Es el mejor chiste de mi hermano el fotógrafo-poeta-antropólogo. Me gusta recordarlo cuando estoy TAN resfriada.
como hoy.

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
Es el mejor chiste de mi hermano el fotógrafo-poeta-antropólogo. Me gusta recordarlo cuando estoy TAN resfriada.
como hoy.
Anoche, mientras revisaba trabajos de mis alumnos veía de reojo la tele. Pero fue necesario hacer a un lado los trabajos cuando comenzó el programa ¡No te lo pongas! que tenía años sin ver. Es la versión gringa (me pregunto si las inglesas aquellas siguen existiendo). Y aclaro que es la versión gringa porque para mí eso es sinónimo de hay muchas áreas de trabajo para los productores y conductores del programa.
Ayer fue el turno de una niñera con el cabello hasta las rodillas, alta como palmera de California y con cejas tupidas como maleza de los pantanos de florida. Tenía cuatro mil dólares y nomás no sabía cómo gastárselos. No se dejó cortar el cabello. Se ´negó a comprarse tenis de colores pero por lo menos aceptó cambiar el estilo de pantalones.
Veía el programa y entonces me vino una imagen a la cabeza. Yo en mi credencial de elector. Yo antes de Natalia. Yo con los cuellos redondos o de tortuga, yo con el color café y el negro por sobre todas las cosas. Yo con zapatos cerrados. Yo, pues, nada parecida a la de hoy que tiene el cabello corto, el tinte diferente cada tanto tiempo, que combina el naranja con el rosa, que tiene zapatos rosas y morados y que teje exóticas bufandas.
O sea yo cuando comencé a obedecer mi instinto y mi deseo de no pasar desapercibida. Yo el día que me dije a mí misma ¡póntelo! Todo esto, seguramente, es una superficialidad de pies a cabeza pero el póntelo se parece tanto al aviéntate que me pone feliz ver que no soy la que fui. Eso de transmutar es curioso.
Claro, estoy segura de que si fuera invitada al programa esos ingratos tirarían la mitad de mi ropa y de mis zapatos pero a estas alturas no me importaría mucho con tal de recibir cuatromil dólares, consejos, corte y maquillaje gratis.
But I got reasons
I have been excused
I want to reconvene
I want to tell the truth…
Big Kids Table, Thao
Se han borrado del teclado de mi computadora del trabajo, una desktop negra que ha sido fiel y noble en estos últimos cuatro años. No me había dado cuenta de su desaparición, de hecho tampoco me percaté de su amenzaza a desaparecer. Siento como si hoy hubiera llegado al trabajo y ellas, simplemente, no.
No es algo nuevo esto de borrar letras. Mi padre, me reclamó la invisibilidad de algunas de las suyas en su teclado cuando yo estaba haciendo mi tesis de licenciatura. Hasta la fecha no le pone muy feliz el taca taca que llego a intepretar en su computadora.
Esta mañana, al notar pues la ausencia de dos letras y el cachito de la otra me quedo pensando cómo se sentirán el resto de las teclas, ¿entusiasmadas o amenazadas? Pues es claro que el poder de mi tac tac es peor que el del chaca chaca del detergente.
Notas mentales de una novelista que corre el riesgo de convertirse en la próxima Corín.
1) Dejar la primera persona, al menos a ratos, y reconsiderar y reconstruir la tercera persona (sin engaños) tomar el narrador-testigo y dejarse de sentimentalismos.
2) Lograr un equilibrio entre lo intelectual y lo emocional (no tocar, jamás, un extremo o el otro) (esto también le servirá para su vidapersonal).
3) Escuchar más a la intuición que está ahí, pegando de gritos sin ser escuchada.
4) Volver a los clásicos siguientes: Dostoievski, Platón, Jung.
4.1) Buscar nuevos clásicos: Calasso, Bosch, Strindberg y Hellinger.
5) Admitir de una buena y chingada vez que esta no es el libro memoria de una hermana, que es una novela.
5.1) Y que esta novela no es de una hermana es la historia de una familia.
6) Repetirlo como mantra: es la historia de una familia, es la historia de una familia, es la historia de una familia hasta que el posesivo mi, desaparezca por completo.
7) Repetirse como mantra: soy escritora, soy novelista, soy escritora, soy novelista. Soy.
8) Perder el miedo a los puntos 7, 5, 4 y 2 antes que otra cosa pase.
9) Perder el miedo a los otros puntos.
10) Admitir, ceder, aprender.
TLX fue cansado, sí, fue divertido, sí, fue duro, sí. TLX fue aprendizaje bárbaro (con todo lo que las esquinas de esta palabra implican). Sobrevivir al nerviosismo, a la duda, al temor, a la escritura y a la salsa y la cumbia no hubiera sido posible sin Omar, Ingrid, Mayra, La Negra, Jofras, Hernán, Luis, Karensss, Cici (mi Cici), Luis, Sergio, Rodrigo, Maricela, Ismael y los tantos otros con quienes compartí, el pan, las aguas frescas, el mucho pollo, los tacos, la pista del Roquet’s, la dureza de la señora de las quesadillas, las caminatas entre el teatro y el ITC, el asiento en el autobús y, por supuesto, el pinchi frío de Tlaxcala.
Me voy. Me duele la panza de pensar que me voy, pero me voy. Me voy a La Ciudad. Me voy con una parte de la novela bajo el brazo y toda entera en el cuerpo. Veremos qué sucede, lo peor es que todos digan ¿qué haces aquí? y yo tome finalmente la decisión de dedicarme a poner uñas acrílicas y pestañas postizas una por una.