Entra en un proceso de re-paración.
Disculpe las molestias que esto le ocasiona.

Espacio de Ocio y Escritura de Sylvia Aguilar Zéleny
Entra en un proceso de re-paración.
Disculpe las molestias que esto le ocasiona.
los conciertos y las amigas y la música y la comida y los minidramas y las caminatas y mi rrrr y el chai y caminar y la música (ya dije la música?) y la ciudad y las calles y pensar y pensar y caminar y pensar y la cerveza y caminar y escribir en la mente y saber y decir y no decir y a eso de las casitres de la mañana: rafaella carrá.
ay.
Try leaving past behind
a bit of present too,
Try undressing from the common worries of everyday
Try folding undesirable thoughts
Try to be all the you that you can be
Try to receive love as all as it is.
Try it, then, smile.
Siempre lo he dicho, venir al DF es venir a cargarse de energía. Como rico, platico mucho, me divierto a montones.
En esta ocasión, algo más ocurrió. Algo importante. No fue una charla, fue más que una charla. Podemos llamarlo proyecto.
Pero yo, secretamente, lo llamo de otro modo.
Hoy el tema de la clase fue la 1a. y la 3a. persona, los pros y contras de su uso en un texto. Hablamos del efecto que causa una y otra voz en el lector.
Oía, pero no oía.
Estaba ahí, pero no estaba.
Mi mente se dividía entre el recuento de objetos en la maleta y el bendito inicio de cuento que el maestro quiere para antes del viernes. Mi mente pensaba en la cantidad exacta de calzonescalcetinescamisetas y la voz exacta para un cuento con bolas de billar.
Al llegar a casa, resolví ambas cosas. De la cantidad exacta de calzonescalcetinescamisetas estoy segura. De la voz, no tanto.
Me voy me voy me voy me voy me voy al DF.
Como estaré fuera de la texana tierra muchosvarios días dediqué parte del sábado y casi todo el domingo en leer y leer. He descubierto que trabajo más fuera de casa que en ella. Ahí sólo estoy pensando en cosas bobas que me autointerrumpen. Por ejemplo:
– no me he sacado la ceja (agarro espejito y pinza y me pongo a sacármela)
– esta uña está más larga que las otras (y voy por la lima y me limo todas mis uñitas)
– me despinté bien los ojos? (acto seguido voy por la crema y el algodón)
etc., etc., etc.y muchos más etc.
Así que busco lugares alternativos para leer-escribir. Hoy por ejemplo es domingo, son las 7: 56 y estoy en la biblioteca. Sí, lo que usted escuchó. Estoy aquí. Este lugar cierra a la 1 am los domingos y ya se lo dije a alguien más, “aunque no tengo planes de quedarme aquí nunca jamás hasta esas horas en domingo, me da cierta seguridad saber que puedo hacerlo”.
So, en eso estoy en mi sunday nerdy sunday, oyendo música en Pandora y en Last FM e imaginando los posibles diálogos en una hipotética borrachera entre Aristóteles, Propp y Genette.
– No mames, Aristóteles, te la volaste con eso del arte como imitación (le diría Propp)
– Ay sí, mira quién habla… el que hace formulas casi aritméticas para explicar las funciones de la narrativa (le dirá Genette a Propp)
– Mira mira qué macizo se pone el señor i love narratología.
and so on…
Creo que los sundays nerdy sundays acabarán conmigo.
Hete aquí que ya vienes;
no hay otra alternativa que tus labios,
tus manos sabias que doró la huerta,
tu destreza apetita,
tu pecho
que no he podido hartarme de besallo
y el bello tronco lampo en que se ahonda
la más felice noria del ombligo
(…)
Hete aquí que ya subes del camino,
hete aquí que ya eres,
que has llegado.
Abigael Bohórquez
En Hamlet, uno de los personajes más bellos es el de Ofelia. Es una doncella dulce, enamorada, una especie de estrella fugaz que aparece y se desvanece.
En una de sus primeras escenas Ofelia conversa con su hermano Laertes, quien está por irse a Francia. Laertes aconseja como el hermano mayor que es y le dice a Ofelia sobre la relación de ésta con Hamlet:
“Teme, Ofelia; teme, querida hermana; no sigas inconsiderada tu inclinación; huye del peligro, colocándote fuera del tiro de los amorosos deseos. La doncella más honesta es libre en exceso, si descubre su belleza al rayo de luna…”
Y si ahora repito lo que Laertes le dijo a Ofelia es porque pienso en mi hermana.
Pienso en cómo ninguno de nosotros fue un poco Laertes, ninguno de nosotros le dijo que huyera del peligro cuando aún podía. Nadie le dijo que se alejara del tiro. Pero, en realidad, es muy probable que ni mil Laertes hubieran podido disuadir a nuestra Ofelia.
Veinte años después me queda claro, más que claro, que mi Ofelia tenía que vivir lo que vivió, no hubiera descubierto nunca su belleza bajo la luna. Gracias a lo vivido mi Ofelia ahora dice, como la de Shakespeare, “Haber visto lo que he visto, ver lo que veo!”