oleadas

estoy leyendo Nada una colección ensayos sobre todo lo que puede significar nadar. en  el primer ensayo, Cristina Rivera-Garza da brazadas sobre agua y escritura, sobre agua y libros, sobre agua y cuerpo. su texto menciona a Concha Urquiza y su extraña muerte en el mar. ella que era nadadora, murió ahogada.

una cosa lleva a otra, lo sabemos. y de pronto me acordé de aquella vez que fui a La Paz sola. empujada por una emoción que pocas veces permito convertir en acción, renté un auto.

un día manejé a Balandra, una playa a la que había ido una vez con M y su hija.  M me dijo que ese día me quiso besar pero como no se animó, no puedo contar eso aquí. Balandra es una playa a la que me prometí volver. y fui. M y su hija ya no vivían ahí. M y su hija habían tomado ya su vida. yo, tomé el sol. caminé en el agua. leí. experimenté el verbo estar, solo estar.

al otro día manejé a Todos Santos porque ahí situé un cuento una vez y porque ahí me dijeron que las olas eran más grandes. no iba a surfear ni a nadar. solo quería ver olas grandes.  estar frente al mar abierto.

me estacioné, caminé hasta la orilla del mar. a lo muymuy lejos había unos chicos surfeando. pero en realidad la playa, la enorme playa estaba sola. era yo frente al mar. me acordé de esa línea de Björk: i tip-toe down to the shore/stand by the ocean/ make it roar at me : and i roar back. 

no le rugí al mar.

lo dejé rugirme.

sus oleadas, eran sus oleadas.

después de ese día nunca volví a rentar un auto o a viajar sola  porque sí, porque tuve la ocurrencia.

las ocurrencias también llegan como oleadas. hoy, por ejemplo, tengo una. qué belleza tener ocurrencias y poder costearlas. no soy ciega ante el privilegio en el que estoy en muchos sentidos. esas son oleadas también, por cierto.

me pregunto qué pensaría Concha Urquiza cuando veía a un mar así, rugiendo, aventando olas como quien avienta brazadas. me pregunto qué sentía Concha Urquiza al tener la ocurrencia de nadar en un mar frío o en un mar picado o en un mar que no conocía. me pregunto sobre todas esas oleadas de pensamiento que cruzan la mente de una nadadora que era escritora.

yo de niña nadaba. estuve en clases de pequeña. nadaba bien. pero mi hermana nadaba perfecto. me gustaba nadar. me gusta nadar pero he dejado de hacerlo.

también esa oleada, esa ocurrencia deba perseguirla.

 

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