EL LIBRO DEL DOLOR

Supongo que todos tenemos en algún lugar de la memoria o en algún lugar del diario ese que escribimos a escondidas una sinfonía del dolor. Una lista, una breve reseña, un recuento de nuestros momentos de dolor: la primer caída, las otras caídas, el primer corazón roto, todos los corazones rotos, choques, reveses, etc. etc.

Yo, al dolor, lo conocí primero en otro. En otra.

Mi gran lectura de los 8 a los 10, 11 años era el Selecciones de Reader’s Digest que llegaba a casa mensualmente. Ahí me enteré quién era Margaret Thatcher, dónde estaban Las Malvinas y, en especial, la dolorosa vida de la artista mexicana que usted puede encontrar en bolsas, carteras y camisetas: Frida Kahlo. Fue mi primer gran acercamiento al dolor. El de Frida, es un arte del dolor.

Pasó el tiempo y yo pasé a otras lecturas. También a otros dolores, Aprender a andar en bicicleta, por ejemplo. Las rodillas raspadas. Las uñas arrancadas por una puerta. Despedir a los hermanos que partían a estudiar a otras ciudades. Abandonar la casa de la infancia para mudarse a un fraccionamiento donde todo, hasta las mangueras, eran iguales. Dolores distintos, pero dolores al fin. Luego, con los años, vienen los dolores compartidos, con la familia, por la familia; con los amigos, por los amigos. Con los hijos, por los hijos.

Por supuesto, pensé en esto el fin de semana, el dolor de uno mismo lo llevan a los terrenos más tristes.

Hoy, me siento mejor, hoy he pensado que abrir de vez en cuando el libro del dolor no es tan terrible como uno pudiera pensar.

THE HOURS

He says, i don’t know if I can face this. You know. The party and the ceremony, and then the hour after that, and the hour after that.”
“You don’t have to go to the party. You don’t have to go to the ceremony. You don’t have to do anything at all.”
“But there are still the hours, aren’t there? One and then another, and you get through that one and then, my god, there’s another. I’m so sick.”

MC

OOPS, THEY DID IT AGAIN

La culpa, como siempre, la tienen los de atrás. Los que ven el verde y aceleran sin pensar en que primero tiene que acelerar el que está adelante de ellos. Los que ven un ligero movimiento de llanta y aceleran sin pensar más que en avanzar y acabar con el cuello del conductor del otro auto. Sí, volvió a pasar. Un wey le pegó a mi carro. No, al carro no le pasó nada, un rasponcito. Me bajé, revisé, envié la peor de mis miradas al tipo que ni se dignó a disculparse o a bajarse de su auto y me fui.

Manejaba al infinito y más allá, oséase al Tec (que como algunos de ustedes saben está en el infinito y más allá de esta ciudad) y el dolor entre espalda alta y cuello, aumentaba, aumentaba, aumentaba.

No he ido al médico, realmente hoy es un día en que TENGO que estar aquí por un par de clases y una junta imprescindible. Luego, lo juro, voy al médico para que me diga lo que yo ya sé y me ponga lo que yo ya conozco tanto como a la palma de mi mano.

Me duele, pero no es el fin del mundo.

Tómese usted este post no como una persuasión a que usted sienta lástima por una sino simplemente como la catarsis de una, una con una vértebra ligeramente deslizada.

FIN.

HASTA LA VISTA

Mi nombre es Sylvia Aguilar Zéleny
(aquí es donde ustedes dicen: Hola Sylvia)

y yo, yo… (momento de intenso drama), yo ODIO el windows vista.
(y luego comienzo a narrar mis malos mis terribles mis más espeluznantes momentos con el windows vista y ustedes me miran comprensivos y aplauden mi valentía y honestidad)

TACHE USTED LO DE VIRGO-ACUARIO, EN REALIDAD SOY VIRGO-PISCIS

Hace rato escribí que mi Gurú Regia aseguraba que mi ascendente era acuario y me tuvo como cinco horas muerta de terror. Pero ya revisé bien y resulta que soy Virgo-Piscis y juro por el tarot que nos mira desde el cielo que eso tiene más sentido. Y les haría un copy-paste de la explicación de mi ser virgopiscis pero luego son capaces de usarlo en mi contra.

SYLVIA COMIENZA ELSINORE

Estoy soñando que escribo este relato. Las imágenes se suceden y giran a mi alrededor en un torbellino vertiginoso. Me veo escribiendo en el cuaderno como si estuviera encerrado en un paréntesis dentro del sueño, en el centro inmóvil de un vórtice de figuras que me son a la vez familiares y desconocidas, que emergen de la niebla, que se manifiestan un instante, circulan, hablan, gesticulan, luego se quedan quietas como fotografías, antes de perderse en el abismo de la noche, abrumadas por la avalancha de olvido y sumirse en la quietud inquietante de las aguas del lago. Las palabras que escucho mientras sueño que escribo parecen venir de un más allá…

Salvador Elizondo

SUEÑOS Y MUERTOS

Escuchado, leído o inventado por una (que ya no sabe distinguir de donde viene lo que una apunta donde una apunta):

“Los muertos, como los sueños, tardan en salir de uno”.

Y con esta línea iniciaré un nuevo texto, si alguno de ustedes reconoce la procedencia de la línea mucho lo agradeceré, tampoco se trata de hacer plagio a la brava (aunque el plagio, siempre es bravo).

Atentamente: La Ermitaña.

ERMITAÑA

Desde el sábado 22 de marzo a la 1 de la tarde no salgo de casa y, si por mi fuera, no saldría hasta que llegara el 30 de marzo (que es payday). Estoy en mi mejor y mayor plan de ermitaña. Recibo llamadas y visitas (aunque a veces apago las luces y el celular y juego a que nobody is home). Me gusta mi casa, ¿qué quieren que haga? me gusta mi casa y mi cama y mis paredes y que las distancias sean tan cortas aquí adentro que en un tris uno pueda ir a la cocina, robar algo del refri, llegar al baño, verse en el espejo o asomarse por una ventana.

Este es el plan de la semana siguiente: ir a trabajar, volver y no salir de casa. No visitar a nadie y dedicar mis días a mí, a mi hijo y a la lecto-escritura. Así que, diría Rotten, hasta para ser ermitaña soy geek.

No, no estoy peleada con el mundo, es sólo que el mundo ahora necesita que yo esté en mi casa de paredes naranja y café, sitiada en mi epidermis (de ermitaña).