EN ROSARITO
En otra casa. Con otros colores. Con otra vista.
Corrijo:
En una bella casa. Con unos bellos colores y con una hermosa vista.
Así es el lugar en el que estoy.
GOING AWAY FOR A FEW DAYS BECAUSE…

Because I can. Because they want. Because I want. Because I need. Because because. Because I should. Because I need to download (not in them, of course). Because I want to reload. Because I want to think. Because I dont want to think. Because I might find there what definitely is not here. And if it isn’t there, then this is a good time to stop looking for it.
LA OBSESIÓN Y LA FORMA
César Pavese decía que la literatura es parte obsesión y parte forma. Que cada obsesión tiene una forma que le corresponde y que si la obsesión no encuentra su forma, entonces el texto -la novela, el cuento, el poema- es más obsesión que forma; por otro lado, cuando obsesión y forma se encuentran en perfecta sintonía entonces y sólo entonces se concibe como un acto de casi-perfección, La obra literaria. El problema es cuando ocurre al revés, cuando se encuentra la forma y se trabaja en la forma y se piensa y se piensa en la forma y se escribe con menos o sin obsesión. Entonces el libro, se pierde. No existe. No es.
En mi escritura: Yo no sé si he encontrado la forma. Pero sé, muy bien, que la obsesión está aquí. Mi escritura es la escritura de la obsesión. Mi libro es el libro de la obsesión y está buscando su forma.
Algo me queda claro: la única forma de escribir de la obsesión es con obsesión. Y hay que decirlo: mi obsesión busca su forma.
SUNRISE ORANGE
Sigo pensando que la mejor forma de abandonar necedades, monólogos absurdos, la ansiedad o el simple mal humor es haciendo cambios. Embelleciendo el lugar en el que vives.
El viernes moví todos los muebles de mi oficina. El sol sale ahora del lado derecho.
El sábado acomodé algunos cajones (no muchos, la verdad)
Pero el domingo ocurrió lo mejor, me armé de valor y de mi mejor billete de cien pesos y me fui a comprar pintura para una pared de mi cuarto.
Estaba yo ahí en mi Walmart favorito, en la sección de pinturas. Nadie atendiendo. Voceaban y nada, nadie llegaba. Pasaba el tiempo, la primera vez que mi vi reloj ya iban 17 minutos de espera; a los 24 pensé en irme pero me dije: “si me voy, no vuelvo, si me voy, me llevaré a casa el mismo ánimo y el mismo color del día”. Así que saqué la novela que traía en mi bolsa (siempre cargo una novela en mi bolsa) y me puse a leer y esperar. Leer y esperar.
Finalmente llegó el tipo. Le indiqué el color: “Sunrise Orange”, me dijo. Asentí. ¿No es acaso el mejor nombre para el color que le alegrará cada mañana?
Así que ayer, mientras escuchaba dos, casi tres capítulos de Dr. House, mientras mi hijo se traía su comida dominguera a mi cuarto, yo, yo llenaba mi habitación y mi vida de sunrise orange.
QUIZÁ
¿Sería capaz de ver, bajo su ropa de enferma, su cuerpo de enferma, su piel de enferma, la energía nueva que ahora la animaba y brillaba en sus ojos marcados por el cansancio y el pesar? ¿Sería capaz de reconocer, como ella, el misterio del impulso de la vida en medio de una noche tan quieta y silenciosa que bien podría pensarse que había detenido el mundo, que estaban atrapados en un lienzo cuyos límites eran imposibles de vencer?
Quizá el amor no era otra cosa que aquel impulso; quizá hasta entonces lo había ocultado cargándolo de atributos, cuando sólo era un instinto desnudo y subterráneo.
Puente en el cielo, Adriana Díaz Enciso
CRÉANLO O NO
Entre que sí y que no. En los siempre sí y los siempre no. En los la voy a hacer y los no la voy a hacer. Así, pues como no queriendo: la terminé.
Es el borrador del borrador del borrador, lo sé.
Pero ella, la que traía a cuestas, esa unión de memoria, palabras, emociones, inventos y experimentos, terminó.
(hasta nuevo aviso)
SOBRE LAS OCHO COSAS ANTES DE MORIR
Ya sé que lo que voy a decir no está bien, de veras que no está bien pero alguien lo tiene que decir. Este ejercicio de escribir las ocho cosas que uno quiere hacer antes de morir ha sido muy divertido. Leo las de mis invitados y las de los invitados de mis invitados y los quiero más o los extraño más. Lo que es peor, hasta tengo ganas de que ya sean nuestras horas de morir pero que conste que sólo para que los deseos y sueños de todos se cumplan bien cumplidos.
Les dije, no estaba bien lo que iba a decir. Especialmente porque no me da ni una fregada gana de asistir al funeral de nadie, ¿me oyeron? de nadie. Así que para evitarme estos sentimientos absurdos vale más que ustedes, mis invitados y los invitados de mis invitados, se las vayan ingeniando para cumplir sueños, deseos y demás cosas porque sí y no porque se van a morir.
Dicho lo anterior los obligo, sí, los obligo a leer lo que han puesto muchos de los dueños de los links que están aquí al ladito.
Se les quiere -y se les quiere vivos-, atentamente YO.
DON MARCOS
No sé cómo ni por qué, cuando el tal Orsai actualiza su blog me llega un mensaje a mi correo. A veces hago caso, pincho la liga y leo. A veces no. Hoy, sí, hoy entré y no porque me guste demasiado Orsai sino porque lo que escribió se llama Don Marcos e inicia así: “Dos veces, y no una, mi abuelo materno me ayudó a ser un escritor…” pero dejo de leer. Yo dejo de leer.
Lo que pasa es que una, como muchos, oye “Don Marcos” y piensa en DON MARCOS, el papá del Omar. Ese que desde temprana hora ya está sentado afuera de su casa, esperando a que el joven (oséase el Tam) le prepare el desayuno. El que luego está parado en la reja, al lado de la herrería. El que ve el televisor, o hace como que ve el televisor y en realidad está dormido. O bien el que hace como que está dormido y escucha todas-todas las conversaciones que se llevan a cabo en esa cocina donde todos alguna vez hemos dejado un poco de nosotros. Don Marcos, el que un día quedó viudo y de pronto se convirtió en padre de todo el equipo de fut y de basquet del Omar.
Lo siento. Yo no puedo leer que alguien más hable de un Don Marcos. Para mí, y para muchos, sólo hay uno. Y miren que yo, realmente, no sé si nuestro Don Marcos – como el Don Marcos de Orsai- le ayudó a Omar a ser escritor pero sí creo que con un papá como Don Marcos, ¿cómo no ser escritor?
Y si no me cree, lea y luego hablamos. Verá que Don Marcos, sólo hay uno.
TIRED
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