Obra negraObra negra by Gilma Luque
My rating: 4 of 5 stars

Las ojeras de hoy fueron patrocinadas por esta novela de Gilma Luque.

Me gusta, en principio, la tesis de la que parte esta novela de Gilma Luque. La vida de la protagonista y la de su familia parecen estar así en obra negra, inacabada, esperando el resto, esperando algo. Gilma Luque visita al México de los 80´s y 90´s en tanto eventos, música, televisión, vemos pues al temblor del 85, por ejemplo y el eclipse del 91.

Dividida en tres partes sin orden cronológico, la novela nos descubre tres momentos que, relatados por la hija menor, son la vida de una familia -una familia que son muchas, que son todas. Cada uno de estos momentos es atravesado por una sola situación: la enfermedad incurable de la madre.

Luque elabora imágenes y momentos poéticos de gran profundidad en la voz de la joven buscando suerte en la vida, en el amor o en la adulta rememorando esa muñeca, esa piñata, esa navidad. Sin embargo, hay cierta contención. La narradora se acerca tímida a los hechos que la definen: la enfermedad, la muerte, el cambio.

Habrá quien diga que esa misma timidez pareciera mostrar la autora y que es ese el punto débil de la novela. Me cuesta aún decidir al respecto, pero puedo decir con toda seguridad que encuentro en Luque a una narradora con recursos y dispuesta a morder:

La casa de mi infancia estuvo en obra negra durante años, como muchas casas de la Unidad Santa Fe. Unos ladrillos en la azotea ya eran razón de dicha: una promesa. Mi casa creció con la lentitud del tiempo. Ahora que tengo veinte años y el desencanto como una última capa de piel, la casa se inaugura. Es un decir, no habrá fiesta ni nada semejante. Mi familia no está para festejos. Mamá ha regresado de unas vacaciones con su hermana menor en Chihuahua, un mes bastó para transformarla, no puedo darle un nombre a ese animal que además de arrastrar los pies comienza a remolcar las palabras.

Obra Negra nos sitúa ante el yo autoral y el yo ficcional, el yo y el otro vamos; henos, también, ante el espacio doméstico y el comunal, la ciudad y los pueblos aledaños, pero henos especialmente en la Unidad Santa Fe, que también parece estar en obra negra, siempre.

(No puedo dejar de mencionar que, otra vez, siento que Almadía recibe el libro y lo imprime: pum-pum. Encontré cosillas -mínimas tal vez- que al detonar, sacan al lector de sí, no me refiero a las minucias del corrector de estilo –a quien sin duda sí se le fue un acento de más– sino a cuestiones de contenido. ¿Dónde está la labor del editor? Me pasó con los dos libros de Bibiana Camacho y ahora con éste)

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