yo también tengo mi cronología del agua

mi tía Cuca sentada en la orilla de Bahía Kino mostrándome que cuando las olas llegaban solo acariciarían nuestras piernas y no nos arrastrarían hasta ahogarnos como siempre lo habría creído. mis largos baños en la casa de villa satélite, cantando y bailando y siempre arriesgando un resbalón. ¿qué cantaba? ¿cómo bailaba? no lo recuerdo. ese único baño en regadera con mis padres, desnudos los dos, supongo que para enseñarme las diferencias de la anatomía, paso de los brazos de uno a otro, tengo dos o tres años, es probable que ese sea mi primer recuerdo del agua. lo siguiente rebota como piedra en un lago: mis padres también, enseñándome que ya dentro del mar no pasa nada y yo viendo la isla de Alcatraz creyendo que estamos cerquísima de ella. todas las clases de natación a las que asistí en mi vida en todas las albercas de mi vida. el agua fría con la que bañábamos a mi hijo su papá y yo para bajarle la temperatura. el agua dentro de las tinas en las seis casas o apartamentos que he vivido en los últimos diez años. el agua caliente de mi tetera cayendo en cada taza. la helada agua del río grande mientras yo intento demostrar que puedo soportarla, mi mano agarrada de una soga, un hombre burlándose de mí y, sin embargo, cobarde de hacer lo mismo que yo. las albercas de aguas termales en Aconchi, Gila, Taos y Truth or Consequences. ese recuerdo que no es mío, pero que incluye a un niño cayéndose a la alberca y la maestra zambulléndolo y sacándolo varias veces para que pierda el miedo. mi hermana nadando en el mar. mi hijo de apenas cuatro años brincando feliz a la alberca porque era su primer clase: todos lloraban de miedo, él solo quería estar en el agua. nadar en una laguna profundísima, con unas sobrinas que no he vuelto a ver. flotar en lanchas y pequeños yates. bananas y kayaks. el mar de noche y la noctiluca a mi alrededor, mis amigas también. todas las albercas de todos los hoteles en los que alguna vez me hospedé. el vapor de un baño sauna nublándome o despejándome, ya no sé. el agua, al lado de mi buró, cada noche. mi llanto una o dos veces a la semana.

estas y todas esas instancias del agua que se han sumergido en mi memoria pero que no me ahogan.

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