EN PALABRAS POCAS, EL CIELO SIGUE NUBLADO

Hermosillo que en estas fechas siempre tiene un techo enormemente soleado ahora se arruga con un cielo nublado. Cuando era chiquita mi mamá me dijo una vez que cuando alguien se muere el cielo se nubla. Ayer Juanan me dijo que le gustan los días soleados y los días nublados con lluvia pero que los días nublados sin lluvia le hacen sentir algo raro. Me dijo también, qué triste lo de los niños ¿verdad? Luego me platicó que la primita de su mejor amigo fue de las que se salvó, que estaba muy sentadita en la banqueta viendo todo y esperando a que mamá o papá o alguien viniera por ella. La primita nos invitó a una piñata una vez. Una amiga mía llevó y trajo gente en su carro para donar sangre. Otra amiga mía tuvo que venir desde el DF porque el canal para el que trabaja pensó que ella, siendo de aquí, tenía que cubrir la nota. Una niña de las que llegó a un hospital, con quemaduras, con humo, con el alma en hilachos, no podía ser identificada excepto porque tenía las uñas pintadas de verde. Así lo dijeron en el hospital tal hay una niña con las uñas pintadas de verde y estamos buscando a sus papás. El cielo sigue nublado y no llueve. El señor que le vende tamales a la mamá de una amiga perdió a su nieto en ese incendio, de todos modos fue a dejar el pedido y juntos él y la mamá de mi amiga, lloraron. Juanan se pasó a mi cama esta madrugada, dijo que soñó feo. Hoy me platicó que en el sueño veía todo y que no podía hacer nada. Es feo eso de no poder hacer nada, ¿verdad mamá? Ayer lo llevé al cine, vimos una película con globos y viejitos que cumplen sus promesas. Lloramos pero hicimos como que no nos damos cuenta ni de las lágrimas ni del por qué. Hay gente que está organizando marchas, hay gente que dice que va a anular su voto. Hay gente que no piensa ni en marchas ni en votos ni siquiera en explicaciones sobre incendios, hay gente que no piensa en nada, sólo siente un dolor que nunca. Un dolor que nubla.

QUIERO

Quiero dormir quiero comer rico quiero un beso quiero oír una y mil veces esa canción que me gusta de Nouvelle Vague quiero ver una película larga larga y maravillosa quiero desayunar waffles quiero bailar quiero tomarme un clamato quiero una tostada de jaiba quiero un beso y un abrazo quiero caminar descalza en un piso rechinando de limpio quiero dormir mucho quiero acabar la novela que leo y comenzar otra que traigo en la mira quiero dejar de hacerme la loca y terminar de una buena vez esa ponencia quiero salir de vacaciones quiero que ya sea lunes porque la próxima semana comienza mi proceso de albañilería literaria quiero un chai quiero un té helado quiero comida china quiero ver todos los capítulos de the big bang theory que no he visto quiero platicar con Marian quiero mitotear con las Mafas quiero dormir mucho quiero tomar agua quiero la paz mundial quiero que el manuel venga a hermosillo pero lo que más quiero es un abrazo un beso y una mordida en el pescuezo

SALIDA ESTRATÉGICA

Estamos sin alumnos. Tenemos que venir, claro. Pero estamos sin alumnos, así que después de la comida nos da sueño o nos da más hambre o nos da ansiedad. El caso es que hoy una comitiva compuesta por la Galaxia y la que aquí suscribe, abandonó momentáneamente el recinto escolar para ir por sendos frapuccinos. El objetivo, también, incluía que la una se subiera en el auto nuevo de la otra y por más que la otra le dijo a la una: galaxia adviértote que el carro está sucio pordentroyporfuera, la una dijo: huele a nuevo.

Y bueno, ya entradas en frappus ordenamos un pastel de zanahoria con dos tenedores. Ya estabamos ahí ¿qué más podíamos hacer? total que mientras los tenedores se echaban un round para alcanzar cachito de pastel con betún se hablaron de diversas situaciones que nos preocupan: el doctorado de ella, mi novela, los cursos del próximo semestre y, porsupuesto, las uñas con esmalte color verde perico.

La salida estratégica de hoy fue de lo más productiva, como usted puede ver.

DEL CUARTO AL QUINTO

El de diez, mi preadolescente con tintes de madurez, está viviendo un momento altamente crítico. Tiene una maestra que se jubiló hace siglos y volvió al magisterio pero que apenas puede con su alma y tiene, como compañeros, a cinco niños que parecen salidos de Tiempos Violentos de Quentin Tarantino. Entre la semana santa real y la semana santa del virus ha perdido clases y ya de por sí el grupo en general estaba atrasado.

El caso es que cuando tu hijo de diez años te dice: me siento frustrado, siento que no he aprendido lo suficiente y que no estoy listo para pasar del cuarto al quinto, te dan ganas de llorar, de orgullo, de tristeza, de nosabesqué y le dices convencida: por supuesto que estás listo para el quinto grado.

Lo veo bajarse del carro, caminar con su mochila que pesa más que él mismo y pienso que parece que le pagan por crecer.

REGALOS 4


Estos días he recibido palabras e imágenes que tomo como regalos. Ayer, yo misma me hice cuatro, cuatro regalos. A continuación con ustedes: mis nuevos bebés…

En orden: Gertrude, James, Marcel y Virginia.

EN EL JUSTO CENTRO

Estoy en mi silla roja. Frente a mí hierve el agua con la que me haré mi chai matutino. La persiana está cerrada, mi oficina tiene un color entre amarillo y olivo o tal vez sólo sea el efecto de mis ojos adormilados. Comienzo el segundo capítulo de una novela de Kyoichi Katayama, la acompaño con el nuevo disco de La Fourcade; no sé cómo explicarlo pero estas canciones podrían estarlas oyendo Sakutaro y Aki, y se dejarían llevar tanto como yo. Me duele un poco la cabeza, siento una punzadita de esas, como dice mi hijo, que no son fuertes pero que de tanto estar ahí, molestan. Mi corazón tiene un doblez, no está roto, no está herido, tiene un doblez ligerito en el justo centro. Confío en que con los días se va a sentir mejor. Depositar calor, caricia firme, palabra justa. No estoy triste no estoy enojada pero sé del doblez y sé, también, que un buen libro, un buen té y una cantante bajita y que toca mil instrumentos me hacen bien. Mucho bien. Aquí, justo en el centro.