EL COLOSO

Hoy trabajé mi texto sobre The Book of Jon de Eleni Sikelianos, un libro al que puedo volver y volver. Y volver.

Pensé en que los padres siempre son un buen tema para un libro. También para una vida.

Una cosa llevó a otra y me acordé de Sylvia Plath y de su padre. Vino a mi mente una línea “Oh padre, tú solo/ Eres una referencia histórica” y entonces quise volver a leer el poema todo y luego decidí que lo quiero aquí en mi blog, porque sí, porque puedo, porque este, también, es un libro al que vuelvo y vuelvo y vuelvo.

EL COLOSO, SYLVIA PLATH

Nunca podré reunirte íntegramente,

Juntar, pegar, articular como corresponde.

Rebuznos de mula, gruñidos de cerdo, obscenos graznidos

Provienen de tus grandes labios.

Peor que en un corral.

Quizá te consideres un oráculo,

Portavoz de los muertos o de algún dios.

Yo llevo treinta años esforzándome

Por limpiar de fango tu garganta

Y no he aprendido nada.

Trepando escaleritas con frascos de engrudo y baldes de lisol

Me arrastro como una hormiga enlutada

Por los campos cubiertos de maleza de tus cejas

Para reparar tu inmenso cráneo y desbrozar

Los descarnados, blancos túmulos de tus ojos.

Un firmamento azul de otra Orestíada

Se cierne sobre nosotros. Oh padre, tú solo

Eres una referencia histórica tan importante como el Foro Romano.

Aquí meriando, en una colina de seres siniestros.

Las columnas de tus huesos y el acanto de tus cabellos vuelven

A su antigua anarquía esparciéndose hasta el horizonte.

Se necesita más que un rayo

Para crear tanta ruina.

Algunas noches me acurruco en la cornucopia

De tu oreja, a salvo del viento,

Y cuento estrellas rojas y estrellas color ciruela.

Sale el sol bajo el pilar de tu lengua.

Mis horas se desposan con la sombra.

Ya no escucho más el roce de la quilla

Contra las sordas piedras del desembarcadero.

Traducción María Julia de Ruschi Crespo

BED and BREAKFAST

Es el proyecto con el que Iztel y yo conquistaremos el mundo y con el cual haremos dólares con los que además haremos más shopping como el de hoy que fue TAN absolutamente divertido.

Texas, after all is a good place to live.

ALL THAT YASS

Sí, Yass, no jazz.

Yas, mi Yas. Una persona que se ha vuelto no sólo una compañera de clase o cómplice de salidas. Yas es mi amiga. Nos lo dijimos anoche en un extrañísimo momento en que intercambiamos vidas por no sé cuántas horas. Lo descubrimos anoche mientras ella hablaba de su hermana y de su abuela y yo de mi hijo y de Natalia (cada quién tiene sus prioridades al parecer).

Le pregunté por los besos texanos. Me habló de los besos texanos. Le hablé de besos mexicanos. Hablamos de los besos en general. Me dijo una frase que mi cuerpo hace célebre: ya es ya, sylvia. ya es ya.

Hablamos de magia, de universo, de casas, de páginas que ni siquiera hemos pensado que están ahí esperando que se escriban porque básicamente hablamos de la vida. De vivirla toda, de hacerla toda. De cómo estar aquí y ahora es lo que tenía que suceder.

Cada una dejó su vida y un buen trabajo para lanzarse a esta vida y a este trabajo. Cada una ha experimentado momentos de caos y de alegría. Cada una ha encontrado en la escritura un buen lugar. Y en eso estábamos, entregándonos la vida cuando de pronto la música que hasta entonces había sido una buena compañera llegó él. Sí, él, el otro filósofo de México: Juan Gabriel. Juan Gabriel que dice: no te aferres a un imposible. Y yo, toda nervios y risas y ella gritando como su abuela la hacía gritar de pequeña: I love you Juanga!!

Yo ya lo sabía pero ayer, ayer lo vi por completo, ayer vi: all that Yass y me regresé a casa pensando en la fortuna que es encontrar una gran amiga donde sólo esperaba encontrar libros y malls.

A WORD IS A WORD IS A WORD

Before one is succesful that is before any one is ready to pay money for anything you do then you are certain that every word you have written is an important word to have written and that any word you have written is as important as any other word and you keep everything you have written with great care.

Gertrude Stein

ANDE, AYÚDEME

Ande, ayúdeme. Haré loquesea con tal de que me eche la mano. Sólo usted puede ayudarme. Porque si me ponen de patitas en la calle, luego ¿qué hago? Ande, ayúdeme, usted sabe que batallé mucho para entrar a la Walmart, está en chino que encuentre algo mejor. Ya sé, ya sé, siempre puedo volver a meserear en la cantina del tío Lalo pero ahí no hay futuro ni dinero, ni nada. Imagínese, ¿qué marido puedo sacar de ahí?, ya lo veo, uno igual de borracho que mi apá y el tío! Ande, ayúdeme porque no quiero volver allá donde siempre es lo mismo, todo es lo mismo. En la cantina los clientes la nalguean a una un día sí y otro también. En cambio, aquí es otra cosa, aquí hay respeto, aquí una puede superarse. Mire a la Xóchitl que entró cuando mucho unos 2 meses antes que yo y no sólo ya atiende la caja sino que además anda como noviandito con Neto, el del almacén. No voy a conseguirme alguien como el Neto limpiando las mesas y la barra del tío Lalo. Ande, ayúdeme, ya sé que nomás le hablo cuando ocupo socorro pero si usted me ayuda a salir de ésta voy a ser la mejor de sus ovejas. Ande, ayúdeme, porque si me corren mi amá nomás se va a preocupar toda, como si no tuviera suficiente con todo lo que la hacen sufrir mi apá y el Felipe con esos negocios que se traen. No dice nada la pobre pero yo la veo que no duerme, que no descansa nomás de estar pensando en ellos. Si yo le salgo con esto tantito peor se va a poner. ¡Ande, ayúdeme! Si no lo hace por mí, hágalo por ella, hágalo por todas la veces que le ha encendido veladoras sin pedir nada. Hágalo por todas las flores que alguna vez le ha llevado. Ande, ayúdeme, que no pierda yo este trabajo, que no pase nada, que nadie se dé cuenta de que fui yo la que marcó todo ese lote de mercancía mal, que nadie sepa, que nadie sepa. Ande: que mañana abran la tienda y que todo sea normal. Ayúdeme: que nadie me diga nada. San Juditas, por favor, sólo usted puede hacer el milagro.

Parece mentira pero hoy, apenas hoy, me di cuenta de que no se puede tener todo. Esperaba que un asuntillo se arreglara pero nomás no, y las expectativas de hace unos días se fragmentan más, se disuelven, el amor que tenía se perdió irremediable en un laberinto.

Pero, mientras eso ocurre, las conversaciones nocturnas con mi hermana se vuelven cada vez más ricas, más hermosas. Esta, es una sorpresa. La hermana que era una sombra, un recuerdo, un nombre sobre una vieja acta de nacimiento, volvió a mi vida y volvió para escucharme, para sentirme, para decirme que todo va a estar bien, que me concentre en mí, en mi escritura, en mi vida. Ahora es su turno de sanar mi alma. Se siente bien.

Soy afortunada.

DILUVIO

nada por aquí, nada por allá,
nada en esta mano, nada en esta otra;
un ojo,
dos cabezas,
tres brazos,
cuatro pies;
los ahogados,
al alba,
todavía querían tragar
más;
y la paloma de noé
ni
con las mañanitas.

Abigael Bohórquez

filósofos y llantas

Hace diez mil años se me ponchó una llanta.
Era de noche, era tarde, era después de una fiesta.
Y alguien llegó al rescate. Yo no tenía extra así que el rescatista me llevó a comprar una. Hablamos, digo asumo que hablamos aunque no recuerdo de qué. La sorpresa vino en algún punto entre comprar la llanta (que él pagó) e instalarla. Mi rescatista tenía nombre de filósofo griego y yo, justo en esa época, aparte de trabajar en un boletín ininteligible daba clases de literatura grecolatina. ¿Era ese un mensaje divino de los Dioses del Olimpo? Probablemente no porque creo que sólo vi al filósofo que arregla llantas y que rescata a mujeres en apuros un par de veces más.

Pero el destino es curioso. Muy curioso. El filósofo guardó un cuento que yo le di y, siglos después ha dado conmigo. Las buenas amistades nacen donde uno menos lo espera. En una llanta ponchada, por ejemplo.