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PARA LA GALAXIA
Son resuaves tus comentarios.
DICE STRINDBERG
Que “suceden en la vida cosas tan horribles que el alma se niega a guardar en el momento huella de ellas; pero la impresión permanece y no tarda en reproducirse con fuerza irresistible”.
Entiendo, entiendo.
No sé si he vivido cosas con ese adjetivo: horribles. Pero sé que he vivido, he visto, he leído, he escuchado o he sentido cosas dolorosas, o tristes nada más. Tanto que, en efecto, el alma se niega a guardar huella. Sin embargo yo sí temo que la impresión de todos modos se quede y temo aún más en que se reproduzca con fuerza. Porque me ha ocurrido. Y no me ha gustado.
Así que mientras leo este Inferno de Strindberg me digo, me prometo, me convenzo de que hay que verla, no evitarla, hay que mirar de frente la impresión y disminuirla, hacerla aire, polvo para que se vaya y la vida suceda, la vida fluya. No con rabia contenida, sin rabia, punto.
Y mientras escribo esto y una parte de mí admite el talento de Strindberg otra parte de mí tiene ganas de estar leyendo cualquier otra cosa menos infernal.
ESTOY
En que la vecina, comiendo ensalada y papitas con chamoy, veo cómo le pinta y le corta el pelo a la carito y veo como la bellota se arranca las extensiones como si fuera una vikinga. De fondo no tenemos música sino las caricaturas que el hijo de la vecina no ve porque está dormido (y no entiendo por qué ninguna de nosotras le cambia o le apaga). Estoy refeliz. Hay muchas risas, mitotes y cabellos tirados en el piso.
FELIZ AÑO DIEZ DE VIDA
MI VIDA
MI ABUELA: ISABEL BARRAZA ZAMORA
LA SANGRE
Estaban en la misma cama, madre e hijo. El hijo dormía inquieto, un poco de fiebre, sudor, pesadillas. La madre dormía inquieta, checaba la fiebre, quitaba el sudor, acariciaba un poco para contrarrestar las pesadillas. De pronto, en el momento de mayor quietud, cuando ambos cuerpos habían cedido al peso del cansancio el hijo despertó sobresaltado, ¿cómo es que las mujeres, una vez mamás, aprenden a escucharlo, sentirlo, inferirlo todo? La madre prende la luz y se encuentra con la sangre, en la cara, en las manos, en las sábanas, con el espanto del hijo al saberse así. De inmediato a calmar, a detener el flujo, a limpiar manos y rostro.
Cuando el episodio terminó, poco poco los dos permitieron que cuerpo y mente volvieran al descanso.
La mañana inició como cualquier otra, una mancha de sangre en las sábanas, no acaba con la rutina.
ESTE BLOG
Entra en receso. El facebook también. Tengo a un personaje sentado en una alfombra esperando a que yo decida darle voz y movimiento y no puedo distraerme con el bendito interné.
NIÑO BOMBA
D I E Z AÑOS.
Ya se discutió sobre la forma de celebración y llegamos a un buen acuerdo. Sus dos mejores amigos, su primo y él en una tarde de boliche que remate con pizza. Atrás quedaron la piñata de batman, de winnie pooh, del hombre araña, de monsters inc. Atrás quedaron los converse que parecían aretitos, las camisetas rojas o azules. Llegaron los tenis casi del tamaño de los míos (cosa que no es difícil a decir verdad), las camisetas negras, la guitarra, el ipod (ya dije, con plastilina mosh y café tacuba), el momento de decidir cómo ser en la vida. (No me ha dicho cuáles son las opciones).
Diez años y apenas parece ayer cuando aquí mismo yo hablaba de él y le llamaba el casi seis, el seis, el seis y medio, etc., etc., ETCÉTERA.
(coloque aquí usted un suspiro de madre abnegada)




