A NON-CONVENTIONAL SPRING BREAKER

No estoy en bikini, ni me echo cantidades enormes de cerveza a mi cuerpo. Tampoco me he metido al mar ni me he metido a bares karaokes; pero sí, lo admito, soy una springbreaker en Rosarito. Estoy en la casa de colores, con mis amigas de colores, veo el mar desde la ventana, escribo desde una mesa de madera con una taza negra de café negro. Descanso, me preparo para el festejo al que vine, pienso en la soportable levedad del ser springbreaker en Rousarirou. Tengo una pila de libros que se van conmigo a casa, prestados por la dueña de la casa. Stein, Hejinian, Michaels, Howe, Ghosh, Carson: me rechinan mis deditos por volver a casay comenzar su lectura.

Hasta para ser springbreaker soy poco convencional.

STILL (to Bam Bam)

Still, this indiscrimnate love feels entirely serious to her, as if everything in the world is part of a vast, inscrutable intention and everything in the world has its own secret name, a name that cannot be conveyed in language but is simply the sight and feel of the thing itself. This determined, abiding fascination is what she thinks of her soul (an embarrassing, sentimental word, but what else to call it?); the part that might conceivably survive the death of the body (…) never speaks to anyone about any of that. She doesn’t gush or chirp. She exclaims only over the obvious manifestations of beauty, and even then manages a certain aspect of adult restraint. Beauty is a whore, she sometimes says. I like money better.

Michael Cunningham

NADA

Hay días en que uno no quiere nada. Ni escribir. Ni hablar. Ni hacer esa llamada. Ni mandar ese mensaje. Nada. Uno quiere nada. Uno lo que quiere es acordarse del fragmento de ese cuento que tanto le gusta que repite nada. Uno quiere dejar nada aquí como forma única de traducir(se):

“-Buenas noches -dijo el otro. Continuó la conversación consigo mismo mientras apagaba las luces. Es la luz por supuesto pero es necesario que el lugar esté limpio y sea agradable. No quieres música. Definitivamente no quieres música. (…) ¿Qué temía? No era temor, no era miedo. Era una nada que conocía demasiado bien. Era una completa nada y un hombre también era nada. Era sólo eso y todo lo que se necesitaba era luz y una cierta limpieza y orden. Algunos vivieron en eso y nunca lo sintieron pero él sabía que todo eso era nada y pues nada y nada y pues nada. Nada nuestra que estás en nada, nada sea tu nombre nada tu reino nada tu voluntad así en nada como en nada. Danos este nada nuestro pan de cada nada y nada nuestros nada como también nosotros nada a nuestros nada y no nos nada en la nada mas líbranos de nada; pues nada. Ave nada llena de nada, nada está contigo. Sonrió y estaba frente a una barra con una cafetera a presión brillante.
-¿Qué le sirvo?- preguntó el barman.
-Nada.”

E. Hemingway.

EL PERRO DE LA CASA (relatillo)

uno
Ayer me deshice del perro de la casa. Le abrí la puerta y le dije: “vete”. Él me miró apenas unos segundos y se salió, corrió corrió corrió a la esquina con el contento del que encuentra el viento por vez primera. Luego, regresó. Se paró frente a mí y se sentó. “No”, le dije,”vete, ya eres libre, tienes que irte” y cerré la puerta.

Lo escuché ladrar mucho tiempo.

Con los ladridos de fondo me escuché diciendo hace muchos meses “lo único que nos falta es un perro” porque, entonces, así lo creía. Un perro era lo único que necesitaba esta casa para ser un hogar. Todo lo demás estaba dispuesto. La cocina armada, los tapetes en la sala, el comedor. Los adultos en una habitación y el niño en la otra. Y si bien el niño era sólo sangre de uno de los adultos, el niño era también el cariño del otro de los adultos. “un perro, y seremos una familia”, afirmé.

Unos días después el perro, apareció.
Llegó como llegan las cosas siempre: de la nada.

El niño de la otra habitación y uno de los adultos corrieron tras el perro, se aseguraron de que no fuera el perro de nadie. “Nos lo quedamos” dijo uno o dijo otro, no recuerdo. Así me pasa, no lo recuerdo todo.

Pasaron, pues, noches de muchos ladridos, de muchas molestias, de miradas hostiles de los vecinos. Días sin convencimiento. Pasaron, luego, meses de menos ladridos pero meses de otras molestias. Yo me decía, no sé si para tranquilizarme o para convencerme “no, esto no es una familia, esto es un acuerdo y el perro una mascota solamente”.

Los ladridos hicieron silencio. Para la noche, ya había olvidado el perro. Nadie ni el otro adulto o el niño de la otra habitación preguntaron nada.

Cuando nos dormimos el mundo era silencio.

Esta mañana, al volver del trabajo, afuera de la puerta de mi casa estaba él, el perro. Me miraba. Sentí que sonreía. Le serví agua, me senté con él en la banqueta y tuve ganas de preguntarle por qué no se iba y cómo le hacía él para encontrar el deseo de estar aquí, en una casa que no es hogar.

dos
Yo, escapaba del mundo.
Y encontré unos brazos y encontré una puerta y encontré un patio y recibí agua y recibí comida y recibí cariño. Y escuchaba palabras dulces y otras no tan dulces. Y escuchaba palabras que eran para mí y otras que no eran para mí que eran igual, dulces y no tan dulces.

Un día, me abrieron la puerta.
Salí, corrí y luego volví, “vamos”, le dije, “vamos, vamos a correr ahí, allá, lejos lejos lejos”. La puerta se cerró. Le volví a decir “vamos vamos vamos, abre” y nada.

No sé dónde dormí y el frío se siente más cuando no sabes dónde estás.
Volví por la tarde. Esperé. Esperé. A uno no lo reciben así para luego dejarlo ir, así.
Y me quedé, al lado de la puerta, al lado de la casa, alguien habrá de venir, abrirá la puerta y dirá “entra, tú, eres el perro de la casa”.

tres
Mi madre lo encontró, “mira, mira ese perro, puede ser el nuestro”. Tocamos las puertas de los vecinos, preguntamos a los vecinos. Este era el perro de nadie y se hizo el nuestro. El perro de la casa. Se lo mostramos a él y me preguntó”¿tú quieres un perro?” y yo dije “sí, está bien”.

Juntos le compramos el collar,el plato, las croquetas.
Tomábamos turnos para darle agua, darle comida, acariciarle el lomo.

Un día dejamos de hacerlo.

Fue cuando mamá dijo: “este perro se tiene que ir”. Y lo hizo, ella le abrió la puerta y se fue. Yo, yo no sé que siento, dibujo un perro en mi cuaderno de mate y le escribo abajo el perro de la casa. Sí, me gustaría llegar a casa y que él estuviera todavía ahí. Así como me gustaría llegar y que mi casa siguiera ahí. Porque a veces, a veces creo que un día voy a llegar y nada, nada estará ahí.

Mi casa, será un terreno vacío.
Un mundo sin casas.

LARGA, ESTABLE

Anoche me di cuenta que la relación más larga y estable la he tenido contigo. Y mira que me has hecho enojar un par de veces y mira que imagino que yo a ti también.

Pero piénsalo: son DOCE años.
Piénsalo aún más: son DOS mil kilómetros entre tu hogar y el mío.
Los e mails no son muy frecuentes que digamos.

Y sin embargo, esto es inquebrantable.

Supongo que para nuestra amistad vendrán muchos años más: tú proveerás autores y libros (ah, claro y películas y cervezas y cenas); yo proveeré historias y sonrisas (sí, ya sé, también lágrimas y quejas). Y nuestra amistad seguirá alimentándose y alimentándose. Admítelo ¿con quién hablas tan a gusto de libros buenos y de libros malos?

La nuestra es la amistad más larga y más estable que he tenido. Lo juro. Lo agradezco. A veces me pregunto si aquí de plano eres tú quien sale perdiendo, pero no me lo pregunto muy seguido como podrás darte cuenta.

Te quiero, eMe.
Bon Voyage.

ENCUENTRO CON

Anoche inicié la lectura de Encuentro con Antonio de Dulce María González. Tecito en mano, almohadita bajo la cabeza, bien arropadita, abro el libro, inicio con los epígrafes, perfecto el primero, me voy al segundo y PLOP. Comprueben ustedes:

“Entonces aquello que, por piedad hacia mí, no quería yo
pensar, entonces lo pensé. No pude impedírmelo más, y
pensé lo que en verdad estaba yo pensando”

Caray, caray, caray. Vaya formas.

Inicio la novela con un epígrafe que quita el aliento y un primer párrafo que arroba. ¡Vaya formas!:

“-Así estará de pie- dice Mónica y se mira a los ojos que repiten sus ojos hasta cerrar el círculo de sí misma en el espejo. Está atrapada en ese mundo de Mónica mirándose”

Me digo una vez más: “nada como un buen libro para acompañarlo a uno, en esos momentos de uno”.

(el susodicho epígrafe, por cierto, es nada más y nada menos que de Madame Clarice Lispector)

LA IMPRESIÓN

Hay días en que sólo tengo la impresión de vivir. No la certeza, la impresión solamente. Hay días que pasan tan rápido que apenas los siento, no me doy cuenta y mira ya están allá, allá en la página del calendario que se ha tirado. Hay días en que hay mucho, en que hay tanto que no me doy abasto. No doy a vasto.

Llego aquí y son las 6:40 am. Cuando miro el reloj ya son las casi once. ¿A dónde se fueron las últimas horas? ¿Las viví? Cierro los ojos y ahí está esa calle de lodo seco en Rosarito por donde camino con Jenny, si los mantengo cerrados están las escaleras de casa de mis padres y subo porque voy a saludar a mi hijo que duerme en una cuna. Y todavía no son las once am.

Manejo, camino, doy clases, califico, camino, manejo, voy a casa, limpio, arreglo, me baño, preparo la ropa, veo la tele, leo y me voy a dormir. Manejo camino doy clases califico camino manejo voy a casa…

A veces no tengo la certeza de vivir, sólo la impresión, la impresión de vivir.

ALTERO

De acuerdo a la Real Academia Española de la Lengua, la palabra altero significa:

1. m. Méx. montón (‖ conjunto de cosas sin orden unas encima de otras).

De acuerdo a la Real Vida de Sylvia Aguilar Zéleny, la palabra altero significa:

1.m. Yo. Una torre de ensayos, exámenes y tareas que esperan ser calificados antes del viernes.

AYER, 3:05 PM

Ayer a las 3:05 pm nació la hermanita de mi hijo…
Hey, no, no me miren a mí. Yo no tengo nada qué ver.
Esta tarde seré espectadora del primer encuentro del de casicasi 9 con la de casi casi 24 horas.
Ambos están bien, la peque muy fuerte con sus 3 kilos 500 gramos y mi hijo con sus yanosécuántos kilos ha admitido: “bueno, al menos me tocará ser el mayor”.