BLOW A BALLOON

One day, Thomas told me: “Buy a balloon.” It was one of the therapies recommended by Thomas, my friend and my physician, later to become a doctor in the neuropsychiatric unit of the Charité Hospital in Berlin. Every time I felt anxiety coming on, every time my breathing became irregular, breathing deeply and quickly, puff, puff, huff puff, and as I blew up the balloon, I would bring my breathing back under control. It was one form of breathing exercise designed to facilitate hyperventilation, in order to prevent a panic attack occurring even after the breathing had begun to be irregular. Thomas used to look at me absently with gloomy eyes where green and gray were intermingled. Even now, they are still the most irritating, sad eyes I ever saw, that ever looked at me. I blew up several thousand balloons.

Excerpt from “Bought a Ballon” by Jo Gyeong-nan, available here.

Thank you Lord Sun for this story.

NOSOTROS

Nuestra perspectiva, a modo de una cámara invisible, va captando, uno tras otro, todos los objetos de la habitación, los reproduce con detenimiento, tomándose su tiempo. Somos unos intrusos, anónimos e invisibles. Miramos. Aguzamos el oído. Olemos. Pero físicamente, no estamos presentes en el lugar, no dejamos rastro. Respetamos las reglas de los genuinos viajeros a través del tiempo. Observamos pero no intervenimos…

After Dark, Haruki Murakami

LIFE with CAMERON

Tenemos poco más de tres semanas con ella. Es muy dulce, cariñosa. Admito que al principio la semántica no me dio para dilucidar qué quería decirme cuando me ponía la pata en la pierna o la levantaba al estar frente a mí. Resultó que esa es su forma de decir “acaríciame”. También (si le da la gana, claro) le dices “pata” y la entrega gustosa. Le dices “vuelta” y se acuesta y se echa de panza (de nuevo, sólo si se le da la gana). Muchos me advirtieron sobre lo traviesos, inquietos y rompecosas que podían ser los dálmatas. Nada de eso ha sucedido. Comienzo a sospechar que dentro de ese cuerpo (y esa dentadura) de perro de año y medio se esconde una dálmata muy madura y elegante. No ha manchado el piso, no ha mordido algo que no sean sus croquetas. Creo que sólo la hemos oído ladrar unas tres veces. Las caminatas todavía son un poco engorrosas, a ratos parezco su papalote y a ratos sí parecemos la dueña y la mascota (iba a decir la madre y la hija pero no sé si la sociedad protectora de animales permite esos títulos). La pata sigue siendo un problema, todo indica que no se trató de un accidente sino de un problema de nacimiento, algún tendón débil de nacimiento o algo así. Este sábado su veterinaria (que es simplemente maravillosa) nos dirá su veredicto. Por lo pronto tiene terapias de calor, pomada y hasta de reiki. Hace años que no tenía una mascota y que no sentía este tipo de attachment por una. Me rechinan los zapatitos por venirme a casa saliendo de la oficina, me gusta estar sentada en la sala o tirada en mi cama y que ella esté a un lado de mí acostada o sentada pero echándome esos ojitos que sólo una Cameron puede tener.

I

can
spell
what
you
can’t
say

GLIMPSE OF LIFE

Ayer el café me hizo un daño terrible, pasé el día con ansiedad, latidos a mil por hora. Cameron, nuestra perra, sigue mal de su pata. Cojea. Si uno la ve por atrás es visible que un muslo es mucho más delgado que el otro. Me pregunto cómo era su vida antes de llegar a nosotros. Hay hormigas en el patio, en el jardín, en los rincones menos esperados. Hormigas pequeñas minúsculas pero hormigas al fin. Siento que he perdido ya la batalla contra ellas. Una de mis plantas ha ido perdiendo hojitas, me preocupa seriamente, le hablo, la acaricio, le doy su dosis de agua y de cascarón de huevo semanalmente. La ciudad sigue invadida de candidatos con sonrisa congelada. Los nombres siguen ahí. ¿Lo bueno? la lista no ha aumentado. Ya tengo un mes sin comer carne de res, como pollo una o dos veces por semana. He escrito poco, no sé qué pasa quizá ya sea demasiado tiempo en ese libro. He leído más de lo que he escrito. Lo malo que la beca no era para leer sino para escribir. Hace calor, mucho calor. Siguen construyendo nuestras oficinas en el piso de arriba pero supongo que ya me he acostumbrado al ruido. La Buba se cortó el pelo, me mandó una fotos maravillosas, ¿sabrá ella que la quiero multitudinariamente? La Galaxia también se lo cortó, ¿sabrá ella que me parece genial que sea mi cómplice en el trabajo? Es raro y es nuevo eso de tener amigas en el trabajo. Extraño al Victorio. Ahorita ya estaríamos chateando o leyendo las notas del periódico riéndonos un poco de esto o de aquello. Significant one no está aquí, llega hoy o mañana, va a venir con el alma un poco doblada y todavía no sé cómo voy a hacer para sacarle una sonrisa. Hoy me tomo una gran taza de té de manzanilla descafeinado (desteinado, pues). Escucho una canción de inxs cantada por Tom Jones.

LA BRIGADA 1.20 (centímetros) EN LA MARCHA

Conformado por el Ger y el Juanan quienes entregaron y pegaron calcas durante la larga caminata. Aquí bajo el ojo del Coronel Zeta Te. Se movieron entre las más de veinte mil personas (or so the newspapers say) que asistieron a la marcha. 

¿Qué vieron nuestros dos peques? Almas. Muchas almas cercanas. Almas caminantes. Almas que hicieron un largo, mediano o corto trayecto (like me que nomás no la hago en las olimpiadas) pero que estuvieron ahí, escuchando y apoyando a los papás de los niños, los muchos niños que ya no están. 

I NEED A NIGHT IN NANTES, because:

…it’s been a long time, long time now
since I’ve seen you smile.
And I’ll gamble away my fright.
And I’ll gamble away my time.

Nobody raise your voices
Just another night in Nantes

(hope soon you come and hope by now i find a place we can call Nantes, even if its just a bay nearby)

NOMBRES

“Yo te nombro” se llama un poema de Gian Franco Pagliaro. Hoy me lo han enviado. Lo he leído justo en el día en que hemos nombrado y hemos escrito los nombres de cuarentayocho niños que ya no están aquí. Me tomo la libertad de apropiarme del poema. ¿Por qué? Porque sí.


Los nombramos en nombre de todos
Por sus nombre verdaderos
Los nombramos y cuando atardecía
Cuando nadie miraba
Escribimos sus nombres
en las paredes
de la ciudad
sus nombres verdaderos
sus nombres todos sus nombres
que nombramos con dolor.


p.s. Gracias, en orden alfabético, a Abraham, Aracely, Gaby, Galicia, Juan Antonio, Kary y a Natalia de Belleville, por estar ahí.