MÉTODO

Querida Túyasabesquién:

Anoche leí en un libro gordo-gordo que a las tres de la madrugada a todo el mundo le vienen a la cabeza muchas cosas (aunque yo pienso que esas cosas bien le pueden venir a uno a las 11 o 12 de la noche). Pensamos en esto y en lo de más allá, decía el autor. Y es cierto. A todos nos ocurre lo mismo. El clan de los insomnes pensantes.

Quizá cada uno de nosotros (esos a los que nos da por pensar a las 11, 12 o 3 de la mañana) tenga su propio método para evitarlo o minimizarlo. Yo no sé si tú tengas uno, pero mientras lo encuentras, recuerda que siempre, siempre, estaré a un teléfono de distancia.

Ese, bien podría ser un método para no pensar o bien, para no pensar tanto.

LIFE, ACTUALLY

If I deeply think about it, the one thing I missed about living with someone (and I mean, living as a couple) is the night chat. That moment, those few seconds before you turn off the light when you exchange whatever comes to your mind and soul, when you hear whatever comes to the mind of your soul. When you receive attention and you gladly offer yours.

I was thinking on that last night as I did my usual night reading in silence. Then, he knocked on my door. Told me he couldn’t sleep. Can I stay for a while to talk?

He had just read my mind.

And we did.
We talked.
The boy with the brown eyes and me, hada nice, sweet and deep chat.
The one I like right before the lights turn off.

Then, he leaves, back to his room.

I turn off the lights.

As I tried to find my best sleep posture I decided that in my life, actually, i should not miss anything at all. I already have someone who fullfills my crave for the night chat. At least, once in a while, for some more years.

A PROPÓSITO DE JARDINES

para nuestra jardinera fiel
  1. “Por decirlo de la forma más sencilla posible, para mí escribir novelas es un reto, escribir cuentos es un placer. Si escribir novelas es como plantar un bosque, entonces escribir cuentos se parece más a plantar un jardín. Los dos procesos se complementan y crean un paisaje completo que atesoro. El follaje verde de los árboles proyecta una sombra agradable sobre la tierra, y el viento hace crujir las hojas, que a veces están teñidas de oro brillante. Mientras tanto, en el jardín aparecen yemas en las flores y los pétalos de colores atraen a las abejas y a las mariposas, y ello nos recuerda la sutil transición de una estación a la siguiente”.
  2. Esto, querida Jardinera, no lo escribí yo sino Haruki Murakami en un prólogo a su libro de cuentos; aunque, pensándolo bien, alguna vez quizá te lo debo haber dicho (con mesa de por medio o por telepatía), sin la metáfora del jardín y del bosque seguramente. Así pues, me alegra que juegues con la bugambilia y con el cielo del bosque, ya habrá ocasión de intercambiar bosques y jardines y ayudarlos (ayudarnos) a florecer(los).
p.s. el libro es: Sauce ciego, mujer dormida de H.M.

EN LOS PUENTES

Uno no debería dejar la cama.
Películas, control en mano, botella de agua.
Y cuando se acaban las películas: el libro de la mesa de noche.
Y cuando da sueño, dormir.

Al despertar, retenerse en la cama:
películas, agua, lectura.

Y esperar que el mundo, o el dolor de cabeza, se resuelva solo. No puede uno hacerlo todo a fin de cuentas.

AY

Balacera en Tijuana el fin de semana.
Llamadas requiriendo oídos, apoyo, cariño desde San Luis.
Un hombro que se salió de lugar y una amiga adolorida, triste, sin manejar.
Radiaciones en un cachito de cáncer (que por lo menos tiene la bondad de ser benigno).

Y mientras todo esto ocurre en esta parte del mundo, en la otra, una mujer sale a la luz después de 24 años de vivir en un sótano.

PÉTALOS

Los pétalos están aquí.
Llegaron por correo.

Llegaron con cariño.

Yo sé que los pétalos son suaves, pero estoy segura de que estos pétalos, serán incómodos, retorcidos; y es que se trata de Pétalos, el libro de cuentos de una de mis narradoras mexicanas favoritas: Guadalupe Nettel.

Ya les platicaré.

SOMETIMES

I just don’t know what to do with myself.

(léase cantadito a ritmo de rayas blancas)

COMPASS NEEDLE

I plant my elbows on my table-desk, prop up my chin and think and think again: When the hell will I ever find the compass needle and get out of whack?