NOS MUDAMOS

Heme hoy martes 25 de agosto sacando papeles, tirando lo que no sirve, reacomodando lo que sí y metiendo en cajas mis pertenencias. Nos mudamos, sí señor. Nos vamos del segundo al tercer piso. Tenemos nuevas y flamantes oficinas. Es emocionante, claro, el olor a nuevo, más vecinos y mayor comodidad. Lo malo es hacer lo que hago hoy: limpiar, tirar, acomodar y cargar todo de un piso a otro.

NO HAY QUINTO MALO

Te escribo porque esta mañana te he dejado en la escuela y es la primera vez que no tienes ganas de volver a clases, es la primera vez que me dices que te gustaría que el verano fuera eterno.Y es que el cuarto grado fue un infierno, ¿verdad? entre la maestra y los saboteadores de tu grupo las cosas no pintaron del todo bien. Hoy me he acordado de cuando escribí de tu primer día en el kinder, los dos vestíamos de blanco y escuchábamos a Café Tacuba. Hoy la ropa fue otra y el fondo musical también (y eso porque no traía a Café Tacuba supongo) pero además la sensación fue otra. No me di cuenta en qué momento creciste tanto, no me di cuenta en qué momento nuestras conversaciones se extendían, en qué momento nuestras salidas a comer abandonaron los peter piper y mc donalds. ¿Te acuerdas cuando llorabas porque te cortaban el pelo o las uñas?

El tiempo ha corrido veloz y no sé qué suceda en los siguientes dos años pero te aseguro que no hay quinto malo.

EL MUNDO DE SAMARCANDA

Así se llama el lugar que mi hijo ha inventado. Ha hecho un mapa con detalles geográficos que incluyen la grieta de los Orcos (“ni modo, se lo copié al Señor de los Anillos”), la Isla Knochling, el faro de Cristinge, el jardín Fintouchs, el cementerio Rokgridge, entre otros más. En Samarcanda habrá tiendas y aventuras, guardias y ley, al menos eso dice su creador un pequeño sujeto de diez años que me dice que yo con seguridad encontraré lo que sea que esté buscando ahí, en Samarcanda.

ME DOY MIEDO

Porque digo las cosas así como de pura onda y luego resulta que las cumplo. Lo juro, lo digo y al decirlo pareciera que firmo con sangre y saliva un deadline con los dioses del olimpo. En este caso dije: el viernes la acabo. Y dicho y hecho. Ya quedó. Ya se está imprimiendo. Ya está.

Me doy miedo, de veras.

atentamente
una más ligera y sonriente sylvíssima.

FUERA DEL AIRE

Querido público estaré fuera de la escena de blog, msn y feisbú unos días pues estoy con lapiz en una mano, teclado en otra afinando los últimos detallitos del libro que ya saben. El lunes el susodicho paper se va al DF a manos del tutor del terror: oséase el lector certero que nos dirá si cumplimos, no cumplimos, ahí la llevamos o que mejor nos busquemos otro oficio. 

Si cuando vuelva les digo que he decidido ser técnica en electrónica, finjan que a todos nos da gusto.
POSTDATA que no viene al caso pero como no habré de escribir en varios días, si no lo hago ahorita se me olvida: estaba leyendo a Sabina y en un lugarcito dice la palabra Deja Vú/vú deja, en ese instante tuve un deja vú sobre algo que leí que me recuerda la película que ella vio y en ese mismo instante dos personajes de fringe que tengo de fondo dijeron la palabra deja vú. CONCLUSIÓN: viví un deja vú reloaded.

CUANDO LOS HIJOS (adoptivos) SE VAN

Ayer Dako hizo su visita trimestral. No nos veíamos desde marzo, abril ¿o fue en mayo? Estuvo una hora en mi oficina. Se veía distinto, no sé qué era. Me platicaba de su trabajo y de lo que se siente gastarse el sueldo en loqueledalagana y yo trataba de acordarme en qué momento comenzó a tutearme (aunque lo más probable es que siempre me haya tuteado) y en qué momento esto era más amistad que relación maestro-alumno (si es que alguna vez fue relación maestro-alumno). Con él hablo de libros extraños, de arte, de cocina, de videojuegos, de anime, de la escuela, de la tele. Es decir: de todo. Me ha ayudado a resolver ecuaciones tecnológicas más de una vez. Me pregunto en qué le he ayudado yo. Cuando ha estado en mis aulas hace dos cosas en especial: participa o cabecea (lo primero sé que es porque le interesa la clase, lo segundo no es culpa de la clase sino porque vive más de noche que de día así que nunca me lo tomé personal, además despertarlo es mi deporte favorito) (una vez tomó una siesta de 3 minutos antes de comenzar un examen).

Entramos juntos a la prepa (él como alumno, yo como maestra) y cuando menos lo pensé se convirtió en adulto. Ayer me dijo que ha organizado todo para graduarse en diciembre. Me cayó como bomba: se va. Terminó. C’est finis. Game over.

¿Lo voy a extrañar? Sí y mucho.
Y ahora, ¿quién va a actualizarme de todo lo inimaginable?
No-lo-sé y me aterra: no encuentro aún alumnos-amigos de su calibre. (Ya no los hacen así).

La foto, por supuesto, es de él.

DOMINGO DE PLAZA


Los planes maléficos de ir al cine ayer con la mujer que trajo al mundo a cuatro titanes (oséase: mi madre), se vinieron abajo por cuestiones de horario (oséase: porque llegué tarde por ella). Así que saqué a mi hijo de los brazos y del carro del niñero (oséase: mi padre) y junto con él y su ahora inseparable y audaz Ripstick hicimos algo que nunca nunca nunca hacemos: fuimos a la plaza.

Nuestros domingos de fodonguear frente a la tele, frente a la compu o frente al uno y el otro, quedaron atrás. Vimos una pequeña exhibición de bicicleteros acróbatas (y yo agradecida de que fueran bicicleteros y no patineteros porque de seguro el hijo hubiera querido copiar algo). Luego mientras él se deslizaba en dos llantas yo caminaba tratando de evitar los puestos de tostitos, de raspados, de nieves oaxaqueñasonorenses… lo siento, me venció el coctel de elote y me compré uno de veinte.

Vimos a gente con perro y sin perro, con hijos y sin hijos, con patinetas y sin ellas, con patines y sin ellos, con alegría y con coquetería. Vimos, como en canción de Calle 13: “ricos pobres clase media, cosas bonitas y un par de tragedias”.

Vimos gente, mucha gente. Y nos sentimos gente y no los ermitaños que normalmente somos en domingo.