INSTRUCCIONES PARA EL DOBLAJE DEL TETRAPAK (again)

A todas ustedes quienes me han estado ayudando con los tetrapaks o bien comienzan a hacerlo, gracias mil. Pongo otra vez el video con las instrucciones (que por cierto no incluyen que antes del doblado hay que enjuagar con agua y dejar secar el dichoso tetrapak para que no huela a reminiscencias de baba de bebé).

M.B. es E.


Traduzco: Mario Bellatín (M.B.) es Excelente (E). Continúo leyéndolo y los gestos, movimientos, impulsos dramáticos de subrayar esto o aquello, tomar notas o releer lo recién leído es CONSTANTE. Cuando me regaló ÉL las obras completas (ese librote cuya portada tiene esta fotografía con sus perros revoloteando de fondo) (y que me recuerda esa foto de Dalí, con los gatos, el agua y la silla en el aire), me advirtió que quizá no todo me iba a gustar y me pidió que fuera compasiva.

Compasión no ha sido palabra necesaria.
Antier platicaba con la Rotten sobre esto y le dije, “pinche bellatín, es genial” y agregué “ni necesita la otra mano”. Debo admitir que me sentí después un poco bestia por decir esto pero de momento era la única forma de reconocer el valor de su escritura que es un laboratorio de formas incesante.
Así que, insisto, en resumidas cuentas: M.B. es E.
(y no sé cómo le he hecho para leerlo considerando todas las benditas actividades del congreso del que ya hablé y de la agitada vida de quien aquí suscribe), (pero sé que el resultado de todo esto son ojeras que ni un solo corrector puede cubrir).

MENTES TRABAJANDO (or sorta)

Como si no fuera suficiente haber terminado de calificar dos millones punto ochocientos exámenes y ensayos y pasado igual cantidad de promedios, desde ayer nosotros dulces docentes estamos en un congreso que implica conferencias, talleres, actividades que nos hacen madrugar, estar pegados en la computadora, mover los deditos más rápido que nunca, beber café o té indiscriminadamente, lanzar gritos de vez en cuando por las fallas tecnológicas o la dificultad de las actividades.

Así que hagan como que no existo. Porque, básicamente, no existo. Soy sólo un icono en una plataforma tomando talleres virtuales.

BITE THE DUST (al estilo Pessoa)

Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento…
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural…
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide…

(cachito de Pessoa para comenzar el día)

DILEMA NAVIDEÑO

El viernes pasado, el hijo, sin permiso se llevo su Nintendo DS a la escuela con su cajita portajuegos y un juego nuevecito. Lo llevó en el morral donde llevaba un cambio de ropa para la tarde que pasaría con sus amigos.

El viernes pasado, el hijo, en el alboroto, en el descuido o en el minialzheimer, olvidó su morral con todo adentro.

El viernes pasado, el hijo, se quedó sin su DS.

Esta mañana se encontró en el salón de clases el morral con todo lo que traía dentro, excepto -claro- el aparato que lo hace dichoso a él (y a mí cuando se aburre y no puedo atenderlo en alguna tienda, en algún consultorio o algo así). El colmo es que yo guardo en un cajón dos juegos que le regalaría para navidad.

El dilema de la mañana ha sido. Le compro otro o no le compro otro.

No es la primera vez que pierde algo de valor (el despiste es cosa genética, pienso), y creo que nunca hemos hecho algo al respecto. Puedo aprovechar esta ocasión para que la lección quede bien aprendida y que extrañe el resto de su vida su DS o bien puedo comprar de nuevo el aparatejo y guardarlo (junto con los juegos) y entregarlo cuando considere que la lección está aprendida o bien que ya pasó suficiente tiempo o bien cuando me dé la gana.

Sólo sé que aunque él está muy triste, de momento, no puedo premiarlo ni compensarlo. Eso me dicta la parte de la mamá que quiere formar un hijo. Pero la parte de la mamá que ama a su hijo no hace otra cosa que pensar que le gustaría ir por él a la escuela, abrazarlo, decirle estas cosas pasan y comprarle inmediatamente uno.

Y mientras escribo esto llego, de nuevo a la conclusión, que debo hacer una combinación de ambas cosas. Decirle que estas cosas pasan pero que pueden evitarse. Decirle que hay que valorar un poco más nuestros objetos preciados. Y no decirle que el día menos pensado se le compensará su pérdida y hacerlo, el día menos pensado, compensarle y confiar en que la lección está aprendida.

Ah, la navidad.

FELIZ

Me siento feliz.

Me llegó una caja con cinco libros que habré de fotografiar para ustedes, para mí.
Pasé una noche ABSOLUTAMENTE GENIAL con mis Mafaldas, qué historias, qué anécdotas, qué quesos, qué risas.
Fui más nena que nunca haciendo galletas el sábado por la tarde con mis otras amigas, inglés, español y alemán se unieron para amasar, hornear, decorar. Fotos, risas, el encanto único que se da entre platos, rodillos, azúcar y harina.
Sábado en la noche y domingo entero cerró con cariños, risas, tantas risas, t.v., té chai, lectura y más t.v. me llevó a casa con una sonrisa de oreja a oreja.
Así, sí dan ganas de que ya sea lunes.

SÉ QUE ME RESISTO

Seré honesta, no soy una persona Navidad. Tampoco soy un Grinch, sí me gusta ese asunto de comprar regalos (a tiempo porque tiendas abarrotadas y grandes colas para envolver pueden llevarme a la histeria) (también perder algo en el carro, pero esa es otra historia); me gusta también, por supuesto, recibir regalillos y (ya sé que van a decir qué cursi) pero también abrazos (especialmente de la gente que quiero y conozco) (admito que recibir abrazos de quien no conozco o no conozco bien me saca muchísimo de onda) (y sí, esa ya es otra historia).

Anyway, a lo que iba. No soy una persona Navidad, ese asunto de la decoración: el arbolito, los foquitos, las guirlandas, las esferitas y demás (iba a decir madres pero lo dejaré en:) chucherías no son lo mío. Lo intenté, sí. Por lo menos los tres primeros años de los casi seis que tengo viviendo sola con mi hijo puse árbol de navidad. Siempre me quedaba para el lado de la fregada, pero lo ponía. Hasta que finalmente desistí y le vendí a mi hijo la idea de que no tenía caso poner árbol en casa ni decorarla porque a fin de cuentas la navidad la pasábamos en casa de sus abuelos y Santa llegaba allá con los regalos (claro, era la época en que mi hijo creía en eso de Santa) (aunque ahora que no cree igual sabe que los regalos estarán allá vengan de quien vengan). Así que el asunto de la decoración navideña (como muchas otras cosas en mi vida, debo admitir) las administra mi madre. Y, bendito sea, mi hijo lo comprende.

El colmo es que sí me gusta ver arbolitos. Sí me gusta ver las lucecitas brillar. (Pero detesto las series de luces que incluyen musiquita) (y no se hagan, muchos de ustedes seguro también las odian aunque finjan que no). A veces creo que hasta los monos de peluche (osos, renos, monos de nieve) disfrazados de rojo y verde me parecen simpáticos.

Así que sé que me resisto a la Navidad, pero no está TAN fuera de mi vida.

YA, PUES

Ya vuelve, han sido los tres días más largos.

Atentamente, tu chaparra.

MI TÍA CUCA

Mi tía Cuca nunca hubiera podido ser una Mafalda, por más que lo hubiera querido y por más hilos mafaldescos que la tejían por dentro. No hubiera podido porque su papá no la hubiera dejado; A sus cuarenta años era hora que no podía vestirse de otro color que no fuera café, azul marino, negro, “porque una mujer decente debe usar colores decentes”. Una vez compró un saco rojo en Liverpool, se la jugó, supongo… pero no, nunca se lo puso. Insisto, mi tía tenía más de cuarenta años.

No se casó. El único novio, del que supimos, era un viudo que la adoraba, se quería casar con ella, llevársela a vivir a Oaxaca en su enorme casa, pero no, su papá tampoco la dejó hacer eso porque “¡cómo se iba a casar con un viudo!”.

Mi tía Cuca dedicó su vida a cuidar a sus padres y a estudiar lo que sí tenía permiso de estudiar. Mi tía era maestra de música: tocaba el piano, cantaba ópera, pintaba, hacía cuadros enormes de la Virgen del Carmen en pirograbado, se hacía suéteres y faldas tejidas en gancho o en agujas. Utilizaba su sueldo para pagarle la carrera a su hermano menor y comprar material para su costura, pintura, cerámica.

Mi tía Cuca era prima de mi papá pero se volvió la mejor amiga de mi mamá. A mi mamá le decía Chivis, a mí me decía Sylvita. Me cuidaba cuando era chica y mi mamá estudiaba en la Normal Superior durante todo el verano. Aprendí dos piezas infantiles en piano gracias a ella. Las he olvidado. Pero recuerdo que cantaba precioso y que preparaba el mejor mole oaxaqueño que he probado. Tenía las mejores historias. Sus manos eran las más diestras. Su piel, la más blanca.

Mi tía Cuca tenía el cabello largo, más allá de la cintura “porque así debe ser” le decía su papá. A los meses de la muerte de él, se lo cortó. Creo que fue el único acto de rebeldía que le vi (y ni siquiera sé si fue un acto de rebeldía). Pero siguió usando colores oscuros y siguió viviendo ahí y siguió siendo la hija que cuida del hogar familiar, siguió siendo la tía que nunca se casó.

Mi tía Cuca llegó a los cincuenta, quizá rozaba ya los sesenta cuando se enfermó. El caso más extraño del que he escuchado: se le secaron los intestinos. Larga estancia en el hospital hasta que le sobrevino un infarto cerebral.

Mi tía Cuca, murió el viernes.
Teníamos años de no verla, pero era la tía Cuca, uno sabía que estaba ahí, llamaba en navidad nos decía que estaba cuidando de su mamá que ha llegado a los noventaytantos años y lo ha olvidado todo. Me han dicho que en el funeral la tía abuela comía y reía como si estuviera en una fiesta, ignorándolo todo, como si la persona que estaba ahí siendo velada en la sala de su casa no fuera la tía Cuca, la hija que la acompañó toda la vida, como si esa reunión en que todos vestían de negro fuera una fiesta y no el velorio más triste de todos.

Mi tía Cuca no hubiera podido ser una Mafalda, pero de haberlo sido, hubiera sido la mejor de todas. Estoy segura.

SEMANA D

Esta es, señores, la semana D. Es la semana en que uno dedica deditos y plumas a calificar, calificar y calificar exámenes, a leer ensayos y a sacar promedios (bueno,bueno eso lo hace el excell) (¿ya les dije que finalmente aprendí a usarlo?). Esta es la semana en que uno se acomoda en la silla desde temprana hora y se levanta sólo a comer (y lo que sigue de comer) y se despide de la silla cuando es la hora de salida. Esta es la semana en que a uno se le hacen chiquitos los ojos, en que uno maneja a casa ansiando la camita y el control remoto…

Pero es también la semana en que uno, finalmente, se despide del semestre.