CRÓNICA DE UN BUEN DÍA

Ayer fue uno de esos llamados días buenos.

  1. Estaba medio afónica pero igual me las ingenié para dar clase. Tocaba el turno para hablar de la Generación del 27: leímos a Machado, a Hernández y, por supuesto, a Lorca. Mis alumnos que se resisten a la poesía, lograron amarlos. Aproveché el raite y hablé (¿de más?) de la Guerra Civil Española, incluso comenté sobre la Ley de la Ciudadanía Española, tema en boga esta semana. Cerramos con la lectura del artículo “Un secreto esencial” de Javier Cercas en la voz de Ariadna Gil y con las imágenes de esa España. Salí, claro, más afónica pero satisfecha.
  2. Después, con mis alumnos de profesional, retomamos el tema de la comunicación oral y el discurso. Y como yo sabía que no tendría voz, planee presentarles dos videos: un discurso de Hitler y un discurso de Obama. Impresionante cómo ellos solospudieron discernir y hacer agudísimos análisis de lo que llamamos las vvv de la comunicación oral: lo vocal, visual y verbal. Al final de la clase un alumno, admite con honestidad, que soy tan “gacha” radical con el asunto de la gramática que cuando escribe se la pasa revisando si puso o no puso acentos, incluso en sus trabajos para otras materias. Me di una palmadita invisible en el hombro.
  3. Llego a mi escritorio y Xitlalitl a quien llamo mi editora estrella me platica que mi novela que publicará Tierra Adentro está ya casi en el horno y que la portada es, y cito, “¡Hermosa!” pues se trata de una fotografía de nadamás y nadamenos que una de mis artistas favoritas: Daniela Edburg. Mi sonrisa borra la necia tos.
  4. Suena mi celular y mi querido señor EME, recién desempacado del DF se reporta para decirme que ha traído, como cada vez que viene, regalos para mí y para el de casinueve. Una deliciosa selección de libros se asoma de una bolsa negra.
  5. Depositaron la quincena (¡no es eso ya un buen día?!), hice mandado, compré, en este orden: disfraz talla 8, una calabaza, un espejo, dos litros de jugo de soya y naranja, un tinte, un bote de basura, catorce clavos de concreto y más pintura para mi casa.
  6. Le marco a cierta persona que hace un bello intento de subir su rating en mi vida. Lo logra, lo logra (cuelgo y no le digoque su sola voz sube todo rating).
  7. Llego a casa, es tarde ya, me pongo a trabajar en la traducción de un relato de mi tejano y fiance favorito. Leo, disfruto. Traduzco y disfruto. Qué placer, qué placer es leer con ojos de lectora y traducir con ojos de escritora (¿o era al revés?)
  8. Se dan las diez de la noche y llega a mí, como todo lo raro y mágico que llega a mí, la voz de Bulgákov quien dice “Las personas inteligentes han observado desde hace tiempo que la felicidad es como la salud: cuando la tienes, no la percibes”.
  9. Cierro la página y me digo: Yo enferma y todo, la percibo, esa, la felicidad, pues.
  10. Apago la luz y la voz de mi bipolaridad imaginaria pregunta: ¿Y qué pasará cuando la salud vuelva o cuando la felicidad se haya ido? Le contesto: no sé, no importa, en verdad no-im-por-ta. Ya me preocuparé por eso cuando sea tiempo de eso.

STILL SICK, BUT

Sigo enferma, pero no con ese ánimo del enfermo que carga el mundo, sino del enfermo que está bien consciente que su cuerpo está sacando viejos bichos, viejos vicios, viejos viejos. Mi cuerpo, todo chaparrito él busca la forma de sacar lo que en el alma estorba. Y lo hace en forma curiosa. Hoy me puso a pintar, hoy me puso a armar y desarmar esos marcos, a sacar esas fotos de su rincón, hoy me puso a escuchar música que hace mucho no.

En mis paredes, finalmente, ya están tres fotos de Omar, dos fotos de Donovan, una de Venegas, y varios deslices de colores que me alegran. Como esta tos, que cada que aparece, deja salir el bicho del hábito, el viejo hábito.

SICK

Fiebre.
Tos.
Dolor de oído y garganta.
Tos.
Fiebre.

Pero bendito sea el maratón de Dr. House. La única manera de sobrevivir un domingo de fiebre, tos, dolor de oído y garganta… más fiebre y más tos.

WORDS

I told him last evening. I wasn’t going to put it off. Why? Because words make things happen. Once they are out, you cannot put them back. Everyone knows that. So, I used them. The words.

I was trembling, you know, trembling all afternoon, all day. Speechless.

Some hours before that, the day seemed innocent, complete. Coffee, newspaper, the search for the remote control, what time is it?, what’s for dinner?. It was the last time of a complete family. My last night with the man i know since always, the man i know everything about and want no more of.

There, I’ve said it.

We have now become strangers.
And all because of words.

Words are fearful.
(No wonder they are endanger species.)

HAY DÍAS…

Tan, tan pesados. Días tan de arrastrar lo pies. Tan de inhalar-exhalar para no perderse en monólogos absurdos.

Hay días en que lo mejor que una puede hacer es leer las últimas noticias (cualesquiera que estas sean) sobre Britney Spears para darse cuenta de que una está en el puto paraíso.

DOS RECETAS PARA LORENA LA QUE SABE BUCEAR

1) Verduras orientales con Tofu

Ingredientes:
-una barra de tofu (puedes comprarlo en el costco o bien en walmart en el pasillo donde tienen los asuntillos chinos-japoneses hay unas cajitas como de puré de tomate que dicen tofu) (yo prefiero el tofu firme)
– mezcla de verduras: brócoli, coliflor, zanahoria (rebanadas delgadillas), cebolla (si encuentras bambú también, pues mejor)
– salsa soya
-mantequilla con sal
– salsa de anguila, salsa de ostión (o cualquier otro tipo de salsa china-japonesa espesa y agridulce

Preparación:
a) Coces las verduras como normalmente lo haces, luego en un sartén sofríes sobre la mantequilla la cebolla (rebanadillas delgadas y peques) y luego las zanahorias y un poco después el resto de las verdurillas. Agrega gotititas de soya y baja la lumbre.
b) aparte derrite poquitín de mantequilla y agregas la salsa (ostión, anguila, teriyaki) y vas incorporando chorritos de soya.
c) al tofu le quitas el líquido y lo cortas en rebanadas delgadas y luego en cuadritos, y lo agregas a las verduras para que se fría con ellas (otra opción si lo quieres más doradito es freír el tofu aparte en cuadritos y luego agregarlo a las verduras.
d) Incorpora la salsa que preparaste a las verduras con el tofu, dale unos cinco minutos más de cocimiento y voilá.

Yo lo sirvo con arroz blanco cocido. Puedes también agregar al final cacahuatitos o algún otro tipo de nuez finamente picado. ¡Mmhh!

2) Arroz cantonés con tofu

Ingredientes:
-verduras como zanahoria, apio, cebolla, colitas de cebollín, muy muy muy picaditas
– arroz (el típico, tres tazas de agua por una taza de arroz)
– tofu firme, cortado en cuadritos peques y bien frito.

Preparación:
a) Primero pones a cocer el arroz sin sal (hay quienes al final del cocimiento le ponen medio limón al arroz para que quede más esponjadito, pero tiene que ser muy poco tiempo para que no se amargue el asunto).
b) si ya están bien picaditas las verduras, las fríes con soya (yo primero las paso por un poquitín de mantequilla para que no se peguen y se pongan necias) puedes agregar una pizca de sal de ajo.
c) cuando estén ya bien cocinadas las verduras agregas el tofu previamente frito y agregas más salsa de soya.
d) una vez que tu arroz está perfectamente cocido, lo mezclas sobre la estufa con la mezcla de verduras, sofríe todo agregando más salsa de soya al gusto.

Voilá (bueno, no sé cómo se dice voilá en cantonés).

El tofu está prácticamente sustituyendo la dichosa carnita roja de puerco.

El tofu tiene muchísimas proteínas y te ayuda a la digestión. Prácticamente todo lo que cocinas con cachitos de pollo puede ser sustituido por tofu, como el pollo con arroz y curry.

SUNDAY SUNNY SUNDAY

Domingo de tintes, mascarillas, cortes, más tintes, algodones, cremas, ruffles con queso, coca-cola, películas, niños que ríen, juegan o se persiguen. Tarde de coctel de elote, de parque, de charla, de compartir los rincones que se temen o se atesoran.

Quienquiera que haya inventado a las amigas, sabía lo que estaba haciendo.

JUNOT WITH SALT

Lunch with a fiction writer, newyorkian (or however those are called). Asks a lot, hears a lot. Hands Junot Diaz to me. Receives Serna from me.
Good lunch.

It was indeed weird to discuss the so called writing process in the middle of pass me the salt please.

AY, MAMÁ

Desde esta semana en la caminata de los veinte treinta minutos llevo acompañante. Niño de ocho trepado en su bici va atrás o va adelante o va a un ladito. Me pongo sólo un audífono para estar al pendiente del pequeño a quien no le para el pico. Estamos en eso, en los veinte treinta y entonces suena Lollipop de Hidden Cameras, ¿cómo no comenzar a caminar más rápido? ¿cómo no comenzar a cantar “when the rhythm stops, when the rhythm stops, oh when the rhythm stops…”? Y entonces el de ocho me suelta una frase que quedará grabada en los anales de la memoria:

– Ay mamá, de veras me inquietas.

EL EPISODIO DEL TOFU Y LA CARTA

Enseñanza no. 1: Una no debe ir triste al mandado. No sólo porque regresa a casa con más de lo que necesitaba o justo sin aquello que necesitaba. Tampoco porque todo mundo se le queda mirando mientras empuja su carrito con el desgano de quien carga el mundo como el Pípila la roca. Una no debe ir triste al mandado porque no.

Aprendí esto ayer. Llegó a mí una carta. Una carta-carta. Una carta escrita a puño y letra. Una carta linda que sin embargo no hace feliz a muchos. Una carta a la que no se le puede acusar de nada adjudicando sus fallas y vacíos a la inmediatez del correo electrónico. Después de leer la carta, agarré llaves y niño y fui al Walmart. En el camino, para entretener la posibilidad de lágrimas, hice un repaso de sinónimos para el examen que el lunes tendrá el de ocho. No, no crean que pregunté: ¿sinónimo de tristeza? ¿sinónimo de soledad? ¿sinónimo de…? (pero pude haberlo hecho).

Enseñanza no. 2. Una no debe tomar un paquete de tofu, sostenerlo en sus manos largamente y verlo como si de él fuera a brotar la esperanza. Una Puede haber varias consecuencias para ello: a) que una señora esté de prisas y quiera la salsa de soya que usted no la deja agarrar por estar frente al estante de los tofus sosteniendo su tofu ignorando el mundo y que la señora le diga el con permiso más drástico del mundo; b) que una señora le susurre a otra ¿y a esta qué le pasa? sin considerar que una estará muy en el tofu pero puede oírlo todo; c) que una señora la mire y mire el tofu del estante, la mire y luego vuelva a mirar el tofu del estante y le pregunte: ¿qué es eso? ¿cómo se cóme? ¿cómo se prepara? ¿sabe bien? ¿para qué sirve?, cuando menos se lo imagina, una puede estar dictando una conferencia magistral a varias señoras sobre los usos y virtudes del tofu.

Aprendí esto ayer cuando primero sentí gusto de encontrar tofu y luego no tanto al recordar que la autora de la carta fue la primer persona que me preparó un tofu. Mi absurda nostalgia cartística se vio interrumpida por señoras que me tuvieron dictando recetas para preparar tofu y que sorprendidas repetían que no era posible que tuviera las mismas proteínas que el pollo.