MANOS A LA OBRA

Hoy, 6 pm. Plaza Emiliana de Zubeldía.

Brocha y ánimo en el alma.
Llevar tenis por si a algún policía o interventor de gobernación le da por perseguirnos.
Si alguien quiere llevar bolis de uva para el calor, no habrá quejas, lo juro.

Y QUE ME ENOJO…

No estaba planeado, es más ni me había dado cuenta de que tenía ese hervor en la sangre y en el alma. Pero salió.

La cosa estuvo así.
Iba a llevar al hijo a casa de mis padres donde, bendito sea el señor de los anillos, lo van a cuidar por las mañanas mientras yo vengo a trabajar. Antes de salir de casa, llama mi padre diciendo que si yo tengo cierto aparato suyo. Digo que sí, me quedo pensando, pos no que me lo había regalado? pero no digo más. Busco el aparato, despierto al hijo y nos trepamos los tres al carro. (aparato, hijo y yo).

Llegando llegando le entrego su aparato y junto con él las siguientes palabras: “y aquí está también tu medicina, te la tuve en casa desde el jueves, sí, el día que dijiste que irías y que no fuiste, tampoco el viernes, es más te estuve esperando todo el fin de semana, qué bárbaro ni me visitas” (palabras más, palabras menos, gestos muchos).

Y me fui.

Asumo que mi padre se quedó con el signo de interrogación más enorme del universo. En el carro y de camino a la oficina yo, por supuesto, seguí hablando con él pero sin él. Hablar sola es de las cosas que mejor se me da, casi tanto como hacer bufandas. Y heme ahí que en vez de ir cantando “the pills won’t help you now” de Chemical Brothers, iba alegando sola.

El día transcurrió con otras cosillas que no vienen al caso.

Y hoy, llegó la luz. Mi “aquí está tu medicina te la tuve en la casa desde el jueves…” fue la forma más desagradable de admitir y traducirle a mi papá: “te extraño, tenía ganas de verte, de que vinieras a la casa”.

Planeo enmendar las cosas esta tarde y me gustaría mucho aprender a decir “te extraño” a mis dos hermanos, a mi hermana y a mi madre en vez de salirles con un reclamo tan tan bichicori.

48 NOMBRES

Ya tengo cuatro botes de pintura y dos brochas de dos PULGADAS. Estaremos este miércoles a las 6 pm en la plaza Emiliana de Zubeldía y de ahí, a cruzar el bulevar para pintar de morado, azul, rosa y naranja 48 nombres con cariño, con paciencia.

Escribir.

WALKING

Walking. See people walking. And walking. People gathering. For Walking. I am walking. See me, I am walking. I don’t know anyone around me. Wish I did. Wish I was not walking by myself. But, you know, I am not walking for myself, I am walking for somebody else. Walking. As if walking would do.

Walking just walking.
Until there is a point where, I knew it, my body wasn’t going to make it. So I had to stop. I stopped walking. Standing. Under a traffic light in a downtown street. An old street. Raise my head and I see walking and more walking and more walking. Stay there. See the walking. Then the clouds, the wind, the “is it going to rain?”. The I see me walking, all the way back. Against my wishes, against everyone else’s walking. And this feeling, this overwhelming feeling. My waist, back, leg yelling, asking me to sit it down. So I do, and the walking is in front of me. I have legs and knees crossing in front of me.
Oh, the walking.
Later at home, you must tell your dog that there will be no walking tonight.  

QUIERO ROTULAR

48 nombres en un muro. Ya sé dónde, ya sé cómo y si usted se pregunta por qué le diré que porque sí, porque puedo, porque quiero que los nombres estén. 

Tengo mis dos manos y las dos de una amiga para hacerlo. 
¿Hay alguien más por ahí dispuesto a?

Yo pongo la pintura, usted la brocha.
Deje recado aquí con su mail y le diré dónde y cuándo trabajamos.

Hoy fuimos a la plaza a las seis. Nos sentamos, enviamos reiki a los papás. Una señora se nos acercó. Me dijo, gracias, yo soy una mamá de los niños que… qué bueno que traes a tu hijo, te vi, oí lo que le decías. Lo abrazó a él. La abracé yo. Me dio las gracias. Nos dio las gracias. Y se regresó a su banca.

Nos quedamos en la asamblea.
Hice nota mental.
No está la Olivia para hablar de esto.
No está la Marigé para hablar de esto.
Y pues heme, aquí, escribiendo de esto.

L

Hasta hoy nadie había escrito con tanta dulzura, tristeza, honestidad sobre lo que ocurre en esta ciudad como lo hace ella. Esto es algo que duele pero que quiero imprimir que quiero tener que quiero memorizar, porque sí.

Esta ciudad está triste, los pájaros vuelan a un ritmo más lento, casi rozando el suelo. Nosotros caminamos y nos miramos. No sabemos si queremos avanzar o abrazarnos a un árbol, a un poste o a un niño, y llorar. Hasta el calor, que suele ser agresivo y abrasador, no sabe qué hacer, no sabe qué ser. Hace como hacemos todos en estos días: si hacer lo suyo o alejarse un poco; si hablar del clima o de su indignación; no sabe cómo dejar salir la tristeza y ha olvidado cómo llorar. Esta ciudad se acerca a los rincones, en silencio, la luna de estos días fue testigo.


Esta ciudad extraña a sus niños, persigue sus risas en cada globo que se eleva. A esta ciudad le faltan sus canciones, sus sueños; quiere escuchar sus palabras, y sólo hay silencio. Espera por esas palabras sinceras, de aceptación; palabras solidarias de reconocimiento, de culpa. Palabras que laven el dolor, que alejen la tristeza. Palabras que se transformen en viento, porque desde hace unos días, la tristeza se ha instalado en el cielo, en las nubes, en los ojos.

Mañana nos reuniremos para caminar en silencio, para acompañar a los padres, a los hermanos, a los amigos, para abrazarnos a un árbol y decirle cuánto extrañamos a sus niños. Mañana caminaremos para no olvidar, para recordar lo que éramos antes de ser fuego”.


Tomado de mi querida L y de su blog.


MI PEQUEÑO NEANDERTHAL

No sé cómo había olvidado escribir de esto. Los lunes, que todos regularmente odiamos por su forma de precipitarse en nuestros apacibles fines de semana, son en realidad días santos en mi casa de dos recámaras y de salacomedorcocina de dos por dos. ¿Por qué?, se preguntará usted. Pues porque los lunes son lunes de Grey’s Anatomy, programa que me era totalmente sin embargo hasta que Paloma la Poeta que vive en Ensenada me puso a verlo un verano y que ahora es una de mis razones de vida (después de Haruki Murakami, por supuesto). Pero, óigame usted bien, no soy la única que espera los lunes con ansia. El pequeño neanderthal que vive conmigo, el Juanan, el de diez, el chaparrito del naranjo pa los cuates, ama los lunes porque es el día que pasan su emisión especial de la WWE. Si usted es una lectora muñequita de sololoy que no sabe lo que eso es, le explico: la WWE es la World Wresting Entertainment, oséase: la lucha libre gringa, gringuísima.

Juro que las paredes de la casa tiemblan no sólo con la narración y los guamazos de los luchadores sino con los gritos del pequeño Neanderthal que adereza los momentos parándose, dando con un puño a su palma, brincando y gritando cosas que me es difícil dilucidar.

Asumo que aparte de la convivencia con sus amigos, la WWE es -invariablemente- su male bonding semanal más potente. No sé qué resulte de eso, supongo que ya se los informaré en unos años.

ENLARGE IT?

So it seems my name or my last name or just the random circumstances make people think that I am a man and that I am a man with small issues because I keep receiving an e mail with capital letters inviting me to: ENLARGE IT.

If only the enlarge it invitation was about budget in my bank account…
That is the only thing that i would like to enlarge, even as a man (or so I think).