MIS
CLASES.

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
MIS
CLASES.
Ahí, arribita a su derecha.
Su otra derecha.
En la esquina, ¿ya vieron?
ahí, al lado de donde dice La autora hay un link. Ese, ese mero, sí, ese es mi Texas Journal algo que recién inicié y que no sé cuánto más mantenga pero you are bien welcome to visit.
y en mis posts de los últimos dos días se me olvidó decir lo siguiente: amo amo amo a mis amigas que una por una me han contactado para pedirme el celular de mi hijo porque quieren llamarle, invitarlo a salir o algo ahora que ya no vivo allá.
son las tres am y ellas están seguramente dormidas (yo también debería estarlo pero tomé un café cargadísimo) pero me voy a meter en sus sueños y les voy a dar las gracias oníricamente y, de paso, me meteré en los sueños de mi hijo y le platicaré de la gran tienda de videojuegos que descubrí antier.
Que ustedes no tienen una hermana que marcha en Canadá por los derechos de familias a quienes les quitaron sus hijos, que toma clases hasta de primeros auxilios, que les ofrece pagar su primer tuition en la escuela y que, más lindo aún, le dice a una amiga: “you can google my sister”.
No, ustedes, ninguno de ustedes tiene una hermana como la mía.
Pienso en esos trenes que se cruzan en el camino y no se conocen. Ni siquiera se miran el uno al otro, tan sólo hacen cambios de luces (¿los trenes hacen cambios de luces?). Con suerte, al cruzarse, exhalan un sonido, su único saludo, su única forma de decirle algo al otro.
Pero ¿qué ocurre cuando un tren se aleja del otro? ¿Se queda uno pensando en el otro? ¿se dice, “ah qué buen tren acabo de ver”? ¿se mete a su estación pensando en el otro tren, sueña con el otro tren? ¿amanece preguntándose cómo estará el otro tren y hacia dónde se dirigirá este día?
No lo sé pero si yo fuera un tren, haría todo esto y más.
“It always stimulates me to discover new examples of my own prejudice and stupidity, to realize that I don’t know half as much as I think I do.”
Paul Auster
Nos conocimos con el corazón doblado. Nos leímos el uno al otro. Hicimos una canción juntos (bueno, la hizo él, puesn, pero un día la cantaré con él). Nos escribimos largos correos de cuando en cuando. Nos visitamos en el blog. Decidimos dejar lo cómodo y lo conocido. Viajamos. Nos ubicamos en una nueva casa con una nueva cama (la mía es más grande) (pero la de él tiene balcones).
Y hoy, por primera vez, nos sentamos frente a nuestras compus, cada uno desde su trinchera y nos hablamos-vimos por skype casi una hora. Hablamos de tortillas, de tortas, de garnachas, de conciertos, de explosiones en el cielo, de pájaros que le dan cuerda al mundo, de Adolfo, de Pris, de los rfc. Escuchó el tren que pasa nocturno por mi casa. Me enseñó los balcones de la suya. Me dijo que un día vio una muchacha tan tan guapa que hasta se le salieron las lágrimas.
Y le creo.
Mi Obed es así. Le quiero así.
(momento cursi para decir que es una fortuna tener amigos que aún a distancia, se mantienen cerca). (este último comentario fue auspiciado por Skype).
El verano pasado, por estas fechas, ya había tenido mis supervacaciones con Sabina y nuestros hijos. Mi cabello era cortísimo y sin remedio. Mi casa quedaba al final de un laberíntico residencial. Mi corazón tenía más de tres años engarzado a un lindo Osezno. Mi carro tenía seis meses de nacido y poco kilometraje. Mi escritura estaba detenida.
Este verano mi cabello es hermosamente desigual, hago mis pininos con un programa que me permite ver y hablar con Sabina. Mi casa está en otro país. Mi corazón es honesto y es mío. Mi carro tiene una experiencia y un kilometraje envidiable. Mi escritura: flota.
Sé lo que hice el verano pasado y lo atesoro. Sé lo que he hecho este verano y me atesoro.
la cafetera. el azúcar. la taza. el pan. la mantequilla. no hay mermelada. el reloj. la cama destendida. la luz por la ventana. el sonido del tren. la cortina, el sol, el sol por la ventana.