dos sellos

Dos, dos malditos sellos detuvieron todo. Ese círculo que iniciaba a dibujar, se aleja. Sé que puedo dibujar otro, pintarme otro destino. Pero éste comenzaba a gustarme.

No importa, puedo con esto pero, de todos modos, me da un poco de tristeza y mi corazón se dobla.

LA LIMPIEZA, NO ES LO MÍO

Créanme, no es un pretexto para no llevar a cabo las labores domésticas dignas no de mi sexo sino de todo dueño de una casa (o arrendatario, pues), es una terrible verdad: soy un asco para limpiar. Barro según yo perfecto y cuando voy a meter el trapeador me doy cuenta de que aún quedan rastros de vida, polvo y vayaustéasaberqué en el piso. Vuelvo a barrer. Paso el trapeador que, juro yo, lavo bien con detergente y todo antes de zambullirlo en pinol y el piso queda rayado, marcas gruesas que dejan mucho que decir de mi estilo trapeístico.

Paso el trapo por aquí, por allá y siento que es como si sólo dijera adiós con un pañuelo cual Miss Sonora porque juro que el polvo se queda ahí co-mo-si-na-da.

El colmo es el baño, la vida no sólo me castiga con un baño medio gacho y con problemas en la tubería sino que además me lo deja con manchas imposibles de quitar con cloro o ácido muriático. Tallo y tallo y nada, todo sigue igual.

Hoy, por ejemplo, cuando acabé mis labores me senté en el sillón y me dieron ganas de llorar por lo inútil que soy para ciertas cosas. Pero en lugar de eso me puse a ver Million Dollar Baby y entonces mejor lloré porque yo ni boxeadora ni hija de madre indiferente y mucho menos parapléjica en una cama de hospital. Mala pa limpiar pero querida y bien vivita, eso sí.

Todo esto para decir que si usted algún día viene a mi casa y le encuentra defectos de limpieza es muy posible que usted abra la Caja de Pandora y me suelte contándole esto y más con las lágrimas más gordas que jamás haya visto.

Sobre advertencia no hay engaño.

CÍRCULO

Toco mi cuello y me duele un poco, pero ya puedo virarlo. Puedo elegir mirar a un lado y otro. O puedo elegir mirar al frente. Puedo mover mi torso y virar. Reconozco lo que está atrás. Están mi padre y mi madre. Mis hermanos y lo que he aprendido de ellos en su ausencia. Porque en ellos, la ausencia. Miro atrás y están unos cuantos amores, algunos tropezones, hay choques y caídas. Observo la forma lenta o veloz en que me recuperé de ellos. También la forma en que no me recuperé y todo lo que tuvo que ocurrir, todo lo que tuve que repetir una y otra vez hasta que aprendí y sané. Toco otra vez mi cuello. Ese dolor está ahí para recordar lo que está atrás. Pero es un dolor leve, casi dulce. Un dolor que fortalece. Aprender, aprehender, asimilar y soltar: duele.

Ahora, miro al frente. Miro hoy. Miro mis pies y su capacidad de avanzar. Miro mis manos y sus deseos de escribir. Lo que mi garganta quiere decir a amigos, alumnos, familia. Miro más allá y está el futuro, uno que desconozco y que, por eso, quiero tomar. Porque por eso, por el futuro pasó todo lo que está atrás. Por eso, el crecer con hermanos mucho mayores, con padres que discuten por la sal pero se extrañan cuando no están, por eso casarse y divorciarse precipitadamente. Por eso cambiar de carril. Por eso pasar unos cuantos años triste y medicada para no estarlo. Por eso aprender a no estar triste y despedirse agradecida de la tristeza. Por eso, sanar con las manos. Por eso el mal o el buen carácter y el humor que lo redime. Todo, todo eso y más están ahí para que yo esté aquí, ahora.

Es probable que en futuro que veo más allá de mi ventana haya otras equivocaciones pero también es probable que yo haya aprendido a cargar menos, a temer menos. Es probable que haya otras heridas y otras ausencias pero es más que probable que yo pueda enfrentarlas. Lo que es mejor: Es probable que yo, sin darme cuenta, haya crecido.

Son las diez y veinte de la mañana. Me toco el cuello y no me duele, no me duele nada. Cierro un círculo.

PIENSO, LUEGO MUEVO

Aquí no es “pienso, luego existo”, no. Porque para mí o más bien para mi cuerpo y para su regreso a la vida normal la frase debe ser: “pienso, luego muevo”.

Y es que ayer la fisioterapeuta, al escuchar cómo nació ese pequeño pero agudo dolor en la espalda, me dijo que mis movimientos deben modificarse. Debo evitar, en la medida de lo posible, hacer movimientos impulsivos. Es así Sylvia: “piensa en tu movimiento, planea cómo lo vas a hacer y luego, lo realizas”. Su voz era suave. Imaginé el movimiento como si se tratara de un pequeño ballet.

Tuve ganas de llorar, hay una gran cantidad de cosas para las que no soy impulsiva, pienso mucho antes de actuar y, sin embargo, no planeo bien el cómo actuar. Simplemente lo hago como el grupo: do, make, say, think.

Es válido tomarse semanas para decidir algo o tomarse segundos, lo que no es válido es no planear cómo realizarlas, la ley causa-efecto siempre entra en vigor.

Me fui a casa con un sentimiento entre lindo y buenas noches. En los últimos meses tomé varias decisiones en mi vida, para algunas tomé el tiempo para pensar cómo llevarlas a cabo, para otras no. Unas han funcionado, otras no tanto. Pero cuánto he aprendido.

En estos días tomé una decisión y ahora planeo cómo llevarla a cabo para que, en caso de realizarla mis movimientos sean como Pavlova deslizándose sobre el pavimento de la carretera.

YOU MIGHT DONT KNOW IT YET

But, the one you just saw and the one you’ll soon see: is a better version of me. And I am sure than soon you would want to yell: CASTOOOREEEES.

PACORETE

Es un modelo único en su estilo.

Es el amigo que toda mujer DEBE tener en su vida. Perfecto para hablar de cosas graciosas y de las no tan graciosas.

Compañero ideal para comidas, compras y paseos en carro.

Excelente chofer y genial copiloto.

Mente creativa tanto para lasagñas como para sistemas tecnológicos.

Posee un chip especial que lo hace tener empatía en todo momento.

NO ESTÁ A LA VENTA ni  puede adquirirlo en la tienda de la esquina y mucho menos en amazon.com.

Es, ya dije, un modelo único en su estilo.

Y yo, tengo uno en existencia y sí, señores y señoras, es MI mejor amigo.