LA VIDA EN LOS AEROPUERTOS Y EN LOS AVIONES

Tiene otro ritmo completamente, una se siente en una película, se es a la vez personaje y espectador. Una vive despedidas, una observa despedidas. Una encuentra historias en las salas de espera, los rostros frente a una maleta de mano, la sonrisa que nace de la línea de un libro, la mitad de una conversación en un móvil.

Una piensa cosas que no pensaría ni en otro lugar ni en otro momento, cosas que de otro modo no habitarían esta cabeza y esta alma y esta piel. Cuando una oye decir: fasten your seatbelt, una piensa en muchas cosas, en eso especialmente en que hay que abrocharse el cinturón no sólo porque se va a volar sino porque -inevitablemente- se va a pensar.

Aquí el tiempo se detiene, la comida y el agua tienen otro sabor, el espacio compartido  se vuelve ligeramente incómodo, yo saludo con la mirada, ofrezco una sonrisa pero me cuesta mucho iniciar una conversación o continuarla. Es un tipo de vulnerabilidad que nunca he podido explicar ni superar.

Sin embargo, la vida en los aeropuertos y en los aviones tiene su propio encanto, soy poco justa al describirla y, seguramente,  también al vivirla.

tejedora

Ayer conocí a Elizabeth, una dulce mujer de cabello corto, una tejedora, como una. Una tejedora de estambre y agujas y todos sabemos que una tejedora de estambre y agujas es también, es siempre una tejedora de historias. Y ahí en un bello jardín celebrando lo que los mexicanos no celebramos, la otra tejedora y yo hablamos de las mujeres que se casan a los 79 años y de los hijos que aunque no están siempre están.

y entonces

y entonces recorremos carreteras con los verdes más verdes a cada lado, campos de vida que se labra, caminamos por calles angostas con casas altas, casas pegaditas la una a la otra, hombro con hombro, techo con techo, visitamos mercados inusitados, antiguos, únicos, entramos a librerías de viejo, tomamos esto, aquello, nos metemos luego a un café, hablamos como si no hubiéramos hablado ya las últimas cuántas horas.

y entonces entramos a una casa bella, nos internamos en la cocina y preparamos y cocinamos y ponemos la mesa y hablamos un poco más como si no hubiéramos hablado ya cuánto tiempo, comemos y volvemos a salir y caminamos por un campo universitario y platicamos de esta vida y de aquella. hablamos como si no.

y entonces tomamos de nuevo carretera y vamos a esa otra ciudad de edificios altos y calles adosadas, la ciudad del puerto bello, damos pasos, muchos pasos, atravesamos una ciudad y un tiempo y un clima y una vida toda.

y entonces, entonces, sonrío. feliz.

The plain sense of things

by Wallace Stevens
After the leaves have fallen, we return
To a plain sense of things. It is as if
We had come to an end of the imagination,
Inanimate in an inert savoir.

It is difficult even to choose the adjective
For this blank cold, this sadness without cause.
The great structure has become a minor house.
No turban walks across the lessened floors.

The greenhouse never so badly needed paint.
The chimney is fifty years old and slants to one side.
A fantastic effort has failed, a repetition
In a repetitiousness of men and flies.

Yet the absence of the imagination had
Itself to be imagined. The great pond,
The plain sense of it, without reflections, leaves,
Mud, water like dirty glass, expressing silence

Of a sort, silence of a rat come out to see,
The great pond and its waste of the lilies, all this
Had to be imagined as an inevitable knowledge,
Required, as a necessity requires.

 

NADIRS

Si usted no ha leído Nadirs de Herta Müller, ¿qué espera? go-get-it. Yo ya tengo mi Nadirs que será la cabecera de mis Nenits. Seguramente alguno de ustedes no sabe de lo que le estoy hablando pero para el que sí sepa de qué hablo cuando digo Nenits pues sépalo: Nadirs es la cabecera de Nenits y Herta Müller una maestra que no sabe que le está enseñando mucho a una narratista en Texas (o en arizona o en nuevo méxico, porque estoy en la carretera en un descanso pero no sé exactamente donde estoy).

anyway, ya lo anotaron? Nadirs de Herta Müller.

NY

Hoy recibí una gran noticia, mi Sofismo Puro recibió la aceptación para competir en el maratón de Nueva York en noviembre. Estamos de fiesta y de emoción y de nervios. Son cuarentaytantos kilómetros los que habrá de correr con sus fabulosos tenis Nike que tanto me gustan. Se avecina un entrenamiento bárbaro para las piernas corredoras y para mi garganta porque he de ser la cheerleader oficial, sí señor porque ya sea desde acá o allá mero pero yo seré la proveedora del ánimo. Así que pueda o no ir a NY en esas fechas mi alma estará ahí, correrá esas calles y observará la vida desde los ojos de un sofismo puro y deportivo.

 

leo, subrayo: luego existo

el semestre se termina, le quedan horas de vida pero yo he estado haciendo trampa. cuando se supone que debería estar leyendo a un par de autores para mi clase yo, en realidad, estoy leyendo otro par de cosas. ya se sabe a estas alturas que soy una libertina poliamorosa cuando de lecturas se trata. tengo un libro en la bolsa para cuando tengo que esperar mi bus o estoy haciendo cola en algún lado (o para una clase en la que a veces me aburro). tengo un libro en el carro (para cuando los altos son muy largos). tengo un libro al ladito de la tina (para esos largos momentos de relax con agua tibiecita y sales de lavanda). tengo un libro al lado de la cama porque sí. al lado de mis libros: mis lapicitos, que no son chicos sino unos lápices gordotes que amo desde que los descubrí el año pasado. leo y subrayo, eso hago. bueno, no. leo, hago una pausa y subrayo. a veces hago anotaciones al margen. leo, subrayo, anoto. no, esperen: leo, subrayo, anoto y luego: existo. porque lo leído-subrayado-anotado se convierte en algo importante durante el día, en una pieza pequeñísima de algún texto, de alguna conversación, de algún correo o de este blog. leer es importante, subrayar lo es más. es una forma de decir “esto me gusta, esto lo creo, esto me hace pensar, estoy puede servir, esto lo tengo que comentar, esto lo quiero compartir”. hoy, por ejemplo, he subrayado varias veces en dos libros, me pregunto entonces en qué se convertirán después esos subrayados.

LA culpa la tienen las metáforas

Bueno, es todo muy raro. Y la culpa la tienen las metáforas. Que cuando me cogen por banda hacen de mí lo que quieren, veo lo que no hay y no veo lo que hay.

¿Quién escribió esto? pues Carmen Martín Gaite