Sí, garfield y el resto del mundo odian los lunes, yo odio los domingos. Nunca hay nada qué hacer y siempre hay mucho en qué pensar, desas cosas que a uno, en realidad, no se le antoja pensar (ni en domingo ni en cualquier día de la semana).
El teléfono no suena y no hay nadie a la puerta, en la tele no hay nada y el hijo no quiere jugar al mario smash sino al zelda (que ni lentiendo).
También está la cosa que el hijo estaba enfermo y en realidad tampoco podíamos ir al cine, a un parque o de perdis a olvidar la depresión en una nevería.
Lo bueno que ya es lunes.
Se aceptan invitaciones (aloquesea) para el próximo domingo.
