Cumple años hoy. She is now a fifty years old woman. Si viviera aquí hubiéramos ido a comer, después partiríamos pastel. Platicaríamos anécdotas. O tal vez no. No lo sé. Desde 1981 no he estado con ella en su cumpleaños. Ahora no lo festeja, no se usa eso allá donde vive, allá como vive. Y sin embargo ella sabe que nosotros sí y que de estar aquí este no sería cualquier sábado. Estoy segura de que sonríe cuando se acuerda de nosotros.
Y YO
STAR TREK
Fui a ver Star Trek con dos de mis amigas el sábado pasado. Corrección: ARRASTRÉ a dos de mis amigas a ver Star Trek. La una y la otra deben quererme mucho porque llegamos tarde a un cine y tuvimos que ir a otro y, para colmo, llegamos y ya había comenzado. A nadie le gusta ver las películas ya comenzadas (excepto a mí que tengo vicio por la inferencia). Ellas no lo sabían (aunque lo averiguaron después) pero Star Trek representa mucho para mí. Star Trek es la casa en Villa Satélite y la sala de tele frente al patio y el sillón y las palomitas con coca-cola al lado de uno o dos de mis hermanos, es no entenderlo todo pero de todas maneras sorprenderse, es ver a los actores moverse de izquierda a derecha para representar que la nave lucha bajo una estrella de meteoritos. Es la chica en minifalda y los cardigans pegaditos. Es mi hermano y mi otro hermano. Es la infancia. El mundo antes de. Es la emoción. Es mi hermano Alejandro y mi hermano Gerardo. Las palomitas, la coca-cola. Spock. Kirk. Es la parte de la infancia que más disfruté.
Quiero volver a verla.
El ideal sería verla con uno de ellos o con los dos.
¿No odian ustedes cuando su ideal es algo difícil de cumplir?
S & S (plus 2)
Hace once o doce años nos conocimos. O algo así. LHC lo decidió: ustedes deben ser amigas, dijo. Y nos presentó por e mail. En esa época estábamos en un taller virtual de cuento. En esa época yo iba por mi segunda carrera y mi tercer empleo y ella editaba una revista que aún extraño. Fuimos obedientes. Nos hicimos amigas.
Los correos iban y venían. Iban y venían.
Los años y la vida también.
A veces pasaban meses sin saber la una de la otra, hasta que un correo.
A veces eran años sin saber.
Pero en cierto modo la una sabía donde estaba la otra. Y al revés.
En todo ese tiempo el destino y su sentido del humor decidió que no nos conociéramos.
Y la comunicación y la amistad y el cariño enorme, terrestre y redondo se mantenía a través de nuestras computadoras.
El año pasado FINALMENTE nos conocimos. Nos vimos, nos abrazamos, oímos la voz de la una y de la otra. Creo que toqué su hombro para asegurame que no lo estaba imaginando. Fueron sólo un par de horas, se habló de lo que se pudo en ese tiempo. Nuestros hijos tienen prácticamente la misma edad. Cuando yo le llamaba delfín al mío, ella le llamaba bailarina a la suya.
Hoy, me encuentro perfecta y enormemente feliz porque ella viene acá, mi S de las montañas vendrá a la S del desierto y compartiremos días de playa, de sol, de hijos, de trajes de baño, de sandwiches con arena, de historias largas cortas y medianas, de cerveza fría, de noches en que el viento nos hará revolotear el cabello.
LA PRIMERA PIEDRA
Un día de esta semana el hijo y yo tendremos nuestra ceremonia de colocación de la primera piedra. Llamaremos a los medios, habrá fotógrafos, ambigú, palabras honorarias. Hemos decidido hacer un patio bello con piedra laja, techo mono, plantitas, sillas cómodas y un buen día hasta abanico de techo tendremos ahí. Ya nos vimos, ya nos vimos sentados ahí tomando piñas coladas (una con y otra sin) picando fruta con chilito mío, gotitas de limón y sal. Vean ahí estamos, con nuestras más comodas ropas y sandalias. Yo traigo lentes oscuros y leo las obras completas de Shakespeare (o bueno, la gatopardo o la tvnotas), él está con su DS y me pregunta si se me ocurre una estrategia para el ataque en el Age of Empires.
Chulo, chulo quedará nuestro patio con plantas colgantes y música guapachosa.
LUNES
Después de un domingo insomne (gracias té helado del cinemark) el lunes comienza con un café (diosito que no me haga lo que me hizo el té) y con los ojos puestos en Duelo de Noche de María Antonieta Mendívil y Esto no es una pipa de Claudia Reina. Después ojos y deditos pasan a la pantalla y al teclado (respectivamente) y tac tac tac tac. Luego, consabida pausa para alimentar a la mascota. Después de la pausa, revisar el adelanto fonki para el libro que nomás nuestras mamás van a comprar (dicen por ai). Luego otro rato de lectura. Tomar notas a mano, para variarle al teclado. Y otro cacho de tac tac tac.
Hoy toca ir con quien ha decidido descontracturar mi espalda (no sé si existe el verbo pero lo reconozco cuando lo siento en cada crack), luego un par de visitas informativas para llegar a casa a la hora exacta de Grey’s (que ya mero se nos acaba señores) y por la noche esperemos caer como solo nosotras podemos caer: re-don-di-tas.
¿Y el hijo? se preguntarán. El hijo desde esta mañana, tacha los días en el calendario para que se acaben las clases y venirse con su madre a la oficina porque ya vimos que hacemos buena dupla de trabajo.
ESTO, SÍ.
YO SOY DE LAS QUE NO FUE
No estuve ahí. No caminé. Tenía mi camiseta blanca y a fin de cuentas no fui. Estupidez mía.
READ IT OR ELSE…
He might blossom irony.
DESEQUILIBRADA
Digo, seguramente si usted ha seguido este blog por semanas, meses o años no necesita que yo le diga que alguien me dijo que estoy desequilibrada porque usted seguramente ya lo infería, lo sospechaba o apostaba por ello.

