TOMA DOS HORAS

Sólo toma dos horas ir de esta ciudad a tu ciudad. Sólo toma dos horas viajar con una gran cantidad de alegría, agradecimiento e historias. Sólo toma unos minutos estar en tus brazos y sentirse de nuevo llena de energía.

Sólo tomó unos minutos decirte que sí, que íbamos, que aceptábamos tu regalo, que aceptábamos tu invitación. Creo que no imaginamos todo lo que significaría viajar a tu ciudad, estar en tu casa, compartir el tiempo con tu familia. Tantos años de conocerte y a veces siento que no termino ni terminaré de conocerte.

Me alegra no conocerte del todo, me entusiasma todo el tiempo que aún tenemos por delante para hablar, Sabina, para hilar y deshilar nuestras vidas frente a la otra, para resolver los dilemas más profundos y más complejos que habitan nuestras cabezas y nuestras almas.

¿Te he dicho alguna vez lo importante que has sido en mi vida en diferentes épocas? Te me desapareces y vuelves, entregas en cada ocasión tus palabras y tu corazón (que son básicamente una extensión del otro y viceversa), llegas en cada cambio de estación, de ciclo, me acompañas en él, antes de lejos ahora cada vez más de cerca.

Toma dos horas volar a ti. Toma apenas unos segundos saber que esta es una amistad que inició hace muchos años y que se mantendrá hasta el final de esta vida y hasta la siguientes.

A estas alturas creo que en las últimas semanas de uno u otro modo ya hice mi recuento del año. He explicado que ha sido el año del cambio, del salto al vacío, el año en que mudé de piel. El año del aprendizaje.

Un día voy a decir: en el 2010, yo, solté amarras.

Hace mucho que no sentía esto, se cierra este ciclo y siento lo más cercano a la felicidad, a sentirse completa. Me siento más yo que nunca. Me siento más que nunca.

Sólo tengo un propósito para el 2011, seguir amando como lo hago, seguir saltando como lo hago, seguir aprendiendo como hasta ahora. Que ni el llanto, la risa, el dolor, el deseo me distraiga de lo que más quiero: morder la vida toda. Serla, escribirla, compartirla.

el paquete

se fue hace mucho. iba lleno de expectativas. cargado de cariño. pero se quedó ahí, solito en ese lugar, sin entender por qué nadie iba por él. el paquete que no tenía fecha de caducidad de pronto la tuvo.

ME MIRAS

Mi mano sobre tu antebrazo. Tu índice sobre el dorso de mi mano. Las palabras no hacen falta. Están ahí pero no las decimos. Tampoco las oímos. Me inclino hacia tu hombro, te quiero decir más pero mejor digo: platícame, ¿qué desayunaste? y describes el más delicioso platillo. Te imagino cortando y la yema extendiéndose sobre el plato. Te veo preparándolo para mí, tomamos café juntos y hablamos de espárragos con mayonesa o de cómo se ensució los pies Proust.

Me miras, y todas estas cosas pasan por mi cabeza. Dices que soy encantadora, digo que estoy encantada contigo y por ti, Demóstenes.

ELIZABETTA

Hoy no fui a tu casa y tú eres de esas amigas que puede entender las razones: el hijo tuvo un ataque de mamitis. Tú eres de las que sabe lo que es ese asunto de la maternidad que a veces te hace cambiar o cancelar planes. Tú sabes lo que es hacer circo, maroma y teatro para ser profesionista, estudiante, madre, ama de casa y una mujer encantadora (autogol).

Ya perdí la cuenta de los años pero sé que han sido muchos los que hemos compartido. Nuestras charlas matutinas diarias, nuestras catarsis, nuestros tomar turnos para platicarnos las cosas maravillosas, escandalosas, venenosas, dramáticas y extrañas de la vida.

Has estado conmigo. He estado contigo. Hemos intercambiado consejos, chismes, tips de belleza. Hemos joteado de lo lindo fingiendo que no. Hemos hablado de corazones doblados, de mujeres con cara de caballo y de mujeres macho alpha. Hemos hablado de hombres débiles, necios o de hombres pocohombres.

Hemos hablado de historiografía unos minutos y luego de las series del Sony. Hemos soñado con que nuestros hijos se casen y seamos consuegras.

Básicamente, Elizabetta, hemos sido amigas, muy amigas. Hoy no fui a tu casa pero sé que no pasa nada porque puedo ir mañana o el día siguiente o el próximo mes y va a estar bien porque este cariño tiene ese carácter de inamovible que muchos no conocen.

el de casi doce

Si lo vieran no lo creerían, está altísimo, es un flaquito larguirucho guapísimo. Se toma su tiempo para elegir la ropa que va a ponerse, divide su tiempo libre entre la tele, la compu y la guitarra y, generalmente, la guitarra gana. Es igual de gracioso, dulce, maduro, esa curiosa combinación que siempre lo ha distinguido.

Hemos hablado mucho, nos la hemos pasado de pata de perro, hemos comido fuera (y tenemos un par de hadas madrinas para agradecer eso), en general han sido momentos fabulosos. Me hacía falta esto, esa sensación de ser mamá-mamá, aunque la verdad creo que de mamá-mamá siempre he tenido muy poco.

Mi hijo, el de casidoce, es un preadolescente, uno hermoso, uno necio, uno despistado. Mi hijo, el de casidoce, creció sin que yo me diera cuenta, mi pequeñito es un chico alto y encantador, es un guitarrista en ciernes. El pequeño hombre que me ayudó -sin saberlo- a que yo dejara de ser una pequeña mujer. Pronto se acerca mi turno para hacer lo mismo por él, hacer de mi pequeño hombre el hombre que él desee ser.

QUERIDO SANTA:

Aliviaste mi cuello y mi estómago. Me diste tiempo extra en el mundo. Me llevaste a vivir a otra ciudad. Me pusiste enfrente de Pixies, Blondie, Arcade Fire y Belle y Sebastian. Y lo más importante: me devolviste a mi hermana.

¿Cómo agradecerte?

Felices fiestas everyone.

al otro día

en una tarde de café cada uno habló de las novelas que está escribiendo. (y cuando una encuentra con quién hablar de la novela que está escribiendo y cuando una escucha sobre la novela que alguien más está escribiendo, una se siente feliz).

y entonces

hablamos de futbol, de Pérez Reverte y de hot-dogs.

(no hay nada más valioso que encontrar a alguien con quién hablar de futbol, Pérez Reverte y hot dogs).

GREY’S ANATOMY

Era mi serie favorita pero de pronto a inicios de este año le dio por hacerme pensar más de la cuenta. Grey’s se volvió sinónimo de ti y de una época que yo quería cerrar, así que muy disciplinadita dejé de verla.

El lunes pasado vi un cachito, me pusieron al tanto de las cosas y sonreí, así de paralelas. No me dolió la panza, no jotée como normalmente lo hubiera hecho. Sonreí. Tú conoces mi sonrisa cuando es genuina.

Ayer, o antier, escribiste y te escribí. Estás bien y estoy bien. Estamos donde debemos estar. Te agradezco. Pienso que todo está en su lugar. Tomó tiempo entenderlo, pero qué bueno fue decir adiós.

Tú y yo fuimos una miniserie divertida y dramática, no puedes dejarme mentir. Pero ésta, es otra temporada, lo mejor: no es una anatomía gris. Es brillante, colorida, es inmensa. No importa que necesitemos mapas, lo que importa es no perderse.

Somos como Allison que dejó una serie para iniciar otra pero, seguramente, la nuestra, la que vivimos ahora, tiene y tendrá mucho más rating que Private Practice. Tampoco me dejarás mentir.

Por lo pronto, creo que el lunes ya podré volver a ver esa serie que tanto tiempo disfrutamos, la veré tranquila, a solas y con harta comida.