Y ENTONCES, TEJER

1. Aprendí a tejer gracias a mi hermano mayor. Sí, dije hermano, con O, no hermana. Él fue quien me sentó en las piernas y me dijo, así se montan los puntos, así se sostienen las agujas, así se pasa un derecho, así un revés, así es como cierras. Él aprendió porque quería hacerse sus propias calcetas de lana. Yo aprendí porque ese día no tenía cosa mejor que hacer.

2. Volví a tejer-tejer muchos años después, necesitaba en qué entretener mis manos y mi mente. Tejía y tejía. Tengo una bolsa negra, de esas de basura, llena de bufandas. Verlas todas es raro, es como ver un paisaje de buenosmalos momentos. Mis bufandas fueron en un tiempo como la cobija esa que hacía Tita de Como Agua para Chocolate. Cada puntada un drama, una lágrima, una puñeta mental. Entre un drama y otro, entre una bufanda y otra, tejer dejó de ser una terapia y se volvió un placer. Descubrí el encanto de tejer para alguien, tejer para crear. Tejer por tejer.

3. Mi bufanda preferida es una rosa que es larga y que puede darme dos vueltas en el cuello. Es probablemente la primera que hice con una puntada difícil y es, también, la primera que hice para mí de un color brillante. ¿No lo he dicho ya? hay un periodo de mi vida en que negro, gris y café eran lo único que se asomaba en mi clóset.

4. Siempre termino regalando bufandas. Y hace poco, a mí me regalaron una bufanda. Me la dio Luz, una señora maravillosa que es eso, Luz. Me dijo que la hizo sin agujas, utilizando sólo el estambre y sus dedos. Me platicó una historia extraordinaria sobre la señora que le enseñó a tejer así. Tal vez un día me anime a platicar esta historia aquí.

5. Ayer recogí unos estambres que un amigo dejó para mí. Eran de su mamá, una señora que no conozco y que ya no teje porque la mente le ha hecho una mala jugada. La señora ha olvidado cómo tejer, al igual que ha olvidado muchas cosas, una enfermedad vino y le borró la mente de a poco. En la bolsa hay tejidos iniciados, hay estambre de diversas clases, hay agujas y ganchos, hay también una historia que no creo que me anime siquiera a pensar.

6. Tejo, siempre tejo. Ya no tejo porque no hay más que hacer. Tejo porque esto es lo más que hay que hacer.

2 respuestas a “Y ENTONCES, TEJER”

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