Hace como un mes hice un drama en casa. Al principio quesque todos hacíamos juntos la lavandería, unos cargaban, otros sacaban, juntos doblábamos y, de pronto, yo estaba haciendo todo A PESAR de que mi ropa sucia era mucho menos que la de los hombres. Total: renuncié, les dije que cada uno estaba encargado de su propia ropa, “el jabón está ahí, las moneditas allá, pásele usted.”
Debo decir que yo esperaba un golpe de estado pero no, nada de eso.
El hijo ha tenido varios conflictos, debo decir, un día no le puso jabón a la ropa, otro día la dejó todo el día sin que la lavadora hubiera prendido, en otra ocasión la secadora se tragó sus monedas sin secarle la ropa porque el jovencito no apretó el botón adecuado. Digamos que es una relación conflictiva.
Sin embargo, no ha dejado de hacerlo. Esta mañana, por ejemplo, no tenía clases hasta las doce y decidió aprovechar el tiempo para lavar su ropa. Y ahí se fue muy sonrientito con su carrito de ropa y el jabón del brazo al cuarto de lavandería en el primer piso. Mi hijo, el de quince, avanzando ya hacia su camino a la independencia.
Ah, por cierto, ¿ya les dije que comenzó a trabajar en línea? pero de eso, de eso hablaré otro día.
