ADIÓS AL MAL HÁBITO

Dice la Kabbalah:

Si cometes un error la primera vez, no estés preocupado por ello. Preocúpate si lo repites una segunda vez. 

Si haces algo bien la primera vez, no te enorgullezcas al respecto. Enorgullécete si lo repites una segunda vez. 

Hoy, enfócate en un buen hábito que quieres repetir y en un mal hábito del que te quieres deshacer.

SEMANA DE LOCOS

Esta ha sido oficialmente una semana de locos. Por una u otra todos los días he llegado a casa mucho más allá de las 9 pm. Una noche tuve niñera y tenía la posibilidad de salir pero fue más tentador aterrizar en el colchón con las 3 mil cobijas y los calcetines bien puestos para ver un programa que ya vi pero que me hace no pensar en nada maravillosamente.

No he tenido oportunidad de ver a mis amigos que no son del Tec. No he tenido tiempo de ir al mandado. No he tenido tiempo de lavar los trastes del año pasado. No he tenido tiempo de arreglar el clóset (y esto último adoro hacerlo) (bueno, ver a mis amigos también) (obviamente lo que odio es ir al mandado y lavar trastes).
Tengo un hermoso regalo para el Meza, para que explote al artista que lleva dentro. Tengo una hermosa crónica para las Mafaldas. Tengo unas ganas enormes de ver Avatar con Natalia. Tengo unas enormes ganas de comerme una ensalada gigante en el Verdeolivo. Pero todo eso tendrá que esperar porque la semana de locos parece no acabar.

PUES HOY

Cumple años él, el de la boina, el de la camisa sin mangas, el que una no sabe si va a andar seriecito o risueñito, el que me enseñó la música del Gaspar y el que una vez me contó una historia de un vaquero que nunca voy a olvidar.
Casinuncaloveo pero siempre le voy a querer rreteharrto.

DOS MALOS HÁBITOS

Tengo muchos, claro, pero estos dos requieren ser eliminados de inmediato porque afectan mi desempeño profesional, físico y en una de esas hasta emocional (nota de la autora: siempre había querido usar la palabra desempeño en mi blog).

1. Cuando llego a la oficina y me siento, me quedo en la orillita de la silla, sí en la meritititita orilla, para alcanzar el cpu (que está abajo y no me pregunten por qué pues no fue decisión mía). Es un movimiento que debería ser veloz: sentarse en la orillita, prender el aparato y luego desplazar mi trasero (que no es enorme pero es veraz) y mi espalda hasta el fondo de la silla y quedarme cómoda. Pero no, no lo hago. A veces pasan horas antes de que me dé cuenta de que estoy mal sentada y me doy cuenta porque comienzo a cansarme y eso cuando me doy cuenta de que estoy cansada porque a veces ni eso noto.

2. Sentada en la orillita, alcanzo mi estuche de lentes que está en mi maletita de maestra cool, que pongo en el piso (eso sí, por decisión propia pero además porque no hay otro lugar práctico dónde ponerla). Lo pongo en el escritorio y se queda ahí hasta que me doy cuenta de que no me puse los lentes y claro que me doy cuenta cuando comienzan a arderme un poquito mis ojitos húngaros herencia del tata. A veces hasta tengo la elegancia de sacarlos y limpiarlos pero no me los pongo.

El caso es que yo, en lugar de decirles mis propósitos más gordos para este año les comparto que voy a sentarme concha y comodotamente desde las 7 am y que estaré con los lentes bien puestos desde esa misma hora, forever and ever.

ME PERDÍA

Me perdía entonces por la ciudad tan completamente como no he vuelto a después perderme, ni en ella ni en ninguna otra, sin distinguir los puntos cardinales y sin la menor idea de lo que podía encontrarme al doblar una esquina, con esa ebriedad hecha a medias de asombro desmedido y cansancio, del impacto causado por la escala de las distancias, las alturas, los puentes, las multitudes, los ríos. Echaba a andar con las manos en los bolsillos y me dejaba llevar en una línea quebrada de itinerarios azarosos, rápidamente extraviado en la cuadrícula abstracta de la ciudad, mareado por la monotonía de las distancias entre una calle y otra…

Ventanas de Manhattan, Antonio Muñoz Molina

EN MI ÚLTIMO DÍA DE VACACIONES

Dedicaré tiempo y esfuerzo a no hacer absolutamente nada, a pesar de que tengo toneladas de ropa qué lavar y otra tonelada qué acomodar, a pesar de que debería irme a casa a limpiar y arreglar no lo haré. Mi voluntad entera estará dedicada a guardarme y dejarme consentir en casa de mi madre, a mover el control remoto con mi dedito índice hasta que me duela, mantenerme en posición horizontal hasta que me sienta parapléjica.

Nada, no haré nada. Tengo el resto del año para resolver nimiedades.

FELIZ AÑO NUEVO

Sin ánimo de presumir, dígoles que heme escribiendo este último post del año en Nueva York, a una cuadra de Central Park en un jueves que para ustedes es como cualquier otro pero para mí es especial porque hoy, señoras y señores, nevó, nevó de lo lindo y yo, finalmente, CONOCÍ la nieve. Y en este último jueves del año no sólo vi la nieve por primera vez sino que recorrí por primera vez el Guggenheim y estuve frente a frente con la obra de Kandinsky, Picasso, Degas, Pizarro, Renoir, Munch y tantos otros. Escribo esto con toda la jotería de la que soy capaz porque el mismo nudo en la garganta que sentí frente a un cuadro de Pizarro lo siento ahorita sólo por pensar en el año que viene, en lo que viene, en lo que he dicho que haré y que sé que haré. En mi hermana que habrá de volver a las aulas, ahora que ha reaparecido, en mi sobrino que entrará en la universidad, en mi otro sobrino que estrena una hermosa casa nueva, en sus padres que han hecho un nuevo hogar, en mis padres y, por sobre todo, en mi hijo, mi hermoso hijo a quien el día menos pensado me traeré a esta ciudad para recorrerla a su lado paso a paso.

Feliz año, pues.

Abrazos muchos y especiales para Natalia, Marigé, Eli, Ericka, Rafaella, Mónica, Lorena, Manuel, Baner. Una no sería una sin sus amigos.

SYLVÍSSIMA A RAYAS

No, no soy la niña con la piyama de rayas. Tampoco estoy a punto de cantar el rock de la cárcel, y no, tampoco estoy en un uniforme de cárcel.

Esa de la foto soy yo con el pelo que crece (haciendo un poco de trampa, sí) para cumplir una promesa secreta a Sabina. Esa de la foto soy yo sonriendo o tratando de. Esa de la foto soy yo el último día de trabajo. Esa de la foto soy yo feliz porque acababa de tener una epifanía.
Sylvíssima a rayas está ahí para recordarme que cuando vuelva no puedo lucir así, debo lucir mucho mejor porque para entonces ya habrá pasado la navidad, el año nuevo, ya habré regresado de mi viaje. Del primero de muchos viajes con la mejor de las compañías. Ya habré vuelto con los ojos llenos de otro mundo de otros sueños de otras posibilidades. Habré vuelto y estaré dispuesta a no quedarme igual que siempre en el lugar de siempre.
No volveré siendo otra, volveré siendo toda la yo que puedo ser (con o sin rayas).
p.s. Felices fiestas.

AYER: LA PIEZA 1



Fuimos al mercado municipal como espectadores, como amigos, como los curiosos que somos. Con ganas de ver a la Fontanot en esa faceta de ella que tanto disfrutamos: la de performancera.

Hay mucho más que podría decir de esta Pieza 1 perteneciente a su proyecto Hermosa Ciudad, pero me lo reservo para otro momento.
Para conocer más a mi capitán Fontanot, pueden ir aquí. Por lo pronto unas fotos de Natalia Trejo. 

HOY, 17 DE DICIEMBRE

Mi padre, Don Alejandro, cumple años. Les diría cuántos pero si se entera que abrí la bocota me deshereda (y le tengo echado el ojo a unas fotos de la abuela y a dos películas de clint eastwood). Es un día como de celebración nacional.

Mi padre un sagitario de pies a cabeza que tuvo la buena fortuna de conocer a mi madre y la inteligencia para casarse con ella y el tino para tener cuatro hijos maravillosos.