LA REINA DEL PACÍFICO

Ahí sale ella. La misma imagen repetida en todos los noticieros cada vez que se retoma o se extiende la nota. Ella con su suéter en v, el cabello largo bien acomodado, caminandito como si de conquista. Toma del brazo al comandante, como si de paseo. Sonrisa coqueta. Ojos despiertos. No hay temor, no hay miedo. En ella, sólo la tranquilidad de quien sabe.

De pronto, ella es la figura célebre que quizás siempre fue sin que nos diéramos cuenta. De pronto, su vida es pública y nuestra. Contactos, tratos, posesiones y ex-amantes son el eco en la radio y en la televisión, el párrafo continuo en los periódicos. Los medios nos repiten que esa, que esa que va ahí es la Reina del Pacífico.

Ella, lo sabe. Por eso camina así. Es la reina, pues.

ARCA DE NOÉ

Ayer entre las cuatro y las cuatro cuarentaycinco de la tarde, llegué a la conclusión de que como escritora yo soy un pony. Doy la finta, sí, me dije. “Tengo las cuatro patas, la cola, el hocico. Todo en mí grita que soy de la familia de los caballos. Pero no soy un caballo. Yo, soy un pony. Puedo correr, pero nunca lo haré tan rápido y siempre lo haré sigilosa, desde aquí abajito. Mis patas son cortas, mi agilidad es…”. Me había convencido ya de ser un pony y entonces, justo antes de llegar a casa, vi una ardilla. Ayer, entre las cinco y las cincocuarentaycinco de la tarde, llegué a la conclusión de que como escritora, soy una ardilla. Claro, me dije, “Me muevo por el texto como…”

DETESTO QUE

  1. el carro delante de mí dé vuelta sin haber puesto antes la direccional.
  2. cuando más prisa tengo todos los semáforos están en rojo o en amarillo.
  3. justo cuando voy a pagar la cajera decida hacer corte de caja.
  4. se me olvide ponerme aretes
  5. se echen a perder los pepinos y los tomates de mi refri
  6. a veces no sé qué cocinar para el lunch del día siguiente
  7. tú, pieldeaceituna, no estés aquí.

NO HAY QUE DESPEDIRSE

Eran las siete de la mañana, cuando un teléfono suena a esas horas las noticias generalmente no son buenas. Tardé en contestar. No sé, no sé. Finalmente dije “¿bueno?” y al otro lado de la línea, al otro lado del mundo escuché mi nombre. Mi nombre en diminutivo y su voz diciéndome “Soy yo, soy yo. Soy tu hermana”. Quizá para cualquiera de ustedes oír su nombre en diminutivo y una voz diciendo “Soy tu hermana” sea muy natural. Para mí no. Eran tantos los años como tanto el silencio. Como tanta la nostalgia.

Te pregunta: “¿cómo has estado?” y tú no sabes qué decir, en unos segundos pasa por tu mente decirle “bien pero…” y en el pero están los últimos años de vida, de tropezones, de lágrimas, de muertes cercanas, de medicamentos, de cambios, de ser la depositaria de los sinsabores de papá y mamá; en el pero está la escritura que no alivia pero que está, en el pero está lo difícil de ser papá y mamá al mismo tiempo, de ser una al mismo tiempo. Detienes esa ola de ideas y le dices: “Bien, bien”. Ella, por su parte, sin que tú se lo preguntes, te repite una y cuatro, cinco veces: “yo estoy bien, estamos bien, no te preocupes”. En su insistencia está tu certeza. Lo que está detrás del “bien, bien”

Le dije a mi hermana “te sueño mucho” y ella dijo: “¿que me extrañas mucho?, yo también te extraño mucho”. No, no le dije eso, pero no importa porque soñarla es eso: extrañarla. Luego de un resumen bárbaro sobre los últimos años, mi hermana me dice: “no sabes cómo te sueño”. Sonrío.

La llamada se cortó. Su tarjeta de ocho minutos se terminó.
Tal como ocurrió hace cinco años, mi hermana y yo no pudimos despedirnos.
Pero eso está bien.
No hay que despedirse.
No.

GRANDES HISTORIAS

Uno se construye grandes historias, ésa es la verdad, y puede seguir creyéndoselas durante años, no importa lo absurdas que sean, ni lo inverosímiles, te las llevas contigo y basta. Se es hasta feliz con las cosas así. Feliz. Y podría no acabar nunca. Luego, un día, sucede que se rompe algo en el corazón del gran artefacto fantástico, zas, sin razón alguna, se rompe de repente y tú te quedas ahí, sin comprender cómo es que toda aquella fabulosa historia ya no la llevas encima, sino delante, como si fuera la locura de otro y ese otro fueras tú. Zas. A veces, basta con nada. Incluso una sola pregunta que aflore. Basta con eso.

Océano Mar, Alessandro Baricco

EL DÍA QUE GANÓ DORIS

Esta mañana se hizo público que el Premio Nóbel de Literatura será otorgado a la escritora británica Doris Lessing, narradora de obra inquietante y diversa. Ha tocado los terrenos de la ciencia ficción, de la metafísica, de lo espiritual; su interés es la indagación del individuo y la presencia e impacto del mundo exterior (ya sea la posguerra, ya sean otros planetas) en el ser. En los ochentas Philip Glass adaptó en ópera su novela The making for Representative for Planet 8.

Escribió, en mi parecer, uno de los mejores cuentos de todos los tiempos “El día en que murió Stalin”. Vivió en Persia y en Rhodesia. Ha viajado por todo el mundo. Escribió dos novelas bajo el nombre Jane Sommers – para divertirse y probar las hieles de los autores jóvenes- y ni los más expertos en su escritura descubrieron que detrás de Jane estaba Doris. Experimentó alguna vez en los sesentas la mescalina para sólo descubrir el aspecto de anfitriona de su personalidad (“y ofrecerles una condenada experiencia a aquellos dos que me la ofrecieron”)… Nunca bien aceptada por los sci-fi freaks, siempre buscadora de nuevos géneros y formas… ¿encuentra usted alguna razón para no leer y enterarse más sobre esta autora?

El premio se lo dan, ya saben, por su exposición del papel de la mujer en la soc… Que no me parece lo más relevante de su obra. Oh, well. Lo interesante del Nóbel es que ya sea por curiosidad, por gossip o morbo mucha gente habrá de leerla o releerla para ver por qué demonios se lo dieron.

NADA

You do not want music. Certainly you do not want music. Nor can you stand before a bar with dignity although that is all that is provided for these hours. What did he fear? It was not a fear or dread, It was a nothing that he knew too well. It was all anothing and a man was a nothing too. It was only that and light was all it needed and a certain cleanness and order. Some lived in it and never felt it but he knew it all was nada y pues nada y nada y pues nada. Our nada who art in nada, nada be thy name thy kingdom nada thy will be nada in nada as it is in nada. Give us this nada our daily nada and nada us our nada as we nada our nadas and nada us not into nada but deliver us from nada; pues nada. Hail nothing full of nothing, nothing is with thee.

Ernest Hemingway

WHO AM I LIVING WITH?

1) En el piso de nuestra regadera hay dos juguetes (un dragón y un caballero medieval) dos botellas de shampoo y un artefacto de plástico que no sé qué es. Él se mete a bañar antes que yo. Cuando es mi turno, encuentro siempre estos objetos en un lugar o acomodo distinto: alineados o en círculo; en esta esquina, en la otra o en esa otra.

2) Todas las noches dejo la cocina limpia, trastes lavados y acomodados. Todas las mañanas encuentro un vaso sobre la formaica. Un vaso que la noche anterior no estaba ahí.

3) En la parte superior del refrigerador hay un pequeño cajón destinado para quesos y carnes frías. Yo pongo todo ahí y me aseguro de que cada alimento esté bien cerrado. A veces, al abrirlo, me topo con la bolsa del jamón abierta, con marcas de dientes en el queso mozzarella.

4) Antes de apagar la luz me aseguro de que la lap top no esté encendida y de que esté cerrada. Hay mañanas en que la encuentro abierta.

Hay más detalles, detalles pequeños si quieren, pero detalles al fin que me han llevado a preguntarme: Who Am I Living With? Sin embargo, al repasar todo de nuevo me doy cuenta de mis obsesiones y asumo que en casa hay alguien más preguntándose: Who Am I Living With?!

BEAUTIFUL BOYS

All those beautiful boys
Kings and Queens
And criminal queers
All those beautiful boys
Tatoos of ships and tattoos of tears

Antony and The Cocorosiesss

NARRADORA, INDEED

Realmente nunca he tenido dudas de que lo mío siempre ha sido la narrativa (bueno quizá ese poema que le escribí a mi madre diciéndole que era como una rosa delataría mi veta poética de los siete años), cuando doy clases, narro, cuando le explico algo a mi hijo, narro. Y aunque ya lo sospechaba esta mañana lo comprobé: cuando sueño, narro.

Tuve un sueño muy interesante. Mi sueño es un cuento. Un cuento que no he escrito. Un cuento que había pensado en escribir hace semanas. Yo, en el mundo real, tenía una línea solamente. En mi sueño el cuento estaba completo. Mi voz, en off, narraba. Mi voz, callaba, y cedía turno a los personajes. A veces uno olvida los sueños, pero yo recuerdo cada uno de los eventos, el café donde todo inicia, la calle que recorren, la luz, los silencios, las miradas. Recuerdo el auto, la calle, el perro que acarician mis dos personajes. Recuerdo la lluvia, el frío, la cama pequeña que a fin de cuentas no comparten.

Cuando terminé de narrarme el cuento, me desperté. Así, de pronto. Eran las 4:30 am. Me quedaban aún 20 minutos para que sonara mi alarma. Tuve una sensación extraña, una certeza que pocas veces experimento, y decidí tratar de dormir otra vez para retomar la historia. Había otro final posible. Dormí, soñé, narré.

A las 4:50 sonó mi despertador. Tomé la libreta, hice unas notas. Quizá Jen Hofer estaría orgullosa de mí. El experimento 3:15 no está tan lejos de mí.