FALLING OUT OF A STORY

para G. T.

Falling out of a story hurts, dice Maggie Nelson en algún capítulo de The Red Parts. Y como siempre, tiene razón. Salirse de una historia de amor duele. No, salirse de cualquier historia: duele. Ya no eres parte de una trama, tu personaje se minimiza a tal grado que dejas de ser. Un buen día, desapareces.

Lo peor es saberlo, darte cuenta de que la historia sigue y sigue y tú no estás ahí. El resto de los personajes continúa interactuando, se visitan, se ven, toman algo de vez en cuando… incluso tal vez discuten y luego se reconcilian. Mantienen su nivel de importancia.

No es tu caso.

Tú te saliste de la historia y eso, eso es lo que menos querías. Al principio, claro, la rabia te hacía decir “me sacaron” ellos se vuelven los responsables de tu ausencia en el escenario, ¿cómo es posible si tú tan buena persona?, ¿cómo es que no sigues siendo parte de todo lo que ocurre?

Pasa el tiempo y asumes tu lugar, asumes tu parte, te asumes tú. Se necesitan dos para la unión y para la separación. A la larga la única responsable de tu salida en una historia eres tú porque tampoco intentaste volver a la trama, ¿o sí? No llamaste a esa amiga, no fuiste a su casa, no hiciste más que escribirle y cuando viste que no funcionó desististe y ya.

Hay historias de las que uno sale. Sin más. Hay historias que pueden retomarse donde se quedaron. Hay historias que pueden reescribirse.  Pero hay historias que es mejor dejar así, guardarlas como lo mejor que leíste tiempo atrás.

Y ya.

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