SON SUFICIENTES

Si un tipo empieza a contarme algo y me convence, sigo con él aunque su libro tenga quinientas páginas. Cuando lees, alguien está contigo contándote cosas. Y si ese alguien tiene actitud, o por lo menos intenta tenerla, le escuchas. No necesito que me cuenten cosas de ningún otro mundo. Nacer, morirse, la rabia, las cosas buenas, las putadas de este mundo son suficientes.

 

Deseo de ser punk, Belén Gopegui.

HACE UN AÑO

En estas mismas fechas lo vendía todo, lo dejaba todo, lo cambiaba todo. Ahora sin tener mucho siento que lo tengo todo, que lo encuentro todo, que lo vivo todo.

Escribo desde un hogar dulce donde resuena la voz de un niño de doce y mi tetera me chifla para decirme que el agua ya está caliente, escribo desde un sitio que me gusta y en el que planeo vivir otro año de descubrimientos.

Hace un año no imaginaba que mi vida sería así. ¿Qué sigue? no tengo la más pálida idea. Lo que sé es que lo que siga me encontrará bien preparada.

VENIMOS, VIMOS, VENCIMOS

Hoy, en nuestra primera mañana en Texas como la familia que somos, mientras el hijo acomodaba su ropa -o fingía hacerlo- y alguienmás preparaba té, yo encendía una veladora (no lo he dicho, me he convertido en las mujeres de esas que prenden veladoras de cuando en cuando). Me senté en mi media flor de loto, cerré los ojos y hablé con the big shots de allá arriba. Antes que nada, di las gracias, por los viajes, por el mar, por la inmensa calma, por la alegría, por poder compartir días con mis dos personas favoritas, por tener la oportunidad de compartir a mi hijo y a mis padres con  alguienmás, por la forma en que ellos recibieron a mi alguienmás. También di las gracias por el modo valiente y energético en que mi hijo ha tomado este gran cambio en nuestras vidas. Agradecí de paso las bendiciones del verano y pedí, fuerza y alegría para este semestre, para este mudar de piel, para este nuevo año que inicio.

Antes de abrir los ojos me dije (y le dije) con certeza: venimos, vimos, vencimos.

viajeras

cruzamos aires y tierras, hemos visto diversos niveles de verde, de azul. hemos hablado de todo. disfrutamos de las posibilidades del verano y ahora, junto con el de doce, nos marchamos a la bella playa de Kino a descansar a tomar sol a cruzar otros aires y tierras.

viajeras somos y en el camino andamos.

YO EN MI MESA

En mis manos un libro rojo. Belén Gopegui. Deseo ser Punk. Frente a mí un chai. De fondo, ¿qué es esa música? no importa. Leo. Un funeral, una misa, un vaso roto. A mi izquierda una pareja. Ella trabaja en este café, él ha venido justo a la hora de su almuerzo para comer con ella. Sonríen, la cara del inicio. Hablan de la mezcla de té que ella ha preparado. Una caricia aquí o allá pero el suyo es básicamente un cariño conversacional. A mi derecha otra pareja, podría ser la misma de mi izquierda pero 50 años después. Tienen la mesa abarrotada de cuadernos y libros. Leen, toman notas, beben café. El suyo es también un cariño conversacional y de caricias furtivas. Allá atrás dos hombres juegan ajedrez, no así como así, tienen un reloj que hace clac cada tanto, cada que uno u otro hace un movimiento. No hablan, tampoco se miran. La atención de esos dos hombres está puesta en las piezas. ¿Qué se sentirá ser uno de ellos dos? a ratos mueven rápido, a ratos no, las más de las veces son sus ojos los que parecen mover las piezas en posibles jugadas mientras esperan su turno.

La música ha cambiado, yo, en mi mesa.

TODOS, AHÍ

Cy Twombly, Jackson Pollock, Marcel Duchamp Toulouse-Lautrec, Mary Cassat, Jasper Johns, Cildo Meireles, Pablo Picasso, Juan Gris, Paul Strand, Ansel Adams, George Bracque, Alice Neel, y tantos tantos tantos otros más. Todos, ahí.

el placer del té

Cuando una deja de tomar café (y por favor tómenlo como un acto de total valentía) debe buscar, buscar y buscar hasta encontrar algo que se le asemeje. Yo (créanlo o no) he encontrado algo que incluso lo supera: el té. (Además no sé cuántos miles de millones de años y de ingleses lo garantizan).

En la mañana un té verde o un chai que con su tibieza lo devuelven a uno al mundo. Al mediodía o a media tarde un enorme y sudado vaso de té helado.

El placer del té lo siento como un asunto nuevo y propio (ni tan propio porque lo comparto con dos personas que quiero a montón) en mi vida, un asunto que asumo que se quedará.

mi hijo y mi padre

tienen resabios de bart simpson y de pedro picapiedra respectivamente a ciertas horas del día, pero en otras ocasiones (las más) mantienen la naturaleza que los define, el uno me hace reír con sus puntadas y el otro me hace depositaria de su memoria. comemos y cenamos juntos (admito que en el desayuno seguimos teniendo un desmadre). compartimos el gusto por las palomitas. nos decimos buenas noches. mi padre ha sido un padre para mi hijo, mi hijo ha sido un hijo para mi padre. pero no son padre e hijo, son abuelo y nieto y se van a extrañar un montón. mi hijo ya se emociona por vivir en otra ciudad, mi padre vive la emoción como propia.

mi hijo y mi padre fueron mis compañeros este verano. y yo, que suelo estar rodeada de un universo femenino, disfruto esta sensación.

FIN DE SEMANA POLÍTICO-CULTURAL

Todo empezó con la miniserie The Kennedys, pusieron un maratón en la tele y ahí me tienen pegada, sin moverme de mi asiento, aprovechando los comerciales para googlear a tal o cual personaje para contextualizarme como es debido. Luego, como suele suceder, todo llegó a su fin (el maratón, pues) (bueno, también Kennedy si lo pensamos bien) entonces, picada en el asunto, agarré Biografía del Poder de Enrique Krauze (que intercambié por un libro de Orhan Pamuk ahí en la 5 de mayo) y heme aquí enterándome de los pormenores de los caudillos mexicanos. Cierro el domingo con un par de episodios de In Treatment (porque treatment es lo que les faltó a todos los personajes de mi fin de semana).

fin.