una vez casi maté a una tortuga sin querer y no lo sé pero sospecho que eso me dio una lección de vida

asumo que yo tendría unos seis años -¿porque la memoria comienza a almacenar a los seis, verdad? supongamos que sí y que en efecto yo tenía seis años-

en casa había tres mascotas: una gata llamada Florencia, un perro llamado Ben y una tortuga -¿cómo se llamaba la tortuga? no me acuerdo- tengo la sensación de que en algún momento hubo también un pez, pero también puede ser que lo esté yo imaginando.

total.

que un día mis hermanos se fueron con sus amigos a la playa -o a una fiesta o a un picnic- y volvieron a casa por la tarde con una hielera blanca llena de agua. yo estaba en el patio, jugando con la tortuga -y ahora qué lo pienso, ¿cómo se juega con una tortuga? ¿se le avienta algo y se esperan siglos a que la tortuga vaya y atrape?

fue entonces que ocurrió.

vi la hielera sobre una mesa. la abrí. descubrí que tenía agua. miré a la tortuga -¿cómo se llamaría la tortuga?- y me dije: la tortuga necesita nadar. la tomé entonces con mis dos manos y de puntitas la metí en la hielera y luego la cerré.

asumo que me fui en busca de otra aventura.

un día, dos días, no sé cuántos días después alguien -seguramente mi madre- descubrió a una tortuga tiesa en la hielera. la llevó al patio creyéndola muerta -pero si la creía muerta, ¿por qué no la enterró?- la tortuga estuvo ahí un día, dos, no sé cuántos días hasta que comenzó a moverse -y cuando digo moverse, me refiero a moverse como se mueven las tortugas: con el peso del mundo en los hombros, lenta, muy lentamente.

la tortuga, un día -o dos o diez- desapareció. no estaba en ningún lugar del patio. había huecos aquí y allá pero ni trazo de ella.

hoy no dormí, no dormí porque soy insomne, tengo ansiedad y porque el hijo mañana se va a su nueva vida de estudiante universitario. hoy no dormí y no sé por qué pensé en la dichosa tortuga esa que casi maté y que desapareció. ¿será que veo a mi hijo alto, brillante, maduro y pienso: menos mal que a este no lo eché a una hielera de agua fría queriendo que nadara?

2 comentarios en “una vez casi maté a una tortuga sin querer y no lo sé pero sospecho que eso me dio una lección de vida”

  1. ¡Gracias!
    Estoy muy feliz de conocer tu trabajo y poder visitar este blog para encontrarme con estas frescas crónicas, siempre en un diálogo directo y profundo.
    ¡Bendita seas!

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