Dicen que la guerra vino a buscarnos. Nosotros estábamos aquí haciendo lo que hacemos siempre desde hace tres, cuatro años ¿o cuándo fue que empezó? El caso es que la guerra llegó. La escuché por vez primera cuando, dormida, una madrugada se escucharon tiros lejanos y los noticieros luego nos dijeron de la balacera en una casa de Los Lagos. Sabíamos que estaba aquí cuando un periódico comenzó a contar los días que uno de sus reporteros llevaba desaparecido.
Los muertos comenzaron a sumarse, dejaron de ser nombres y se convirtieron en números.
Hace unos años en un congreso conocí gente de La Paz, Baja California Sur. Eran el alma del congreso, simpatiquísimos, nos hacían reír todo el tiempo, una anécdota tras otra, un chiste tras otro. Alguien finalmente preguntó si toda la gente de la paz era así tan divertida y alguien -también finalmente- dijo que en La Paz había que ser así porque sus playas siempre son azotadas por tormentas tropicales o pequeñosmedianos huracanes que los confinan en sus casas sin luz, “hay que entretenerse, hay que caer bien, uno no sabe cuánto tiempo estará metido ahí con toda la familia o con los vecinos”. No había ningún dejo de molestia al decir esto.
Ahora que en todos los medios se habla de cómo este país se ha vuelto un campo de guerra, he pensado mucho en la gente de La Paz. Si alguien me preguntara ¿qué ha ocurrido dentro de las casas de este país mientras esta guerra nos toma de los hombros? Diría que en las casas hay reuniones, juegos de mesa, se festejan cumpleaños, se celebran aniversarios. Hay música y hay risas.
En las casas de este país, de uno u otro modo, se vive. O se finge que se vive. Uno se hace como que no hay miedo. Y vive porque “hay gente que le tiene tanto miedo a la muerte que no aprende a disfrutar de la vida. Hay vivos que están ya muertos. Y yo no quiero ni ser un muerto en vida ni que mis hijos me recuerden como un cobarde” (Jaime Rodríguez Calderón, alcalde de García, Nuevo León).
Hay que ser valiente, eso se debe uno decir al salir de su casa, al ir y venir de esa carretera, al vivir donde se viva.