MERCED

Porque estoy, porque sigo,

porque he sido,

porque todo me viaja, me indica, me subsiste

y el viejo corazón pulsa su herida;

porque médulamente,

frumental,

incombusto,

me doy, clamo, me pueblo,

me complico, me encubro, me encolmeno,

y porque el canto está

y es éste,

es esto

esto que ama,

– qué eres, di, corazón, eres el aire?,

eres el sol del aire del estío?-

es que de esta manera mi niñez,

mi adolescencia pálida, mi culpa nueva, mi juventud

pide merced

pide cantar.

Abigael Bohórquez

FLORENCE

Florence dejó la playa, volvió al hotel, tomó sus cosas y se marchó cuando se dio cuenta de que las cosas no irían a ningún lado, cuando descubrió que sin importar lo que hiciera las cosas irían a pique. Continuó con su vida, dedicó su tiempo y energía en su música. Se volvió un punto borroso y decreciente en la vida de él.

Yo, puedo hacer lo mismo. Lo hago ya. Soy un punto borroso y decreciente contra la inmensa vía recta de guijarros relucientes a la luz pálida

año nuevo regio

nosotros tendremos un año nuevo regio. muy muy regio. el hijo y yo pasaremos unos días maravillosos con mi eSe de las montañas. el fin de semana de mis sueños.

afortunada es aquella que tiene amigas como las que tengo yo. y la verdad es que nadie tiene amigas como las que tengo yo.

he-di-cho.

dr. pasavento

Estoy leyendo con la lentitud de la tortuga, leyendo como quien no quiere terminar, como quien no quiere pasar la página porque eso significa avanzar. Yo no quiero avanzar, quiero quedarme ahí varada en los márgenes del papel. Me ocurre igual con la Crónica del pájaro que le da cuerda al mundo, esa es otra novela que no quiero terminar de leer, quiero postergar cada capítulo como quien posterga la última probada de un rico postre.

Y es que se trata de Vila-Matas uno de los narradores que más admiro. Y es que se trata de Robert Walser uno de los narradores que más me intrigan.  Y es que se trata de mí, la lectora más rara del universo. Y es que se trata de una novela que esperé mucho tiempo: Dr. Pasavento.

y además, las uñas pintadas de azul

Este ha sido el año de la rebelión, o algo así. Dejé una relación, dejé un trabajo, dejé la ciudad. En el inter vendí todas mis cosas y doné a mi perra. Me rapé un lado de la cabeza, me puse un arete y gané peso. Mudé mis sueños a otra ciudad en otro país. Viajé ida y vuelta por una tercera parte del estado de Texas, un cuarto de Nuevo México y otro cacho por Arizona. Volé al DF, ¿cuántas veces? He visto llorar a mis amigas y en vez de darles por el lado, les dije directamente lo que pensaba. Recuperé a mi hermana y entregué a mi hijo a su padre. Volví a escribir y volví a leer. He comenzado a dormir dejando los trastes sin lavar, de vez en cuando duermo con la puerta del clóset abierta y no acomodo la ropa por colores. Tengo poco dinero en el bolsillo y procuro no sufrir por ello. Amo sin mucho aspaviento, a distancia y sin expectativas.

Este, pues, ha sido el año de la rebelión. Tengo todo este montón de cosas distintas en mi vida, que además en nada se parece ya a la del año anterior, o a la del anterior a éste. Yo, tengo un nuevo espíritu y además, las uñas pintadas de azul.

VOLVER A CASA

El lunes vuelvo a trabajar en una agencia donde fui perfectamente feliz por no sé cuántos años. Fue mi hogar antes de irme al TEC, fue el lugar al que siempre quise volver. Regreso para trabajar en una cuenta que me gusta muchísimo. Me entusiasma retomar una dinámica de trabajo que caza perfectamente con este universo de palabras e imaginación que ahora habito.

Esto también es volver a casa.

EL OBED

Me mandó este fabuloso regalo de navidad. La camiseta de camisetas. No se me ve la cara pero sonrío de oreja a oreja, lo juro.