edge of the road. When I come closer, I find that it is not an animal but a paper bag. Then, there is a moment when my sadness from before is still there along with the paper bag, so that I appear to feel sadness for the paper bag.

Lydia Davis, Almost no memory.

¿QUÉ SIGUE?

1. Felicitar tardíamente a las cumpleañeras navideñas: la Myri y la Pedroza.
2. Felicitar tardíamente a las cumpleañeras de año nuevo: la Marian y la Espriella.
3. Visitar a la francesa y a la alemana y compartir los highlights de las vacaciones, del viaje, de los días sin hacer nada y las series de televisión que vimos y que veremos.
4. Ver una vez más el precioso horario de este semestre.
5. Planear la llegada de Giuliana que viene desde Columbia University a trabajar unos días por acá y que será mi huésped favorita de enero.
6. Trabajar en los detalles de ese cuentario que frunce el cejo por mi ausencia.
7. Ver una vez más los dos libros de Davis y de Nelson que me esperaban sonrientitos en mi escritorio. Decidir cuál leeré primero.
8. Contar las horas para volver a casa y terminar la segunda temporada de mi cojo favorito.