e mailing

Hoy escribí y mandé un correo de esos que uno piensa-piensa. Uno de esos que generalmente no reciben respuesta. Uno en los que uno pone alma, mocos y vida. Uno que puede ser el último.

O puede ser uno más.

No sé. El caso es que e mailing for the soul in a saturday morning es tan difícil como hacer álgebra rimada.

DO YOU NEED A HUG?

So its a thursday. I dont have to go to school on thursdays but i needed to do some writing in a different environment (translation: i was sick of being home). I walked there: me, my music, my backpack, a cup of coffee (walking with a coffee is difficult, i have just realized that).

anyway.

There I was, walking when I saw it and I saw him. This guy holding a cardboard that said: “Do you need a hug?¨ He and his pretty smile, standing, waiting. So willing. I felt something nice. I thought, what if I go and tell him: I do. No no no. What if I go and tell him, I dont need one but I wouldnt mind one. When I was close, a friend ran into him and i chickened out.

I kept walking. Without a hug.
Wish I wasnt such a coward sometimes. Wish I could grab my invisible balls and do the things my mind tells me to do.
If i did so, this would be so different, I would be writing: Today I needed a hug and I got one.

EN EL LIMBO

Siempre me ha parecido exquisita la frase “me siento en el limbo”. No cualquiera la dice, aunque cualquiera ha vivido esa sensación. La escucho y de inmediato le echo un buen ojo a quien la dijo, generalmente es alguien con un rostro de preocupación, tristeza, ansiedad, qué se yo. Alguien que se siente en el limbo, pues.

Pero mi mente tiene un diablillo interno, uno al que le gusta jugar con las palabras y las imágenes. Ese diablillo escucha limbo y de inmediato me lleva a imaginar una línea de gente sacudiendo la cadera y tratando de pasar bajo una vara bailando conga. Porque eso, también, es sentirse en el limbo.

Estar en el limbo es estar en el no saber, en el borde del bien y del mal, del estar bien y del estar mal. Estar en el limbo es no saber si se va a poder pasar bajo la vara manteniendo un ritmo sinigual.

A la larga los dos limbos son igual de preocupantes. Sólo que uno tiene soundtrack y el otro no.

Yo, de momento, estoy en el limbo. Pero he decidido que sea un limbo musical. No sé si he de bajar lo suficiente para pasar bajo la vara, no sé si la vara sigue ahí. No sé muchas cosas en realidad pero yo, yo no dejaré de mover la cadera mientras avanzo.

ENTRE LAS NOMEOLVIDES Y LAS SIEMPREVIVAS

De niña conocí las nomeolvides, me parece desde entonces el más hermoso nombre para una flor tan sencilla, tan pequeña, tan temporal. No requiere gran cuidado, mi madre dice que sólo necesita un suelo cómodo, cariñoso y fresco para que crezca. Tal vez dijo: como tú.

Siempre he querido tener un jardín de nomeolvides, asomarme por la ventana y verlas ahí, saberlas ahí, al menos por una época del año. Esperarlas hasta la siguiente, guardar su lugar en mi casa.

Ahora, a mi lado hay otra planta de nombre hermoso, es una siempreviva. Llegó seca a mi habitación, una bolita café, triste tal vez. Las indicaciones eran echarle un poco de agua y listo. La verdad, no estaba lista para hacerlo. No puedo explicar por qué su reverdecimiento me ponía nerviosa.

Pero finalmente lo hice. Tomé un platito, le eché un poco de agua y coloqué la bolita café no sin antes decirle: reverdece, pues. Pronta, ella comenzó a moverse de a poquitos, a moverse con suavidad.

La siempre viva sólo necesita agua, la nomeolvides un terreno húmedo, cálido. ¿Por qué entonces es tan difícil?

SOY UNA PENÉLOPE pero NO ESA PENÉLOPE

Desenredo un estambre. Tejo otro. Tejo solamente. Tejo por mí y para mí. Porque, aparte de escribir y cocinar, es la única otra cosa creativa que hacen mis manos.

Tejer es un placer. No piensas en nada o piensas en todo. Disfrutas el estambre rozando tus dedos, te alegras de pensar en lo lindo que ser verá tu tejido terminado, en ti o en alguien más. Tejer es un acto de complacencia.

Tejo y se va la ansiedad, se va la tristeza, la inseguridad. Tejo y soy yo, yo otra vez. Tejo pero no espero nada, nadie. No soy esa Penélope. No tejo para hacer tiempo, tampoco para espantar pretendientes ni para esperar marido.

Tejo nada más y hago del enredo lo que a veces no puedo hacer de la vida, una cosa fina, con forma.

NOW I AM

Now I am this living instrument

of a heart, two hands etc., given loose to animal

luminosity & fabulous humors. These too, do grow

out of (me) (a) the (very) body of all surprise —

Eleni Sikelianos, The monster lives of boys and girls.

OBEY YOUR BODY

Compartir el baño no es muy agradable pero qué se le va a hacer. Pero claro, una no espera que justo por compartir el baño (no al mismo tiempo, claro) le llegue una epifanía, así muy derechita ella en la barrita donde uno pone el shampoo.

Eso me sucedió esta mañana en que pensaba en las reparaciones del blog que aún no he hecho.

Estiré mi mano y hela ahí, la epifanía con cara de tarro de scrubbing soap. Una etiqueta que decía OBEY your BODY vino a traerme la luz. Obey your body, obey your body, me repetí a mí misma como si se tratara de un mantra.

Obey your body.

Pero, para obedecerlo, hay que escucharlo primero, pensé. Terminé de bañarme, me vestí, me embadurné de las cremas necesarias y me senté en un cojín a escuchar a mi cuerpo. Suena a mamada existencial, lo sé pero creo que queda muy claro ya que en este blog hacemos de eso (a falta, claro de hacer de las otras, ejem).

Anyway,

mi cuerpo habló, utilizó negritas y subrayados enfáticos para hacerlo.

Mi cuerpo habló y yo lo escuché. Veamos a dónde me lleva esta obediencia.