FOUTAISES (lo que me gusta y no)

Me gustan las alfombras de bugambilias creadas por el otoño. Me gusta manejar y cantar escuchando la que llamo mi canción. Me choca sentir las plantas de los pies sucias. Me gusta el sonido que se escucha cuando corto mis uñas o las de mi hijo. Detesto sentir la oleada de olor a comida vieja cuando paso por un bote de basura. Me gusta reírme. Me gusta hacer reír. Me disgusta el sabor de la leche tibia. Me gusta estar bajo las cobijas complentamente tibiecita y sentir los pies ligeramente fríos. Detesto el sonido que hace la gente al escupir en la calle. Me gusta el olor que suelta la albahaca mientras la cortas. Odio cuando rechina un estambre o la textura del terciopelo. Me gusta cuando un desconocido me dice salud cuando estornudo. Me gusta abrirle la puerta del Oxxo a alguien que trae a un bebé en brazos. Detesto que la gente te empuje, sin querer, y que no diga nada. Me gusta doblar pantalones. Me encanta contar la misma anécdota con otra persona, por turnos. Me gusta el sonido de una salchicha, del tocino o de la carne mientras se fríe. Me gusta cuando alguien que no conoces te sonríe, por cortesía. Me gustan las palabras esdrújulas y en cambio, me chocan los monosílabos. No me gusta comer sola en una mesa. Me gusta encontrarme, de carro a carro, con alguien que conozco, no importa que no me vea. Me gusta oír cuando alguien se truena un dedo, el cuello, un brazo.

(y todo esto surge de ver esto)

ESCENA EN UN PARQUE (fragmento de algo)

Una tarde estaba con mi hermana, de pie junto a ella. Yo tenía seis, siete años. Estábamos en un parque. Había sol. Columpios. Un sube y baja. Hacia nosotros avanzaba el que entonces era su novio. Era alto, ojos tristes. A veces aburrido. Ahora que lo pienso tenía el semblante de quien vive y duerme en la misma habitación de su madre. 

Mi hermana sujetaba mi mano.
No era mucho más grande que la mía.
Luego.
Vino el tiempo.
Pasaron meses, años, hijos.
Vino la edad.
(No es necesario mencionar que también vino la distancia).
No sé qué día dejé de verla, sólo pasó. Dejé de tenerla a mi lado, de compartir la casa, la habitación. El apellido. Y “en algún punto la ausencia se convirtió en una costumbre”. Así.
Mi historia con ella… No. Corrijo: la historia de ella reapareció meses, años, hijos y edad después. Vi de nuevo a mi hermana. La situación era otra. Frente a frente, sí (y es necesario mencionar que a pesar de eso estaba la distancia).
Una vez la soñé. Me vi de nuevo, de pie junto a ella. Estaban el parque el sol los columpios el sube y baja. Su mano sujetando la mía. No sólo recuerdo el sueño ahora, también siento toda la nostalgia que trae consigo. La certeza de su ausencia. Caí en una tristeza que no descubrí hasta muchos meses, años, hijos después. La edad.
Empecé a recordar otros episodios como el del parque.
Y eso es todo.

EL SONIDO DEL CORAZÓN

Hoy he pensado sobre el sonido del corazón. A veces, poner la mano en el pecho y sentir el ritmo y caricia del tum tum en la palma es el mejor modo de alcanzar el sueño. Sin embargo, hay veces que el sonido del corazón muestra una constancia y velocidad capaces de asustar a cualquiera…

Y ésto, pasó por mi mente en la caminata de hoy.
Música de fondo: Cactus.

(Todos los caminos me llevan siempre a Pixies).

EN LA CAMINATA MATUTINA DE HOY:

Vi dos gatos, un converse negro talla ochomil, una muchacha con una mochila más grande que Hulk, un perro negro tan elitista que cuando pasó cerca del basurero se hizo a un lado, un sapo aplastado (de los que daban lata en el verano), dos casas en construcción y cuatro vacías, un camión que iba a 250 km/hr lo juro y la uñita de la luna a las 5 y tantas de la mañana.

Música de fondo: DeVotchka.

COMO DICE FEIST

“I feel it all”.
Sí, después de un fin de semana de a)durmiéndome hasta que dieran las 4 am o bien b) despertando a las 4 am (en el caso a) desperté seis horas después y en el caso b) me levanté 30 minutos después para caminar bajo la luz de la luna madrugosa).

Sí, después de un fin de semana entre libros, héroes, poemas y música de Feist puedo decir con todas las letras: “I FEEL IT ALL”.

MI REFRI NUEVO ¿HARÁ ESTO?

“Las luces de la calle iluminaban el techo. En la cocina, la nevera volvió a la vida nocturna con un zumbido. (Siempre me imagino la luz interior encendiéndose, retozando con la comida.) Se me ralentizó el pulso.”

Cuando Alice se subió a la mesa, Jonathan Lethem.

CAMBIO DE HÁBITOS

Considerando el elemento llamado “mi salud” me fue requerido hiciera una modificación completa de mis modos, oséase: un cambio de hábitos, mismo que comenzó este martes. Dicha situación comprende lo siguiente:

  • dejar el café (sin comentarios)
  • tomar té verde (y con poca azúcar, demonios)
  • incluir más fruta y vegetales verdes a mi dieta
  • hacer un ejercicio divertido (mi Gurú mencionó hacer samba o danza africana pero decidí que caminar con música y cantar mientras tanto es menos penoso).
  • tomar mucha más agua de la acostumbrada.
  • no pensar tanto (aunque no lo crean, lo hago, pienso mucho) (no es necesario aclarar que lo que pienso en general son puras…)
  • hacer cosas terrenales (no me cabría en un paréntesis la explicación de esto)

¿Cómo voy? Pues voy bien. La nerviolera de no tomar el café matutino comienza a tener menos efecto en mis clases. El té verde es demasiado verde pero alivia el frío matutino y alivia el calor del mediodía si se toma helado. Tengo tres días comiendo ensaladas. Hago abominables y hoy hice mi primer caminata mágico-musical a las 5:35 de la mañana (y mi hijo, como si supiera de lo que se trata ESO, dijo: verás, pronto te acostumbras). Voy a hacer millonarios a Bonafont. Trato de pensar menos pero eso me hace tejer más. Riego más frecuentemente mi albahaca y mi hierbabuena, caminé descalza en el pasillo del patio y ayer saqué la basura.

Cualquier comentario, sugerencia, tip o porra sobre este cambio de hábitos favor de dirigirlo inmediatamente.

NO INTERRUMPIR (la alpargata se deshilacha)

Ayer me llegó de tierras lejanas un libro prestado -por otra biblioteca-, un libro que había buscado por cielo, mar, tierra y otros campus del Tec. Se trata de Alejandra Pizarnik escrito por el genial de geniales César Aira.

Este libro pertenece a la colección Vidas Literarias y es una deliciosa combinación de agudo análisis de la obra y oficio de la autora con un E! Hollywood Story (o si quieren que sea yo más terrenal, como un trabajo periodístico de Silvia Lemus).

Aira relata a detalle -lírico, narrativo y ensayístico- la vida de la poeta desde su nacimiento en 1936 hasta su muerte en 1972. Retomo una línea de un poema no muy querido por la autora en que dice “al final la alpargata se deshilacha”, supongo que sí, que esto es lo que hace Aira deshilacha la alpargata para que el lector la vea en su todo.

(El libro, además, incluye una selección de poemas realizadas por Aira, y uno se siente leyendo los gustos del otro, ¡qué cosa!).

En fin, todo esto para decir:

FAVOR NO INTERRUMPIR, SYLVÍSSIMA LEYENDO. DEJE MENSAJE.

AHORA RESULTA

Entrè al blog de la Gali (Dios tenga su colitis gloriosa) y descubrí que en algún rato de ocio se puso a ver qué carta del Tarot era (imagino que un rato en que su colitis se lo permitió). Y como yo también tenía un rato de ocio (y no colitis sino temperatura) pues que me puse a contestar el dichoso test. Y nada que me salió la mismísima carta que ella, con la diferencia de que yo me fui por el tarot chino.

Así que, créanlo o no, ahora resulta que soy The (low) Priestess:

You are The High Priestess

Science, Wisdom, Knowledge, Education.

The High Priestess is the card of knowledge, instinctual, supernatural, secret knowledge. She holds scrolls of arcane information that she might, or might not reveal to you. The moon crown on her head as well as the crescent by her foot indicates her willingness to illuminate what you otherwise might not see, reveal the secrets you need to know. The High Priestess is also associated with the moon however and can also indicate change or fluxuation, particularily when it comes to your moods.

What Tarot Card are You?
Take the Test to Find Out.

TANTO Y TANTO

Hice tanto este largo fin de semana: entregué mi cráneo y mi sacro a un especialista de cráneo y sacro. Mi cabeza dio vueltas, mi cuerpo se sintió extranjero, mi lengua no encontraba palabras. Me fui a la playa dos días, leí un libro sobre la arena en menos de dos horas, luego la mitad de otro y por la noche releí uno más (el de siempre). Entre una y otra cosa escribí TANTO, por lo menos, treinta cuartillas sentada en una ventana que daba al mar (bueno a un poste, a un techo y luego al mar). Comí delicias y fui tratada con enorme cariño y cuidado. El mar es sin duda un buen lugar para abrir historias.

Ayer caí presa de las garras de una fiebre rarísima; y así, encamada: recibí desayuno de mi hijo y comida de mis padres, comencé un chal que no sé cuándo voy a terminar y no importa. Comencé a ver la primera temporada de Héroes (y por cierto can’t wait to continue today). La fiebre -sin importar cuántos tempras- no cesaba pero que mi dulce hada-vecina voló, alivió y explicó (no sin la ayuda, claro, de La Maestra) y cuando la noche aterrizó en mi techo, la fiebre había bajado, mi rostro era otro y mi expectativa para esta semana reluciente.

Hoy, llego a la oficina y me encuentro con un regalo inquietante, emocionante, hermoso: agujas MUCHAS agujas y estambres provenientes de cierta Capitana que ha roto el flanco del tejido y me hereda la misión.

¡Tengo tanto, tanto qué hacer! No, no es queja es presunción.
(es otra fiebre la que tengo ahora, fibre por hacer)