MAUS

El de doce comenzó a leer en semana santa los dos volúmenes de Persépolis, interesantes charlas tuvimos después de eso. Luego se leyó el primer libro de Diaries of a Wimpy Kid, se lo echó en menos de tres días. Descubrí entonces que lo suyo era la novela gráfica. Le hablé de Maus de Art Spiegelman y le interesó. Se lo he traído de regalo, pero resulta que el hijo está muy ocupado en una misión con el XBox, así que comencé a leerlo yo.

No es un libro para niños ciertamente pero si lo pienso tampoco es un libro para adultos. El holocausto no es un libro para nadie. Pero es un libro para todos.

LA ELEGIDA

A distancia fue el primer título provisional de la novela sobre mi hermana. Duró años llamándose así. Luego se llamó el Libro de Aisha. El año pasado Sabina, después de leerla le encontró otro nombre que se escondía en uno de los capítulos.

El mes pasado la novela encontró casa y este verano trabajaremos en verla alejarse de mi ordenador y convertirse en papel, ¿cuánto tiempo tomará? no lo sé. ¿Importa? tampoco, saldrá cuando haya de salir, de cualquier modo ya es La Elegida.

INTERSTATE 10

Si tuviera un trailer sería rosa y miren que poco me falta para tener un tráiler porque de diciembre a mayo he hecho unos mil millones de viajes en la Interstate 10 de Sonora a Texas y viceversa. La carretera y yo hemos creado básicamente un vínculo, hacemos del pavimento una pizarra donde escribimos nuestros planes, nuestros deseos, hacemos hasta el balance bancario.

He aprendido más de la carretera en este año que en siglos manejando, he aprendido la dinámica de los traileros, cuando hay que rebasarlos, cuando hay que mantenerse a distancia, cuando hay que temerles. Bueno, casi que ya hasta familia somos.

Un día escribiré un cuento o por qué no, una novela y se llamará así Interestatal 10, no tengo la más pálida idea de qué vaya la novela pero de seguro en ese mismo pavimento la comenzaré a escribir.

p.s. ya estoy en el terruño.

STENCIL FOR WOMANHOOD

Sometimes I feel it would be better to have a stencil for womanhood, it could be so much easier to have a line on how to act how to be how to dress how to think how to.

viernes

este viernes es la última reunión en el juzgado que puede otorgarle la felicidad y la tranquilidad a la hermana. este viernes mi energía toda estará allá. este viernes un montón de mujeres compañeras de la ong en que participa mi hermana estarán con ella en el edificio de la corte. este viernes se definen cosas que hierven desde hace años. este viernes me hace falta una buena oración.

FIRMEN CONMIGO

A principios de año comencé a leer Comer, Rezar y Amar. Me lo topé en un aeropuerto y me dije a mí misma que por qué no leía lo que leía todo mundo, just for a change.

Semanas más tarde en un viaje en carretera mi madre tomó el libro y lo leyó en voz alta para ambas, como en los viejos tiempos. Pero en este caso mamá no me leía de lobos o caperucitas o princesas de pelo azul, mamá me leía de una mujer que descubrió que se quería salir de la vida que tenía y lloraba a Dios por ello. Mamá y yo lo disfrutábamos, lo entendíamos, era como estar leyendo una chic flick con ciertos atisbos de filosofía zen.

En un punto del libro Elizabeth, la protagonista, también, viaja en carretera. Viaja con el temor de que las cosas se ponen difíciles, no fluyen del modo que quiere para poder salir del matrimonio. Su amiga le dice que puede salirse que puede ser feliz que mucha gente estaría dispuesta a firmar por ella. Su amiga hace un listado de la gente que firma y “le da permiso” de ser feliz, nombres y más nombres de personas que la apoyan en su decisión.

Hoy, y digo hoy y me dan unas ganas tremendas de llorar, mi hermana, mi sangre mi piel mi luz, inicia un nuevo proceso para alcanzar tranquilidad y felicidad, no sólo su tranquilidad y su felicidad sino también la de sus hijas. Mi hermana es optimista, piensa que pase lo que pase no tiene nada qué perder y que lo peor en su vida ya lo vivió, ¿qué otra cosa puede salir mal?

A mi hermana, entonces, le vendría bien una lista de nombres y nombres que la apoyen, que la respalden en su decisión, en su proceso. Por eso, desde aquí, desde este rincón de alma cercana le escribo a mis amigas y les escribo a ustedes para que manden un pensamiento positivo, para que las cosas salgan bien.

Así que, firmen conmigo, ¿sí? cierren los ojos unos segunditos, firmen y afirmen que hay alguien que sí que merece ser feliz, ser feliz ya.

 

 

sylvia en lancaster

es la misma sylvia de siempre PEEEEERO más feliz, véanla, la sonrisita boba la delata. pero así acompañadita de flores, de mucho verde, de mucho cariño se ve más mona, ¿no?

TO DOGS WE ARE OWNERS, TO CATS: STAFF

Bajo el nuevo precepto titulado “disfruta más del barrio en que vives” hoy decidí no cocinar (y miren que últimamente cocino mucho) e irme caminando a Sam’s. No contaba yo en que me iba a confundir y cuando tenía que virar a la izquierda viré a la derecha (ah, dislexia si serás necia). Confundirse está bien, pero confundirse bajo un sol texano no está tan bien.

Pero bueno.

Una vez corregido el camino llegué a Sam’s que por fuera es una casa amarilla amarilla y por dentro es un restaurant de comida china que es entre raro y acogedor, según el estado de ánimo de uno. En esta ocasión fue acogedor, no es muy común que yo coma sola en un restaurante (ya saben cómo puede ser una de ridícula con esas cosas) pero cuando lo hago, lo hago dispuesta a disfrutar la experiencia. Llevaba yo dos libros (en caso de que uno me fastidiara pronto, la teoría literaria no va a veces con los spring rolls). Me senté, pedí agua y luego té helado, elegí mi platillo vegano favorito y me puse a leer.

Para cuando mi comida llegó no llevaba yo ni página y media (otro encanto del lugar, no tardan mucho en servir comida rica, fresca y calientita), y ahí estaba yo en pleno mu-shu cuando me encontré con un papelito en la silla de al lado, un papelito proveniente sin lugar a dudas de una galleta de la suerte. El papelito decía: “to dogs we are owners, to cats: staff” me hizo una gracia enorme y entonces, entonces me di cuenta de algo terrible no tengo ni perros ni gatos ni nada por el estilo. Ni dueña ni staff. No tenía, tampoco, a nadie frente a mí para hablar del asunto.

Terminé mi rica comida, acabé con mi fresco té pero volví a casa un poquito desinflada. En serio, a veces me pongo de un sentimental que ni un perro o un gato me aceptarían en su vida.

SUMMER READINGS

Breve lista de lo que pretendo leer,estoyleyendo,habréleído:

  • Inferno, Eileen Myles
  • What I talk about when I talk about running, Haruki Murakami
  • Hawayo Takata’s Story, Helen Haberly
  • Just Kids, Patty Smith
  • Cement Garden, Ian McEwan
  • Fugitive Pieces, Anne Michaels

avísoles que voy a la mitad del segundo y recién iniciando el primero.

Il perdono di Dio

Imagínese usted la escena, Sylvíssima picada, picadísima con un libro que llegó desde la mismísima Berkana de Madrid hasta Pennsylvania y desde Pennsylvania viaja conmigo a este otro hogar. Devoro página tras página de él, me sonrojo de cuando en cuando (y cómo no sonrojarse si el título del libro es Sexutopías y sus páginas son ufff, ufff y re ufff de bárbaras). Bueno, pues heme ahí en mi asiento, entreviendo cómo la gente aborda y siguiendo mi lectura sonrojadora. Me tomo unos segundos para adivinar, quién de entre toda esa gente es la que se va a sentar junto a mí. De pronto lo veo y lo sé, ese, justo ese, ese hombre con la cosita en el cuello que lo delata como sacerdote, justo ese se va a sentar aquí.

Y claro, se sentó aquí. Carga consigo una bolsa de Prada (sí, los padres usan Prada) su chamarra excesivamente grande (y que no subió al compartimiento) y sacó de su mochila (no vi la marca pero sé que es mochila de marca) un librote. La biblia, me pregunto, pero no, no era la biblia, era alguna otra cosa que estaba escrita en italiano, traté de avizar el ojo y enterarme un poquito de qué se trataba sólo para alcanzar a leer una sola línea “Il perdono di Dio”. Mmhh al menos es coherente entre su rol histórico y su lectura. Vuelvo a mis páginas, dos mujeres en un jacuzzi comenzan a flirtear, una toca a la otra con…. en…

Bestias, siento que el sacerdote echa un ojo a mi libro, me pregunto si habla español, me pregunto si alcanza a ver la palabra pezón al final de esta página, me pregunto si se pregunta. Yo debería ser valiente y leer como si nada, no cubrir con mi mano izquierda el título del libro de Sofía Ruiz (una autora de la que un día hablaré aquí) pero lo hago, dios mío, lo hago. Me pregunto si debo dejar de leer, si debo guardar mi libro y ponerme a rezar un padrenuestroquestásenloscielos, al cabo recién se lo he hecho practicar a mi hijo para su primera comunión. Pero no hago nada de eso, cómo voy a hacer algo de eso, debo ser coherente, ¿no? se trata de una sexutopía y hay que portarse como tal. Sigo leyendo, los personajes ya están sacando vapor del agua del jacuzzi y entonces…

la aeromoza dice que para poder despegar necesita que la parte trasera de tan pequeñito avión esté completa, ¿hay algún voluntario que se quiera mudar a las filas 15 y 16? Yo, por supuesto, levanto la mano, cierro mi libro, levanto mis cosas y me marcho a otro lugar. El sacerdote me mira, me mira raro (o soy paranoica) o me mira agradecido (o soy idealista).

Me mudo, me voy, me alejo del integrante de la iglesia pero, pero, PEEEEERO, no pasa nada porque existe Il perdono di Dio, ¿qué no?