Esta debe ser tu mantra:
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie.
¿Entendido, M.?

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
Esta debe ser tu mantra:
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie
no reprobaré a nadie.
¿Entendido, M.?
Cada año desde hace pocos años en esta ciudad donde reina el calor más infernal (después del mismo infierno, claro está) se celebran las llamadas Fiestas del Pitic. Las calles de la parte mona de la ciudad se cierran, hay expendios de cerveza a cada tres pasos, escenarios, carpas, venta de artesanía, más cerveza, comida muchos estantes de comida (con decirles que me comí un kebab, que más bien parecía un percherón con tabule, pero bueeh); cantantes de por aquí y de por allá. Pareciera que uno le pone aleatorio a un ipod, no el mío aclaro, pasamos de Fernando de la Mora a Óscar Chávez, tocó turno a Lila Downs -que alguien le diga que quite de su repertorio esa versión comunista de La Cucaracha- y hoy cerramos -hínquense todos- con Margarita la Diosa de la cumbia. También quesque anduvo Kinki, se presentó Susana Alexander y -vuélvanse a hincar- Ofelia Medina (bueno ella se presenta hoy).
Lo mejor, para variar, fue agarrar la mesita esa en la calle del Está Cabral, con los amigos que iban y venían, los amigos que pasaban y se estacionaban un rato, los encuentros con amigos que hace mucho que no se veían y la gente desconocida a quien viboreamos de pies a cabeza.
El hijo dice que Las Fiestas del Pitic es SU tiempo, porque es la única vez a la año que tiene permiso de andar sin mamá al ladito de acá por allá, tocando base en mi mesa de vez en cuando para perderse otra hora más en los recónditos estantes, pasillos y demás diversiones que ofrecen las susodichas celebraciones. (Volví a casa anoche con un semi-emo de 9 años con pulseras negras hasta el codo, cintonegro de lomás rocker pero sin la actitud pasivoagresivanegativaemotiva que se dice que tienen los emos) (o eso creo, lo revisaré bien al rato).
Hoy, me duelen las piernas, la panza de tanto reírme, la cabeza y me siento cansada… pero aaah cómo me he divertido (diría normalmente,pero lo bailado nadie me lo quita, pero la verdad no bailé).
Si hay algo que ha hecho este semestre respirable y soportable es la presencia de mis Mafaldas. Mis amigas, mis queridas amigas. He sido calladita y cuidadosa con esto, pero ya basta una debe hablar de esto. Y con riesgo a que me manden a un rincón las demás o me castiguen un viernes, les invito a leer este blog de vez en cuando para que saquen la Mafalda ( o la susanita, o la libertad o el miguelito o el felipito o el manolito o el guille) que todos tenemos dentro.
Y el txt dice: “ando borracho y manejando. quisiera estar contigo” y quien escribe es el amigo que tanto quieres, el narrador con quien tan bien conjugas, el gringo que de gringo no tiene más que el apellido ( y a veces dudas de que sea realmente apellido gringo), el traductor simultáneo que decidió ser traductor simultáneo después de una conferencia (que nos cambió la vida a todos). Y cuando por la mañana te encuentras un correo de él que repite lo mismo y en el que dice otras cosas, y entre ellas que ya quiere estar aquí que ya quiere que llegue esa semana que pasará contigo y con tus otros amigos.
Tú, Sylvíssima, no puedes sino sentirte feliz.
Feliz y agradecida porque lo mejor de ese laboratorio estuvo en la gente, en la gente que no conocías y que ahora no te puedes sacar del corazón.
Mucho y todo el tiempo.
Cuando el hijo tiene problemas con sus amigos trato explicarle que las cosas son así con los amigos, que se descomponen y luego se arreglan. Y como si nada.
No le digo que hay que tener claro que las amistades también tienen sus ciclos. Sus procesos. Un momento están bien y al siguiente se las lleva la chingada. Un momento quieres y te quieren y al siguiente no eres su persona favorita o no son tu persona favorita. Por esto o por aquello. O simplemente porque como seres humanos somos tan pero tan silvestres.
Sería suave no enojarse, sería suave no tener que pasar tragos amargos. Pero también, no nos hagamos, sería suave de vez en cuando echarle en cara a este o a aquel, a esta o a aquella, los silencios, los portazos, la distancia, la mala vibra, los cómos y los por qués con un drama muy digno de Sarita Montiel, Marga López o aunque sea de Edith González. Sería suave -aunque no lo crean- que a uno le echaran en cara todo lo necesario de una sola buena vez. Lo de las dosis pequeñas no se me da. La dosis en gordo, tampoco hay que ser honestos, porque soy de lo más jota y llorona. Pero como las inyecciones, una sola, que duela gacho y voilá.
No le voy a los piquetitos leves pero tupiditos.
Insisto, de esto no le he hablado al hijo. Supongo que si se da el caso lo haré pero si no, ya le tocará a él descubrirlo y encontrar su propia forma de enfrentarlo o de no enfrentarlo. Ese ya será su asunto.
Yo, por lo menos, tengo mi blog. Y escribo lo que quiero o no lo hago. Punto. Pero cuando te enteras que tus detractores te leen casi al mismo ritmo que tus amigos, aunque sea para encontrarte más defectos, te dices bueeehh, por lo menos levanta el rating y si escupen, le escupen a su monitor y no al tuyo.
Fin de la reflexión nocturna tras una pizza del Jessies House al lado de tres niños que se moquetearon dentro y fuera de mi carro.
Según Hanna Arendt toda escritura tiene un único móvil: comprender. Pero, lo siento mucho Hanna, para mí comprender -casi siempre- significa quedarse a osucras. Comprendo y dejo de entender.
Sin embargo, yo no puedo dejar de escribir.
Va, lo he dicho.